“Glosas”, de Karl Kraus: curso de ética periodística

Ediciones del subsuelo publica una recopilación de Glosas, de Karl Kraus, donde el periodista y actor lo daba todo atacando a la prensa. El detalle de la cubierta, de Elsa Suárez Girard, reproduce las icónicas gafas de Kraus.
Ediciones del subsuelo publica una recopilación de "Glosas", de Karl Kraus, donde el periodista y actor lo daba todo atacando a la prensa. El detalle de la cubierta, de Elsa Suárez Girard, reproduce las icónicas gafas de Kraus.

Ojalá las facultades se dejaran de manuales y de inútiles relatos aprendidos y utilizaran libritos como estas Glosas de Karl Kraus. Publicado por Ediciones del subsuelo, las Glosas son ejemplos prácticos y ¡sorpresa! muy actuales de ética periodística y en ocasiones de ética a secas.

Por Pilar G. Rodríguez

Glosas, de Karl Kraus. Selección y traducción de Adan Kovacsics. Publicado por Ediciones del subsuelo.
“Glosas”, de Karl Kraus. Selección y traducción de Adan Kovacsics. Publicado por Ediciones del subsuelo.

Con un “Penoso…” arranca Kraus una de sus Glosas que continúa: “(…) resulta el titular que aparece de vez en cuando en la Neue Freie Presse: ‘Robo a una perdida’, ‘Intento de robo con homicidio contra una perdida’, etcétera. ¿Por qué se pavonea el reportero? ¿Qué significa esa lágrima solitaria que no se compadece de una mujer porque hayan intentado robarle y matarla, sino porque no pertenece a la clase en que tal intento haría más ruido?”. Es decir, la noticia sobre lo que no es noticia, el titular con carga valorativa, acusación en vez de información. Vergüenza entonces y vergüenza de titulares actuales que siguen haciendo hincapié en lo que no es relevante, en lo que significan sin ser pronunciado, en aquello que quieren alcanzar con frases como dardos lanzadas para lastimar.

Ha pasado más de un siglo desde que Karl Kraus (1874-1936) fundara en Viena, hacia 1900, un periódico llamado La Antorcha, Die Fackel, para decir y denunciar –sobre todo esto último– lo mucho que tenía que decir y denunciar. Tanto que el pequeño grupo de colaboradores con el que comenzó a trabajar se redujo al mínimo: él solo llevaba su periódico. En esto también fue moderno Karl Kraus.

“Penoso el titular ‘Robo a una perdida (…)’ –señala Kraus en una de sus Glosas–. ¿Qué significa esa lágrima solitaria que no se compadece de una mujer porque hayan intentado robarle y matarla, sino porque no pertenece a la clase en que tal intento haría más ruido?”

Como explica el experto en la obra de Kraus, Adan Kovacsics –recopilador y traductor de Glosas, publicado por Ediciones del subsuelo–, “a partir de 1908, pocos años antes de que Karl Kraus prescindiera de colaboradores en la revista y esta cobrara así su forma definitiva, comenzaron a aparecer en Die Fackel unos textos breves bajo el título genérico de glosas”. Y prosigue: “Se trataba de textos en los que Kraus comentaba, en general satíricamente, frases, noticias, editoriales publicados en la prensa”. Esa labor de comentarista, crítico vehemente, feroz y hasta despiadado de la actualidad y sus actores y su traslación al ámbito literario en apocalípticas obras de denuncia es por lo que hoy día se conoce a Karl Kraus. Menos de lo que se debería. Pero ¿quién es Karl Kraus?

Denuncia a cara descubierta

Karl Kraus fustigaba incansable a la prensa desde su periódico "La Antorcha", con sus "Glosas".
Karl Kraus fustigaba incansable a la prensa desde su publicación “La Antorcha”, especialmente con sus “Glosas”.

