¿Para qué la cultura?

Xavier Obach

"Encontré a Bach y su Pasión según San Mateo y vi que estaba allí porque era la base de todo. Todo lo que luego ha sido armonía en mi vida no deja de ser Bach ordenado de otra manera o interpretado por una banda de rock", escribe Xavier Obach. Dcha., portada del disco de Bach. "Todavía recuerdo el escalofrío que sentí el día que pude ver el Inocencio X de Velázquez en persona durante su breve visita a El Prado en 1996. Esa mirada que niega lo que esconde me lleva una y otra vez al mundo de las preguntas necesarias y de la oscuridad del corazón humano". Izda., "Retrato del Papa Inocencio X", de Velázquez, de la Galería Doria Pamphilj, de Roma (Italia); foto distribuida por Wikimedia Commons.

Me cuentan que un renombrado y publicado profesor de filosofía se preguntaba siempre en su primera intervención de cada curso para qué servía su materia. Acto seguido se autocontestaba con la siguiente frase:Quien quiera algo útil que se compre una navaja multiusos”. 

Por Xavier Obach, periodista, creador del formato Atención obras para La 2 de TVE

Siempre tuve una relación de amor-odio con esa respuesta. Por un lado me parecía un gesto de dignidad ante la fiebre utilitarista que vincula cualquier rincón del alma al aprovechamiento económico sin dejar espacio a lo gratuito, al sueño, a lo específicamente humano. Sin embargo, también siento que había algo de incapacidad de dar respuesta ante la sociedad de la necesidad del pensamiento. Es cierto que no todo lo que se relaciona con la filosofía es fácil de explicar o fácil de entender, pero también es cierto que, como sociedad, nos merecemos el esfuerzo de traducción de lo complejo a un lenguaje universal. Me vino a la cabeza esta reflexión cuando hace unos días tuve que defender el valor de la información cultural en televisión. Me dije: “Tienes que conseguir explicar bien por qué la cultura es muy importante para la sociedad en la que vivimos, tan importante como para que un medio de comunicación que segmenta poco los públicos y con vocación universal le dedique su atención”.

Es cierto que no todo lo que se relaciona con la filosofía es fácil de explicar o entender, pero también es cierto que nos merecemos el esfuerzo de traducción de lo complejo a un lenguaje universal

Andaba yo circulando por andamios teóricos cuando, caminando por mi barrio, me tope con una tienda de ropa trendy, el típico negocio que vende camisetas por un precio astrofísico en la que el aspecto de los clientes te hace pensar en la cantidad de horas ante el espejo que habrán invertido para cuadrar una puesta en escena de tantos quilates… Vamos, que es el negocio tipo en el que nunca pondría los pies. Me llamó la atención el escaparate. La tienda no vendía otra cosa que ropa, pero la primera línea visual ante el caminante eran… dos libros, concretamente Taxi Driver, Photographs by Steve Shapiro y The Walking Dead, Apocalipsis Zombi ya publicado por Errata Naturae. De pronto mi mente empezó a cablear neuronas. Me di cuenta que esa tienda vende ropa no por la ropa, sino por los valores culturales a los que quiere asociar esa prenda. La cultura, en este caso una película de culto hipster y una serie de gran atractivo para los jóvenes, se constituían en una especie de vínculo identitario. El escaparate me estaba gritando: “Si te gusta Taxi Driver ERES de los nuestros y esta ropa ES para ti”.

Esta visión de la cultura como elemento identitario me lanzó una invitación a bucear en las bases de mi sustrato esencial… en aquellos “escaparates” que hubieran supuesto para mí un vuelco emocional y, por tanto, los pilares de mi identidad-cultura. Encontré varias cosas interesantes. Encontré a Bach y su Pasión según San Mateo y vi que estaba allí porque era la base de todo. Todo lo que luego ha sido armonía en mi vida no deja de ser Bach ordenado de otra manera o interpretado por una banda de rock.

Luego se me apareció el sobrecogedor retrato de Inocencio X de Velázquez. Todavía recuerdo el escalofrío que sentí el día que pude verlo en persona durante su breve visita a El Prado en 1996. Esa mirada que niega lo que esconde me lleva una y otra vez al mundo de las preguntas necesarias y de la oscuridad del corazón humano. Preguntas y ojos capaces de ver las varias capas de la humanidad son las dos únicas herramientas imprescindibles para ejercer el periodismo. Justo detrás de Inocencio X aparece de nuevo otro Inocencio X, el de Bacon. Agresividad, histeria, distorsión, ira, desprecio, rechazo… Voy a destrozarte como me dé la gana. Bacon me conmueve por su libertad. No me gusta, pero no puedo sino alegrarme de que el tiempo y el espacio que coinciden con mi existencia puedan acoger en su seno la ruptura como seña de identidad. Creo en la libertad. El siguiente espacio está ocupado por el primer cartel de La guerra de las galaxias. Negar el universo Lucas sería como negar el enorme espacio identitario que reservo para la cultura popular en mi propio ser. Sin Mecano, sin Luz Casal, sin Forsyth, sin Serrat, sin Spielberg, sin Pink Floyd, sin Enid Blyton, sin la ELO, sin Alaska… yo no sería yo. No quiero renegar de aquello que me ha hecho feliz.

