Universidad de Salamanca: ocho siglos de ideas y saber

Fachada de la Universidad de Salamanca con la estatuta de Fray Luis de León enfrente.
Fachada de la Universidad de Salamanca. Frente a ella, uno de sus más distinguidos alumnos y maestros: Fray Luis de León.

Salamanca está celebrando este año, y toda España con ella, el 800 aniversario de la fundación de la universidad en activo más antigua. Centro histórico del saber, cuna de ideas y personalidades relevantes, este centenario es mucho más que el mero cumpleaños de la institución, por su peso e impronta histórica. Es también una oportunidad magnífica para comprender qué significa aún hoy y cuál es el papel que ha jugado en estos ocho siglos.

Por Jaime Fdez-Blanco Inclán

La Universidad de Salamanca ha sido durante estos ochocientos años uno de los más importantes referentes culturales de España. El centro de estudios aún en activo más antiguo del país y faro de erudición de Occidente, por sus aulas ha pasado una gran cantidad de personajes que marcarían el destino de España, y con ello, de muchas de las naciones que en su día formaron parte de su Imperio. Más allá del eslogan de tan destacado centenario, es también una oportunidad de mirar en detalle a esta institución: ¿cómo surgió la Universidad de Salamanca? ¿Qué hitos se desarrollaron en sus aulas? ¿Quiénes fueron los hombres y mujeres que pasaron por ellas? ¿Qué la hace especial?

Nacimiento entre batallas

Viajemos ochocientos años al pasado. Corría el año 1218 cuando en la Península Ibérica los diferentes reinos luchaban por hacerse con el dominio de su territorio. Especialmente virulentos eran los conflictos entre los reinos cristianos del norte, que poco a poco fueron mordiendo pedazos de terreno a sus vecinos del sur, musulmanes, en aquel periodo histórico que se conoce como la Reconquista y que pondría fin a ocho siglos de dominio islámico en la península.

Uno de esos reyes que combatían fue Alfonso IX de León, quien tomó la decisión de fundar, entre batalla y batalla, el que sería el germen de la universidad: el Estudio General de Salamanca, emulando al Estudio General de Palencia, primera institución de educación superior de España que había fundado en 1208 su sobrino Alfonso VIII de Castilla. Este acto escribiría una página decisiva en la historia del país.

El centro de estudios aún en activo más antiguo del país y faro de erudición de Occidente, por sus aulas ha pasado una gran cantidad de personajes que marcarían el destino de España, y con ello, de muchas de las naciones que en su día formaron parte de su Imperio

En aquellos tiempos -tal y como detallaba C. Monje en Un legado de ocho siglos para encarar el futuro en las páginas de ABC el 8 de junio-, la cultura y la alfabetización eran lujos que no todos podían permitirse; en general, la población era completamente analfabeta. Prácticamente solo los miembros del clero sabían leer y escribir, pues eran los religiosos los que se habían encargado de recopilar y sostener el edificio del saber intelectual. “La creación del Estudio de Salamanca abrió las puertas de la cultura –en especial en lo referente a saberes teológicos y jurídicos– a muchos otros sectores de la población”, lo que permitió a los estudiantes ascender socialmente, ya que la institución “se convirtió rápido en un elemento fundamental dentro de la administración del reino”, pues la gran mayoría de sus funcionarios y altos cargos de las órdenes religiosas salían de sus aulas.

Sabedor del enorme peso que el Estudio había logrado, el hijo de Alfonso, Fernando III El Santo, se dedicó “a apuntalar” la tarea que había empezado su padre. Unidos bajo su corona los reinos de Castilla y León, dio órdenes de privilegiar a la institución, protegiendo la seguridad de los que allí acudían a aprender (y enseñar) y eximiendo del pago de impuestos a los productos que entraran o salieran de Salamanca. Las medidas de Fernando hicieron que Salamanca pronto superara a Palencia, que iría perdiendo el esplendor que hasta ese momento había tenido dentro de aquella España todavía en ciernes.

