Jugar a pensar: filosofía para niños

Cuando los niños se sientan formando un círculo pueden mirarse unos a otros y hablar y escuchar, pensar, exponer sus ideas, dialogar “en directo”, cara a cara.
Cuando los niños se sientan formando un círculo pueden mirarse unos a otros y hablar y escuchar, pensar, exponer sus ideas, dialogar “en directo”, cara a cara.

Hoy, 20 noviembre, se celebra el Día del niño. La fecha se debe al día en que la Asamblea General de la ONU aprobó la Declaración de los Derechos del Niño en 1959. Así que nos ha parecido una excusa estupenda para acercarlos a la filosofía, o mejor dicho, para acercarnos nosotros a su relación con ella, a la filosofía para niños, y saber cómo es y qué se aportan mutuamente.

 Por Amalia Mosquera

¿Puede un niño tener relación con la filosofía? ¿Está preparado para ello? ¿O no hace falta ningún tipo de preparación? ¿Qué puede aportar la filosofía a la educación y el desarrollo de un niño? Justo cuando estaba pensando sobre estas preguntas se cruzan en mi camino en forma de correo electrónico enviado por una amiga los libros de la editorial Media Vaca. “No les hablan como a niños, sino como a personas”, me dice en el mail esta lectora entusiasta que tiene dos hijas pequeñas. Vale, entiendo perfectamente a lo que se refiere y ella sabe muy bien que diciéndomelo así va a atraer toda mi atención y entraré de inmediato en el enlace que me manda.

"Hay clases sociales", de Equipo Plantel, publicado por Media Vaca.
“Hay clases sociales”, de Equipo Plantel, publicado por Media Vaca.

Será ese uno de los motivos por los que el Ministerio de Cultura y Deporte le ha concedido a la editorial el Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural de 2018. Por eso y por muchas cosas más. Son libros ilustrados, “muy ilustrados”, dice la propia editorial, “para todas las edades”, aclara también, en los que, atención, hay títulos como estos: Cómo puede ser la democracia, Así es la dictadura, Las mujeres y los hombres, Hay clases sociales… Así que, volviendo a donde estaba mi cabeza cuando recibí el correo, me pregunto: ¿puede tener un niño relación con estos temas? Puede y debe.

Los niños también se hacen preguntas

La brasileña Angélica Sátiro puede responder a estas preguntas. Sabe perfectamente de qué le hablo. Es doctora en Pedagogía e investigadora reconocida con el título de Estudios Avanzados en el doctorado de Filosofía de la Universidad de Barcelona y lleva décadas dedicándose a la filosofía y el pensamiento con niños en todo el mundo. “En los años 80, cuando me inicié en el proyecto Filosofía para Niños (FpN), propuesto en Estados Unidos por Matthew Lipman y su colaboradora Ann Margart Sharp, mi mirada contenía esas preguntas que me haces. Durante años busqué dar diferentes respuestas a estas preguntas. Nuestra respuesta en aquel entonces sigue vigente: los niños comparten con los filósofos preguntas profundas: ¿quién soy yo?, ¿qué hago yo aquí?, ¿qué es la verdad?, ¿qué es la belleza?, ¿qué es ser justo?, ¿qué es pensar?, ¿cómo sé qué está bien?… Desde muy pequeños, están intrigados consigo mismos, con el mundo y con los demás. ¡Quieren saber y quieren jugar a pensar! Además, se asombran con todo aquello que no entienden o les sorprende. Esta curiosidad y este asombro configuran una predisposición para filosofar. Y como no están dependientes de esquemas de interpretación prefijados, pueden explorar el mundo (natural y cultural), los conceptos y a sí mismos de manera filosófica. Los niños ya piensan por sí solos, así que no les hace falta ningún tipo de preparación. Lo que sí hace falta es la preparación del adulto que los acompaña en esta aventura del desarrollo del pensamiento. Es importante potenciar esta sensibilidad hacia la infancia y sus maneras de pensar para, desde ahí, utilizando recursos filosóficos, ayudarlos a ‘pensar mejor’ por sí mismos de manera autónoma, crítica, creativa y ética. Filosofar ayuda a que los niños pongan voz en sus ideas. Y como esto se hace en situación de diálogo, la voz infantil pasa a ser socialmente escuchada. Esta es una de las contribuciones de la filosofía a la dignidad de la infancia en nuestra sociedad”.