Creo en la libertad. No quiero renegar de aquello que me ha hecho feliz

Reservo el último hueco en este resumen para un círculo íntimo de muletas apoyadas sobre sí mismas del artista contemporáneo Pepe Espaliú. La primera vez que vi su obra no entendí nada. Eso no es noticia. El arte contemporáneo, salvo notables excepciones, me sobrevuela sin mojarme. Pero después conocí al personaje y mi corazón se revolvió sobre sí mismo. Pepe Espaliú compaginó su creación artística con su activismo a favor de los derechos de los homosexuales y la lucha contra la estigmatización de los enfermos de VIH. Murió por culpa de esa enfermedad en 1996. Su obra está repleta de referencias simbólicas a la soledad, a las jaulas, a la muerte inmediata sin ventanas, a las muletas que se apoyan unas en otras a falta de otros que no sean muletas en quien apoyarse. Espaliú representa mi capacidad de crecer, de entender lo que no entendí ayer, de abrir mi mente a lo que no son mis raíces para convertirlo en una identidad incorporada.

  • Bach
  • Velázquez
  • Bacon
  • Lucas
  • Espaliú

O lo que es lo mismo

  • Base
  • Preguntas
  • Libertad
  • Popular
  • Cambio

A modo de secuencia GATC, estas son algunas de las barras de nucleótidos que se enroscan en mi ADN personal… Ese ADN que no heredé de mis padres, esa identidad de la que fui esponja y de la que me siento responsable. Somos lo que crecemos.

La historia es un invento, un relato. La cultura es el vínculo con los que nos precedieron, una máquina del tiempo que sube y baja por la columna de la condición humana

¿Para qué la cultura?

Siento que las bases sobre las que mi secuencia genética se edificó están en peligro en este arranque disruptivo del siglo XXI. Es poco probable que nadie se meta con “mi” Bach o con “mi” Star Wars, pero oigo acercarse entre la maleza del bosque tambores inquietantes a los que no les gustan ni las preguntas sobre la autoridad que me despierta Velázquez, ni la libertad total que grita Bacon, ni el activismo artístico que me hizo crecer de Espaliú.

Para contestar a la pregunta de ¿para qué la cultura? es imprescindible ponerle algún apellido a la palabra cultura, porque, de no hacerlo, podemos quedar encallados en un bancal de arena poco profundo. Nuestro barco podría llegar allí donde ya está… y eso sí que no.

  • Cultura para saber que nuestros pies pisan escalones que otros construyeron antes. No caminamos en el desierto. El arte, la música, la literatura, el cine, la fotografía forman una selva tupida y fértil que nos conecta con lo que otros crearon ayer. La historia es un invento, un relato. La cultura es el vínculo con los que nos precedieron, una máquina del tiempo que sube y baja por la columna de la condición humana. Es una foto de grupo tomada desde arriba, hacia lo profundo, ese lugar donde los que ya no están siguen estando, esa torre humana que se desmorona cada vez que alguien borra su propio pasado.
  • Cultura para poder distinguir lo bello de lo feo. O para poder proyectar lo feo contra lo bello. O para tener un alfabeto con el que armar frases. ¿Queremos construir? ¡Que nos traigan ladrillos!… no aire. El canon de la belleza, el ritmo narrativo de una novela, el momento en que cortar un plano general para ir a corto, el momento en que el pintor firma su obra. Si fuéramos esporas habría otras reglas del juego, pero somos humanos y nuestra condición nos hace transitar por caminos, no por el flujo de savia de una planta. La cultura es la línea de cal espolvoreada sobre la hierba que sólo podemos superar reconociendo su existencia.
  • Cultura para que las ideas encuentren una línea de metro certera hasta la gente. Cultura como vector del pensamiento… Y puestos a elegir, cultura para que el marco de libertades en el que hemos crecido siga haciéndonos crecer. Cultura para empatizar con ese autor que escribe en un alfabeto distinto. Cultura para salir de la sala mirando al suelo, taciturno, molesto por no encontrar encaje moral en la duda que un personaje ha sembrado en nuestro invernadero de seguridades. Cultura para reírnos de nosotros mismos, de nuestros defectos y sobre todo de nuestras virtudes, para bajarlas del pedestal, para devolverlas a la taberna, somos parte de un alfabeto de minúsculas, las mayúsculas son pura impostura. Cultura para hacerle vudú al conflicto, para tener pesadillas devorando a nuestros propios hijos, para horrorizarnos ante nuestra capacidad de destrucción evitando así la destrucción misma.

Cultura para reírnos de nosotros mismos, de nuestros defectos y sobre todo de nuestras virtudes, para bajarlas del pedestal, para devolverlas a la taberna

Para eso quiero yo la cultura y la quiero en mi “cobarde, vieja tan salvaje” tele porque, si enterramos la cultura fuera de la gente, el hueco vendrá a ocupar el hueco que nosotros hemos dejado libre.

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