El impulso

Tomó buena nota de todo ello el heredero al trono, Alfonso X El Sabio, que dio a la institución el empujón definitivo. La dotó de un estatuto propio –La Carta Magna del Studium– que la consagraría como universidad en 1254. Se estableció que los alquileres fueran a un precio asequible para los universitarios, se aseguró del aprovisionamiento de la ciudad y se crearon las primeras cátedras: Derecho Civil, Derecho Canónico, Artes y Física (Medicina). También se designaron y regularon los distintos cargos y salarios de la universidad. Y, por último, se solicitó la Ius ubicue docenci (derecho a enseñar en cualquier parte), un permiso para que los titulados pudieran ejercer en casi todo el mundo cristiano. Este permiso fue concedido por el papa Alejandro IV en la bula Dignum Arbitramur y también le concedió a la universidad sello propio, lo cual implicaba que era reconocida por parte de la Santa Sede.

Estos pasos terminarían convirtiendo a la de Salamanca, en los siglos XV y XVI, como una de las universidades más reputadas del mundo, a la altura de la Sorbona de París, la Universidad de Bolonia y la de Oxford.

“Quien quiera saber, vaya a Salamanca a aprender”

Consolidada y plenamente operativa, la de Salamanca se convirtió en el modelo de referencia de todas las universidades de España. Gracias al apoyo de los diferentes monarcas que respaldaron la Institución esta logró una enorme fama que traspasó fronteras: “No hay en toda España más preclaros Estudios Generales que los de Salamanca (…) sin duda alguna, causa de que acudan a aquellas cátedras tan extraordinario número de escolares (…) Aunque hay otros en la península, como Valladolid, Toledo o Lisboa, ninguno puede compararse con el salmantino” (Jerónimo Münzer, humanista alemán en su obra Viaje por España y Portugal, siglo XV).

Cuna de la cultura

La historia de la universidad está cargada de hitos y personajes de gran renombre. A ella llegó la primera imprenta de España, de la mano de Antonio de Nebrija, a la sazón autor de la primera gramática castellana. También aportaron su granito de arena sus doctores y maestros en la conquista de América y fue la primera universidad que se dotó con una biblioteca propia. Entre sus muros se inventó el calendario gregoriano que hoy se usa en buena parte del mundo y también jugó un importante papel en política. De ahí salieron las aportaciones al derecho internacional que defendería a los indígenas americanos, los primeros estudios económicos de derechos de propiedad individual y comercial, así como algunas de las mentes que jugaron un papel determinante en la creación de la primera constitución española, “la Pepa”, de 1812, una de las más liberales de su época.

La lengua oficial en la universidad fue el latín hasta bien entrado el siglo XIX y su método constaba de comentarios analíticos de obras clave (Lecciones), clases magistrales (Repeticiones) y ejercicios dialécticos (Disputaciones). No existían los exámenes tal y como los entendemos hoy, pero sí había pruebas finales para obtener los diferentes títulos que expedía la universidad: bachiller, licenciado y doctor.

No obstante, no todo fueron buenos momentos. Muchos estudiantes y profesores de Salamanca se las tuvieron que ver con los poderes de la época a raíz de lo que sucedía en sus aulas. Célebre es el caso de Fray Luis de León, poeta, humanista y religioso español que, tras obtener los títulos de licenciado y maestro en teología, logró ganar dos cátedras de la universidad, la de Santo Tomás y la de Durando. Éxitos, junto a su fama como poeta y escritor, que despertaron envidias y rencores, siendo denunciado y encerrado en prisión durante cuatro largos años, mientras duraba su juicio por parte de la Santa Inquisición. Fray Luis fue acusado de preferir la lectura de la Biblia original hebrea a la Vulgata de San Jerónimo, además de haber traducido a la lengua común el Cantar de los cantares. No obstante, tras su estancia en prisión y su posterior absolución, retornó a las aulas (famosa es su frase: “Decíamos ayer…” como si esos años nunca hubieran existido) como profesor de Filosofía moral, y más tarde, de nuevo como catedrático de las Sagradas Escrituras.

