El argumento de Crimen y castigo, todo un clásico de las letras rusas, es conocido prácticamente por todo el mundo. La gran profundidad de esta novela sólo puede apreciarse tras su lectura pero, por si no os apetece poneros a leer una obra tan extensa, hoy os traemos al blog un acercamiento a su contenido… Eso sí, no os llevaréis la medalla de lector del año, si os escaqueáis de leer los originales 😉 

De Dostoievski se ha dicho en muchas ocasiones que es uno de los mayores conocedores del alma humana, y que esto se refleja en su obra. Los temas que trataba en sus novelas solían relacionarse con sus propias preocupaciones acerca del futuro del ser humano o de las injusticias sociales propias de su época. Por esta razón, se dice de sus libros que pertenecen al llamado realismo psicológico.

Pero centrémonos en Crimen y castigo. El protagonista es un joven estudiante de 23 años, Rodión Raskólnikov. Nacido en una familia humilde, se marcha a estudiar Derecho a San Petersburgo, donde vive en una situación de miseria que a la larga ocasionará que deba dejar los estudios. Esta situación le lleva a plantearse un crimen: matar a una vieja prestamista para robarle y, de esta manera, poder costearse la universidad [no toméis ideas, por favor!!!].

Tras muchas dudas y después de pensarlo durante un tiempo, finalmente asesina a la anciana usurera. Sin embargo, no es solamente la necesidad de salir de la pobreza lo que le lleva a cometer su crimen. También es la mala situación económica de su familia, que lleva a su hermana Dunia a casarse con un hombre al que no ama sólo porque necesita mantener a su madre. No obstante, realmente la razón de más peso se encuentra en sus teorías acerca del superhombre, pues Raskólnikov se comparaba a Napoleón. Él asume que la sociedad se divide en dos tipos de personas: las que son superiores y tienen derecho a cometer crímenes si eso beneficia a la sociedad, y las inferiores, que sólo sirven para reproducirse y han de someterse a las leyes. Por descontado, él se considera a sí mismo entre el primer grupo. De esta forma, la justificación moral a su crimen sería que él fuese un hombre superior, hace lo mejor por la sociedad y no debe arrepentirse. ¿¿¿¿¡¡¡¡Glup!!!!???

El protagonista se plantea este dilema moral, pero no es el único, como podréis ver a continuación. Solo que Raskólnikov se lo toma un poquito más en serio…
-Oye -dijo el estudiante, cada vez más acalorado-, quiero exponerte una cuestión seria. Naturalmente, he hablado en broma, pero
escucha. Por un lado tenemos una mujer imbécil, vieja, enferma, mezquina, perversa, que no es útil a nadie, sino que, por el contrario,
es toda maldad y ni ella misma sabe por qué vive. Mañana morirá de muerte natural… ¿Me sigues? ¿Comprendes? 
-Sí -afirmó el oficial, observando atentamente a su entusiasmado amigo. 
-Continúo. Por otro lado tenemos fuerzas frescas, jóvenes, que se pierden, faltas de sostén, por todas partes, a miles. Cien, mil obras
útiles se podrían mantener y mejorar con el dinero que esa vieja destina a un monasterio. Centenares, tal vez millares de vidas, se
podrían encauzar por el buen camino; multitud de familias se podrían salvar de la miseria, del vicio, de la corrupción, de la muerte, de
los hospitales para enfermedades venéreas…, todo con el dinero de esa mujer. Si uno la matase y se apoderara de su dinero para
destinarlo al bien de la humanidad, ¿no crees que el crimen, el pequeño crimen, quedaría ampliamente compensado por los millares de
buenas acciones del criminal? A cambio de una sola vida, miles de seres salvados de la corrupción. Por una sola muerte, cien vidas. Es
una cuestión puramente aritmética. Además, ¿qué puede pesar en la balanza social la vida de una anciana esmirriada, estúpida y cruel?
No más que la vida de un piojo o de una cucaracha. Y yo diría que menos, pues esa vieja es un ser nocivo, lleno de maldad, que mina
la vida de otros seres. Hace poco le mordió un dedo a Lisbeth y casi se lo arranca.
Y así, el lector se encuentra, de pronto, planteándose esta situación. Finalmente, acabamos confirmando que el protagonista estaba equivocado: tras cometer su crimen, entra en un estado de delirio que le durará varias semanas. Este es su castigo: un castigo psicológico, nacido de su lucha interna acerca de si entregarse a la policía o no confesar el asesinato.

Al final, ocurre lo inevitable [Advertencia: NO sigáis leyendo si no queréis conocer el final!!]: Raskólnikov se entrega y es condenado a ocho años de trabajos forzados en Siberia donde, durante el primer año, seguirá sintiendo desprecio por los seres que considera inferiores a él (los demás presos, en este caso) hasta que finalmente se arrepiente de todo.

Nos encontramos, por lo tanto, un protagonista en el cual Dostoievski muestra su gran conocimiento sobre el alma humana: las inseguridades, los dilemas morales, los sentimientos de superioridad y culpabilidad, todo esto situado en el contexto de la Rusia del siglo XIX. 
En conclusión, Dostoievski presenta en Crimen y castigo, especialmente en el personaje protagonista, por qué se le acabó definiendo como “uno de los mejores conocedores del alma humana”. ¿Os hemos picado la curiosidad? Bueno, si no os animáis a leer una novela tan larga, siempre podéis comenzar leyendo Crimen y castigo, el manga 😉

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