“Los niños comparten con los filósofos preguntas profundas: ¿quién soy yo?, ¿qué hago yo aquí?, ¿qué es la verdad?, ¿qué es la belleza?, ¿qué es ser justo?, ¿qué es pensar?, ¿cómo sé qué está bien?”, dice Angélica Sátiro

Ver el mundo desde diferentes perspectivas

"Jugar a pensar", de Irene de Puig y Angélica Sátiro, publicado por Octoedro.
“Jugar a pensar”, de Irene de Puig y Angélica Sátiro, publicado por Octaedro.

¿A qué edad se puede empezar a filosofar con los niños?, le preguntamos a Angélica Sátiro. Y aquí surgen los libros de nuevo. Los libros como vehículo para conocer, pensar, debatir. Para aprender. Para saber y ayudar a formar el ser. “Yo tengo propuestas –cuentos filosóficos para los pequeños y guías para los adultos que acompañan a los niños– a partir de los 3 años. Desde hace años vengo trabajando de manera práctica y teórica a partir de esa edad. Entiendo que aprender a pensar filosóficamente desde los 3 años permite aprender el uso del lenguaje y del conocimiento de manera más profunda. Hay vocabulario para empezar a poner voz en las ideas y hay formas comunicativas que ya les ayudan a expresarse en todos los lenguajes (corporal, plástico, musical, etc.), además de introducirse en las prácticas dialógicas. Irene de Puig (GrupIREF), mi compañera del Proyecto Noria, tiene propuestas a partir de los 2 años de edad”.

El Proyecto Noria al que Sátiro se refiere lo crearon Irene de Puig, maestra y licenciada en Filosofía y Filología catalana, y ella –que además lo dirige– bajo esta perspectiva de la relación entre filosofía e infancia. Adopta el nombre de la atracción infantil –llamada “rueda de Chicago” en algunos países latinoamericanos– por la sensación de alegría que produce y por su forma circular, que tiene un papel fundamental en este proyecto. Por un lado, ese círculo que nos impulsa cuando nos subimos en él y nos permite ver las cosas desde arriba, desde lo alto, o desde abajo, con diferentes perspectivas en medio en un único movimiento. Ese es el objetivo: conseguir que los niños y las niñas aprendan a pensar y actuar considerando diferentes puntos de vista del mundo. Por otro lado, porque, al aplicar el proyecto en sesiones prácticas, los niños y las niñas se disponen en círculo, la forma de la noria, para así poder mirarse todos unos a otros y hablar y escuchar, dialogar “en directo”, cara a cara.

Para el Proyecto Noria, el objetivo es conseguir que los niños y las niñas aprendan a pensar y actuar considerando distintos puntos de vista del mundo

La filosofía lúdica

"El jardín de Juanita", con texto de Angélica Sátiro, editado por Octoedro.
“El jardín de Juanita”, con texto de Angélica Sátiro, editado por Octaedro.

El último proyecto surgido a su vez del Proyecto Noria y de la idealización realizada por Angélica Sátiro ha sido El Jardín de Juanita, “que ha impactado mucho en los niños y en toda la comunidad educativa”, nos dice Fátima Guitart, maestra de Educación Infantil en el colegio Obispo Perelló, de Madrid, una de las profesoras que ha hecho que esta propuesta teórica de enseñar a los niños a pensar y filosofar pase a su vertiente práctica y se convierta en algo real. Guitart conoció a Angélica Sátiro en octubre de 2015, en un fin de semana de formación en filosofía lúdica en la Comunidad Valenciana. “Había estudiado tantas teorías pedagógicas… Enseñar a pensar, aprender a aprender, etc. Pero la perspectiva de descubrirlo desde otro punto de vista me resultó muy atractiva. A través de la filosofía lúdica y el movimiento de Filosofía para niños vi cómo llevarlo a la vida real, al aula; el camino que podría presentar a mis alumnos para que fueran estimulando sus habilidades de pensamiento y capacidades filosóficas. Consistía en enseñar a pensar con criterio y ética, fomentando su creatividad mientras aprenden y conviven en la escuela. Mi papel como maestra daba entonces un giro muy interesante. Me situaba desde la observación activa. Desde ella, creaba situaciones de diálogo filosófico en las que los alumnos se convertían en protagonistas de su proceso de aprendizaje. Cuidaba el clima del aula, favoreciendo un ambiente cálido, sin juicios inmediatos y seguros, que les permitía enfrentarse a grandes retos y cuestiones que debían resolver por sí mismos, en su propia comunidad de diálogo formada por sus compañeros de clase”.