“Salamanca, Salamanca,
renaciente maravilla,
académica palanca
de mi visión de Castilla.”
Miguel de Unamuno

También llegó, como suele ocurrir, la decadencia de la institución. Tras las reformas ilustradas, llegó el fin de la posición hegemónica de la universidad en el XIX. En la Guerra de la Independencia muchos de sus edificios se vieron dañados, y las reformas, como la ley Moyano de 1857, centralizaron la educación convirtiendo a la Universidad Central de Madrid en la de referencia del país por encima de la salmantina. Igualmente, algunas cátedras tradicionales de la universidad se verían afectadas, como la desaparición de la de Teología, que tantos maestros había tenido.

La Escuela de Salamanca

Dentro de la Universidad de Salamanca hubo grandes figuras del pensamiento, pero puede que algunos de los mayores hitos que se desarrollaron en esta institución fueran los logrados por la Escuela de Salamanca, nombre con que se conoce a un grupo de profesores que marcarían un antes y un después en la historia.

La labor de la Escuela de Salamanca no se notó solo en España, sino en todo Occidente, y sus ecos resuenan aún hoy. De hecho, es curioso cómo este reconocimiento ha sido bastante tardío, siendo especialmente destacado en las últimas décadas. Las razones son diversas. Por un lado, las posturas de la Escuela levantaron ampollas en su época, pues algunas de sus tesis fueron muy polémicas y contrarias a los intereses de los gobernantes. Por otro, sufrieron el embate y rencor de sus vecinos europeos, sobre todo en los países protestantes, que mostraron reticencias a la hora de reconocer la modernidad de este grupo de teólogos católicos que mostraron una nueva visión de la sociedad, especialmente en lo que a derecho y economía se refiere.

Las máximas figuras de la Escuela de Salamanca fueron Francisco de Vitoria (uno de sus principales inspiradores), Domingo de Soto, Luis de Alcalá, Martín de Azpilicueta, Tomás Mercado, Francisco Suárez (jesuita que trasladó el espíritu de la Escuela a Portugal, como profesor de la Universidad de Coimbra), Melchor Cano… Una escuela de teólogos, juristas y moralistas iusnaturalistas –defensores de la existencia de derechos humanos determinados por la naturaleza humana– que consiguieron aplicar las tesis de la filosofía tomista a la situación del mundo que les tocaba vivir. Frente al carácter puramente humanista de la escolástica, los miembros de la Escuela trataron de crear una nueva filosofía que tuviera un peso más práctico que teórico. Acercaron la religión a la realidad de la sociedad y trataron de repararla con sus herramientas.

“Ius gentium”

Fue Francisco de Vitoria quien ofreció una explicación, por ejemplo, a la existencia del mal en el mundo, algo que se había preguntado la humanidad desde hacía siglos. En opinión del filósofo, la existencia de este no es otra que el libre albedrío de que hace gala el ser humano. Nuestra moralidad no depende de ninguna divinidad. Dios nos ha hecho libres y, por tanto, también responsables de nuestros actos. Actuar bien o mal es una decisión nuestra, de cada uno, no de la divinidad.

Este sencillo planteamiento revolucionó el panorama político del siglo XVI. Hasta ese momento, los paganos habitantes de América habían sido considerados malvados por el simple hecho de no ser cristianos, pero las tesis de Vitoria ofrecían un nuevo enfoque: no se es malvado por no conocer a Cristo, ni tampoco se es bueno por el simple hecho de hacerlo. Todo el mundo había sido creado por Dios y todos debían, por tanto, recibir los mismos derechos y el mismo respeto. Una visión que afectaría poderosamente la actuación de los colonos españoles, algo que no ocurriría entre los conquistadores de otras naciones.

Las tesis de Vitoria y la Escuela de Salamanca terminaron promoviendo el conocido como Derecho de gentes, embrión del Derecho internacional. Alzó la voz contra los métodos seguidos por los conquistadores de América, defendiendo los derechos de los indios que habían sido violados, y aunque sus críticas fueron mal recibidas en muchos sectores del poder, lo cierto es que su pensamiento se filtró a las nuevas leyes, ofreciendo de cara a la conquista de América unos límites de actuación para los españoles que marcarían el desarrollo de las sociedades bajo su dominio. A América se trasladarían algunos miembros de la Escuela, siendo sus principios la piedra angular de algunas de las primeras universidades del continente americano, como la Universidad de San Marcos de Lima o la Universidad Pontificia de México.

Francisco de Vitoria, de la Escuela de Salamanca, alzó la voz contra los métodos seguidos por los conquistadores de América, defendiendo los derechos de los indios que habían sido violados

Nacimiento de la ciencia económica

Sin embargo, pese a esto, la Escuela de Salamanca ha sido especialmente celebrada en los últimos tiempos por su visión y revolución económica, principalmente por ser hoy considerados sus integrantes como los verdaderos creadores de la ciencia económica, casi dos siglos antes de lo que se creía.

Tradicionalmente, el catolicismo había defendido la idea de que enriquecerse era algo inmoral, pues la religión proponía un estilo de vida pobre y humilde. Estas ideas habían ganado poder con el ascenso de las órdenes mendicantes, de manera que las sentencias de Vitoria y los suyos no gustaron cuando defendieron que la creación de riqueza y el comercio no solo no eran inmorales, sino que eran un bien, pues ayudaban a la sociedad a vivir mejor. El libre comercio había de ser como el orden natural imperante en el resto de las relaciones sociales: libre circulación de ideas, bienes y personas. De esta manera, decían, los hombres pueden relacionarse entre ellos, beneficiarse unos y otros e incrementar sus sentimientos de hermandad.

También enunciaron la teoría cuantitativa del dinero, concretamente Martín de Azpilicueta –si bien más tarde sería desarrollada por Jean Bodin–, quien explicaba que existe una relación directa entre la cantidad de dinero disponible y el nivel general de los precios; y una primera aproximación a la teoría del valor/escasez, por la que se considera que el valor de un bien o producto no está únicamente en las horas de trabajo que se han gastado en desarrollarlo, sino en la escasez de ese bien en concreto (afirmación que compartiría tiempo después la famosa ley de la oferta y la demanda de Adam Smith y que Karl Marx ignoraría al desarrollar sus tesis del socialismo científico).

Destaca también la labor de Diego de Covarrubias, que estableció los límites del derecho de propiedad, incluyendo no solo los derechos sobre los bienes en sí mismos, sino también la exclusividad por parte del creador sobre los beneficios que de su bien pudieran derivarse (la propiedad intelectual, tan en boca de todos hoy día). Esta tendencia seguiría desarrollándose en el futuro con otros pensadores, como Luis de Molina o Juan de Mariana, quienes apostaron por la propiedad individual frente a la colectiva, arguyendo que los bienes son mejor cuidados y aprovechados cuando son poseídos por un solo dueño que cuando son poseídos en común.

Estas tesis nacían de la aplicación de los principios de Tomás de Aquino y, pese a que la historia ha querido asociarlos a los pensadores y las sociedades protestantes (Max Weber, La ética protestante y el espíritu del capitalismo), su defensa por parte de los miembros de la Escuela demuestra que los católicos de Salamanca se adelantaron casi dos siglos a la llamada Escuela Clásica británica.

Montaje ciudad de Salamanca
Situada en la ribera del río Tormes, Salamanca es una ciudad española cuya historia no puede entenderse sin su universidad. Capital de la provincia homónima, en 1988 fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

Este 800 aniversario es mucho más que la celebración de la propia universidad; se ha convertido en un acto en honor de todas las universidades, centros educativos, academias y profesores de España, puesto que la de Salamanca es, en buena parte, madre de todos ellos. Mezcla de pasado y futuro, la Universidad de Salamanca atrae aún hoy a miles de estudiantes de todos los rincones del mundo, contagiando a la misma ciudad del Tormes de su espíritu desde la Edad Media. Tal y como dijo su gran rector Don Miguel de Unamuno, “Salamanca, Salamanca, / renaciente maravilla, / académica palanca / de mi visión de Castilla.”