Un jardín de sabiduría y conocimiento

Arriba, el "antes", la pared del colegio Obispo Perelló que los niños escogieron para crear el jardín. Abajo, el "después", el Jardín de Juanita ya creado.
Arriba, el “antes”, la pared del colegio Obispo Perelló que los niños escogieron para crear el jardín. Abajo, el “después”, el Jardín de Juanita ya creado.

El Jardín de Juanita ha sido una herramienta más en todo este proceso, una de tantas actividades posibles. “El objetivo inicial era crear un jardín con el fin de embellecer algún lugar del colegio que lo necesitara –nos explica Fátima Guitart–. Partiendo de un cuento, en aulas de alumnos de 5 años trabajamos temas como: ¿qué es un jardín?, ¿los jardines crean vida?, ¿por qué?; reflexionamos acerca de la mirada sobre un cuadro de Monet; investigamos sobre el lugar más adecuado en el que deberíamos crear el jardín y por qué; seleccionamos los criterios que debía cumplir; vimos diferentes tipos de semillas, los comparamos y pensamos cuáles serían los mejores, porque no todas crecerían igual en el lugar que habíamos elegido…”, comenta Guitart. Y finalmente el jardín toma vida. Pasa de ser un proyecto, una idea en la imaginación, a ser algo tangible. Y, en medio, todas las reflexiones, las indagaciones, las preguntas, los debates que han conducido a la realidad final. Y todo con los niños como actores protagonistas, no simplemente espectadores.

“Consiste en enseñar a pensar con criterio y ética, fomentando su creatividad mientras aprenden y conviven en la escuela”, dice Fátima Guitart

Fomentar el pensamiento crítico y ético

“El gran beneficio de la filosofía para los niños es el desarrollo global de la persona, estimulando sus capacidades éticas, críticas y creativas –nos dice Guitart–. Por un lado, el objetivo de la educación es el desarrollo integral individual de los niños, favoreciendo capacidades que les permitan desenvolverse con éxito en la sociedad. Por otro, estos niños serán los adultos del futuro; son las futuras generaciones de médicos, políticos, escritores, mecánicos, pintores, fontaneros, astronautas, científicos, profesores, jueces, deportistas, e incluso los que pertenecerán a algún grupo de profesionales que todavía están sin definir. Es muy importante que ellos sepan vivir y convivir para seguir construyendo una sociedad mejor y un mundo más habitable. Su mundo. La filosofía ayuda a los niños a tener estas habilidades que les permitirán enfrentarse a la realidad que les toque vivir”.

¿Y al revés? ¿Qué aporta la infancia a la filosofía, si es que aporta algo? “Esta es una cuestión que ocupa buena parte de mis investigaciones –nos comenta Angélica Sátiro–. La mente humana es todavía un misterio, por mucho que actualmente las neurociencias ayuden a ver nuevas posibilidades para su entendimiento. Pero, como esta línea educativa no se trata solamente de una investigación teórica, la observación atenta y sostenida en el tiempo de la forma en que piensan los niños fue provocando un cambio de mirada, un giro perceptivo. Pensar con los niños y las niñas y observar cómo se dan cuenta de su propio pensamiento nos ayuda a replantear muchas de nuestras certezas y teorías. Si nos resistimos a la tentación de explicarles todo, vemos cómo buscan maneras de entender esta “voz en off” que es su pensamiento. Al hablar de su diálogo interior, se ven jugando a pensar, se asombran con sus propias dinámicas y actos mentales. Además, al observarlos observándose vemos cómo están intrigados con sus percepciones, más allá de las meras impresiones. Nos llevan a pensar sobre lo que dijo Merleau-Ponty en su fenomenología de la percepción: ‘El juicio se introduce con frecuencia como aquello que falta a la sensación para hacer posible una percepción’. Los niños necesitan distinguir y discriminar lo que viene a través del movimiento, de las sensaciones táctiles, gustativas, olfativas, visuales, sonoras, etc.”.

Pensar con los niños y las niñas y observar cómo se dan cuenta de su propio pensamiento nos ayuda a replantear muchas de nuestras certezas y teorías”, dice Angélica Sátiro

Hablar filosofando

La tertulia de filosofía con los chicos el miércoles en el programa "La tarde contigo" de Canal Extremadura Radio.
Tertulia de filosofía con los chicos el miércoles en el programa “La tarde contigo” de Canal Extremadura Radio.