Una cantera de personajes ilustres

Ya desde su fundación encontraron refugio en la Universidad decenas de personajes ilustres que lograrían, cada uno en su época, gran fama. Tal y como decía Lope de Vega, era más fácil contar las flores de abril o los frutos de junio que enumerar los personajes de renombre de Salamanca, y así ha seguido siendo, como demostraba, de nuevo, C. Monje en su artículo Cantera de celebridades desde la edad media.

  • En Salamanca estudió una de las primeras universitarias del mundo, Beatriz Galindo, “La Latina”, quien además de dar nombre al barrio madrileño, fue la preceptora de la futura reina de Castilla, Isabel la Católica, por su dominio de las lenguas clásicas. Destaca también el ya citado Antonio de Nebrija, quien cursó humanidades antes de traer a España la primera imprenta y desarrollar la primera gramática española.
  • Estudiaron también en Salamanca el conquistador Hernán Cortés y el autor de la célebre La Celestina, Fernando de Rojas.
  • También enseñó en sus aulas Luisa de Medrano (mal llamada Lucía), sustituta de Nebrija en 1508 y una de las primeras profesoras universitarias del mundo. Y los catedráticos de Teología a los que ya hemos hecho mención: Francisco de Vitoria y Fray Luis de León. Ambos cuentan con esculturas que recuerdan su peso en la institución.
  • Como bachiller de Artes salió de Salamanca el místico y poeta San Juan de la Cruz y dos pesos pesados del Siglo de Oro: Luis de Góngora y Argote  y Pedro Calderón de la Barca (autor de La vida es sueño).
  • En el siglo XVIII encontramos a Diego de Torres y Villarroel  y Juan Meléndez Valdés. El científico Juan Justo García (introductor en España del cálculo diferencial e integral) y quien fuera rector de la universidad, Diego Muñoz-Torrero, futuro diputado liberal de las Cortes de Cádiz, defensor de la libertad de imprenta y principal impulsor de la abolición de la Inquisición española.
  • En el pasado siglo aparece el rector por antonomasia de la Universidad de Salamanca y uno de los más famosos intelectuales de la Generación del 98: el filósofo Don Miguel de Unamuno. Catedrático de filología griega y rector en 1900 y 1914, fue expulsado de su cátedra por sus críticas a Alfonso XIII y a la dictadura de Primo de Rivera. Volvería a recuperarla en 1931. Hoy tiene título honorífico, así como un campus, una cátedra y una casa-museo con su nombre. También durante su mandato encontramos a la primera mujer estudiante de la época moderna: María de Maeztu.
  • Académicos famosos más recientes en el tiempo como Antonio Tovar, Alonso Zamora Vicente, Fernando Lázaro Carreter, Víctor García de la Concha o José Antonio Pascual; historiadores como Miguel Artola y Manuel Fernández Álvarez; escritores como Fernando Aldecoa, Jaime Gil de Biedma o Carmen Martín Gaite; políticos como Adolfo Suárez (presidente del gobierno, artífice de la Transición) y Joaquín Ruiz-Giménez (doctor en Derecho, licenciado en Filosofía y Letras, catedrático de Filosofía del Derecho, ministro de Educación durante el franquismo y primer Defensor del pueblo de la democracia), salieron de las aulas de Salamanca, así como los juristas Francisco Tomás y Valiente (presidente del Tribunal Constitucional, asesinado por la banda terrorista ETA en su despacho de la Universidad Autónoma de Madrid en 1996) y Enrique Tierno Galván (alcalde de Madrid durante la famosa “Movida” y anteriormente catedrático de Derecho Político en Salamanca).

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