Filosofía a través de todos los sentidos y de todas las vías posibles. La palabra escrita en los libros, la palabra y el movimiento de los juegos, la palabra hablada y escuchada cara a cara o a través de la radio. Esto último es lo que hacen desde hace unos meses niños extremeños todos los miércoles: dialogar y filosofar a través de un espacio propio dentro del programa La tarde contigo del Canal Extremadura Radio, compartir con otros niños y con los adultos los temas que les preocupan o interesan y a qué conclusiones han llegado después de analizarlo e indagar sobre él. El resultado es que los niños dan una perspectiva diferente de los problemas, una mirada alternativa que también puede ayudar a los adultos a pensar.

“Nos llamaron de la radio para hacernos una entrevista sobre el nacimiento de la Asociación de Filosofía para Niños de Extremadura –nos cuenta Lourdes Cardenal, profesora de filosofía en el instituto Francisco Vera, de Alconchel (Badajoz), y presidenta de la asociación–. Cuando terminamos, los chicos que nos acompañaron habían conquistado el corazón de los entrevistadores. Les gustó tanto la idea de que los niños y las niñas hablaran y argumentaran sobre diversos temas que nos propusieron que volviéramos todas las semanas e hiciéramos una minisesión de filosofía para niños en vivo y en directo. La idea nos entusiasmó. Y ahí estamos, reflexionando cada miércoles por la tarde y convirtiendo un poquito en niños a Esther y José María, los presentadores, y esperemos que también a los oyentes”.

Según nos explica Lourdes Cardenal, la creación de la asociación ha sido el culmen de un proceso de varios años. Todo comenzó con los tres cursos de filosofía para niños que impartieron en los Centros de Profesores y Recursos de la Comunidad de Extremadura. A través de ellos se fue creando una comunidad de docentes interesados en el programa de Matthew Lipman, el mismo del que nos hablaban Angélica Sátiro y Fátima Guitart. Los participantes querían profundizar y seguir aprendiendo. Así nació la comunidad de investigación docente. Poco a poco, el boca a boca hizo que más gente se interesara y solicitara entrar en el grupo. “Esto nos llevó a concluir que se requería de una institución que pudiera organizar y centralizar más acciones que facilitaran la continuidad del aprendizaje en la comunidad educativa y la realización de actividades dirigidas no ya solo a los docentes, sino también a todos los niños. Ya existía la Asociación de Filosofía para Niños (FpN) de Extremadura desde los 80, así que decidimos revitalizarla y devolverle la fuerza con la que en su día nació”.

Actualmente tienen varias aulas de filosofía para niños en funcionamiento, la mayoría en las propias clases de los profesores de la asociación, por lo que son chicos de secundaria y bachillerato (entre 12 y 18 años). Pero ya están dando pasos, nos comenta Cardenal, para que niños de todas las edades puedan aprender a pensar. “Acabamos de inaugurar varias aulas para chicos de primaria. Una en el Ateneo de Badajoz, donde uno de los dos grupos activos es para chicos de entre 8 y 11 años (de 3º a 6º de primaria) y otra en colaboración con la asociación de niños con altas capacidades de Extremadura, a donde también asisten niños y niñas a partir de los 8 años. En total, están ya realizando en Extremadura FpN unos 500 niños y niñas. Nuestro objetivo es que a medida que el seminario de formación docente de FpN vaya avanzando, los profesores vayan introduciendo el programa en sus aulas. De este modo, nuestra pretensión es que, para mayo, unos 1.500 niños y niñas extremeños puedan estar dialogando críticamente a partir de los textos de Lipman sobre el amor, el trabajo, la amistad, el respeto, la justicia, la libertad…”.

“La filosofía para niños no puede coartar las cuestiones que ellos lanzan. Todas las preguntas son aceptadas, todos los temas dignos de ser tratados. ¿Cómo iba la propia filosofía a impedir que los niños vivan la experiencia filosófica más auténtica?”, se pregunta Lourdes Cardenal

Por la sección de la radio han pasado ya temas como la caza o las drogas, por ejemplo, e irán tratando otros muchos: las relaciones personales, la muerte, la educación… ¿Cualquier tema? ¿O hay límites? “Si la filosofía se caracteriza por algo es por su valentía –nos dice Lourdes Cardenal–. No hay tema o campo de la realidad que pueda ocultarse de nuestra mirada. Pero esta mirada de la filosofía no es una mirada inquisidora, producto de la sospecha y la desconfianza; es una mirada de perplejidad, de duda, de deseo por saber, y desde esa inquietud por conocer, el filósofo cuestiona todo lo que le rodea, lo que existe y lo que aún no existe pero es posible. Si hay alguien que conoce bien esta manera de relacionarse con el mundo son los niños. Las preguntas vienen a ellos como las respuestas acuden a los adultos, con la misma espontaneidad y naturalidad se cuestionan qué es la vida y qué es la muerte, como los adultos tienden a despachar respuestas ya aprendidas pero no inspeccionadas. Por ello, la filosofía para niños no puede coartar las cuestiones que los niños lanzan. Todas las preguntas son aceptadas, todos los temas dignos de ser tratados. ¿Cómo iba la propia filosofía a impedir que los niños vivan la experiencia filosófica más auténtica? ¿Cómo podríamos los amantes de la filosofía cancelar la epojé y la aporía? El papel del docente es ayudar a los niños a dirigir su pensar. El tema sobre el que se dialoga lo eligen los propios alumnos tras haber planteado sus preguntas. ¿Quiénes somos nosotros para impedir que indaguen acerca de algo? Es normal que las mismas cuestiones se repitan con el paso del tiempo y que el rigor con el que se tratan vaya incrementándose a medida que los propios alumnos van madurando y adquiriendo habilidades y vocabulario para enfrentarse de manera más profunda a ellas”.

El resultado-beneficio es que los niños aprenden a pensar, “y aprender a pensar supone muchas cosas –puntualiza Cardenal–. El que sabe pensar es aquel que tiene una mente libre, crítica, coherente, rigurosa… El que sabe pensar es el que sabe tomar decisiones, el que es capaz de argumentar, deducir, construir hipótesis, relacionar, imaginar soluciones, pensar de manera alternativa… El que es capaz de pensar puede reflexionar acerca de sus valores, cuestionarlos y reformularlos, puede analizar la sociedad y soñar con cambiarla, puede comprender, escuchar y sentir a los demás. En definitiva, pensar, nos define como humanos, pero saber pensar supone construirse como humano, con responsabilidad y autonomía, para mejorar y cuidar no solo al resto de la humanidad, sino también al resto de la realidad”.

Saber pensar, saber crear, saber imaginar soluciones… Según leo en el portal Estandarte, la editorial Media Vaca concibe las obras como instrumentos para la imaginación, no solo para la alfabetización, y como portadoras de valores éticos. Pues de eso se trata. Pura filosofía.

Cantar, bailar, emocionarse… filosofar

Madrid, sábado, 11,30 h. Entramos en un taller para niños y niñas. Los monitores-orientadores-filósofos les piden que se expresen únicamente bailando o cantando. Aquí entra en juego Nietzsche y su idea de que tenemos un lenguaje gregario que manifiesta nuestro nihilismo –no creer en nada, salvo que la vida no tiene sentido– y que hay que buscar opciones más vitalistas. Actividades de este estilo es lo que hacen cada sábado por la mañana durante una hora Myriam Rodríguez del Real y Javier Correa Román, que forman el Colectivo Mentes Inquietas, en La Corrala, en el barrio de La Latina. A punto de terminar la carrera de Filosofía los dos, son “jóvenes que hacen filosofía para jóvenes”, según ellos mismos explican. Y aquí están incluidos los más jóvenes entre los jóvenes, niños de 5 a 12 años. “Creemos firmemente que los niños y las niñas son los mejores filósofos porque se asombran muy fácilmente con el mundo y tienen curiosidad por él. Pensamos que a este nivel, el objetivo tiene que ser simplemente despertarles otros caminos, mostrarles nuevas cosas más que hacerles explícito lo que queremos que aprendan”, nos dice Myriam Rodríguez.

Otro sábado juegan con los pequeños a imaginarse la vida de los personajes de los cuentos que no son los principales protagonistas, como por ejemplo el lobo de Caperucita roja, los hermanos del patito feo, “basándonos en la idea de Walter Benjamin de hacer historia a contrapelo”, explica Javier Correa. “Esta semana –nos cuenta refiriéndose al día en que hablamos con ellos– vamos a llevar algunas fotografías y vídeos para que nos digan qué emociones les despiertan para introducirles la catarsis en el arte de Aristóteles. Lo que hacemos cada sábado es seleccionar una idea de un filósofo o una filósofa y convertirla en un juego para que aprendan jugando”.

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