Había llegado al periodismo después de estudiar leyes. Esos conocimientos le serían muy útiles pues en no pocas ocasiones debió pasar por los juzgados a causa de polémicas, accidentes e incidentes. Quiso ser actor, director de escena. Entró en contacto con la cultura o la intelectualidad de la Viena de fin de siglo. Con frecuencia después sobrevenían las polémicas y los conflictos. Todos ellos con nombres propios: medios, directores de periódico, periodistas, escritores y por supuesto políticos y hasta gremios enteros. Desde su Antorcha, Kraus los criticaba, les ponía en evidencia, los imitaba y vapuleaba… Entre todos ellos quizá destaque Moriz Benedikt, dueño y editor de Neue Freie Presse, el periódico más influyente de Austria en aquella época, por la asiduidad, virulencia o sofisticación de los ataques que contra él lanzaba de Kraus. De este se podría haber dicho que básicamente era un “broncas” salvo por un detalle: igual tenía razón. Sus flechas estaban bien dirigidas contra el periodismo de declaraciones, contra el uso de expresiones hechas y frases vacías separadas de los acontecimientos, sobre el abuso de poder de los poderosos y la indefensión de los débiles, sobre la hipocresía de la publicidad, de las costumbres, sobre la hipocresía en general… De todo ello hay ejemplos en estas valiosas Glosas que sirven así como curso acelerado de ética periodística. De momento, la primera lección ya fue mencionada. Las críticas, siempre con sus nombres. ¿Qué es eso de arrojar la piedra y esconder la mano? ¿Lanzar la lengua y volver el rostro? ¿Desde cuándo columnas de opinión anónimas? El periodismo de principios del XX en Viena tendría todos los defectos que Kraus no se cansó de denunciar, pero el de la cobardía no: allí se insultaba mirando a los ojos, con todas las letras de nombres y apellidos. Era parte de la profesión y también del espectáculo.

Primera lección: las críticas, siempre con sus nombres. ¿Qué es eso de lanzar la lengua y volver el rostro?

“Es tan sabido por todos…

A veces las expresiones se hacen… populares no… lo siguiente. Y ya habría que dejarlas de usar por ese mismo motivo. De repente lo único que dan es pena, risa o asco por hastío. En una de las Glosas, Kraus se fija en una declaración muy solemne que su periódico favorito (favorito para criticar) hizo en defensa de su honestidad, independencia, integridad, blabla. Sobre todo ello afirmaba la mencionada Neue Freie Presse: “Es tan sabido por todos que resulta superfluo perder una palabra más al respecto”. Y Kraus: “Se sabía desde hace tiempo que es un rotativo plenamente independiente, pero nadie había podido demostrarlo, y ahora se han disipado todas las dudas”. Luego recoge cómo a la expresión, ya convertida en jocoso chascarrillo, “le han crecido alas y se ha convertido en el estribillo de un cuplé de esos tan populares en otros tiempos”.

Un equivalente moderno podría ser el “como no puede ser de otra forma” que levanta sospechas desde el mismo momento en que acaba de ser pronunciado. ¿Cómo que “como no puede ser de otra forma”? ¿Eso quién lo decide? ¿Y está seguro de ello? Se fija en esta expresión Nicolás Sartorius en su último libro, de muy reciente publicación. Se titula La manipulación del lenguaje. Breve diccionario de engaños y tiene cierto parecido en sus intenciones con el de Kraus…, como no puede ser de otra forma.

Siguiente lección: las expresiones que se hacen populares hasta dar pena, risa o asco (por hastío) hay que dejar de usarlas por esos mismos motivos… rápido no, lo siguiente. ¿A que sí?

“Era una puta”

Muchas veces la vacuidad, el engolamiento del lenguaje o la simple enumeración de tópicos conducen a la risa porque no dan más de sí. De todo ello se encuentran ejemplos en las Glosas. Otras veces, esa risa se congela porque los asuntos no tienen ninguna gracia. Ocurre sobre todo en las noticias de sucesos donde suele haber verdugos y víctimas. Karl Kraus siempre mostró una gran sensibilidad por estas últimas, por los débiles, los proscritos, reaccionando con inusitada vehemencia contra las injusticias. Fue muy moderno, por ejemplo, al señalar como anómalo el término “parejita” en una noticia que debería haber sido sobre un homicidio, mientras que el periódico se centra en el adulterio; o al concluir con un “¿y la niña?” después de recoger la noticia de una disputa entre vecinos, que acabó en los tribunales, y que empezó por el estruendo que hacían unos al maltratar a la menor.

Esta placa se puede ver en la casa donde nació Kraus. En ella se le recuerda como autor e "los últimos días de la humanidad" y editor de "La Antorcha".
Esta placa se puede ver en la casa donde nació Kraus. En ella se le recuerda como autor de “Los últimos días de la humanidad” y editor de “La Antorcha”. Imagen: CC 2.0. Fuente: Hejkal

La indefensión de las prostitutas y la hipocresía que rodea su situación es recurrente. Además de la mencionada al principio del texto, existen varios ejemplos por los que se concluye que no hay, no va a haber, justicia para ellas mientras el sancionador “era una puta” siga resonando en las salas y funcionando como considerando, eximente para pasar a otro asunto. Es el título también de una glosa que relata el caso de un comisario acusado de “haber sometido a su voluntad mediante amenazas a prostitutas con las que se relacionaba en el desempeño de su cargo”. La propia noticia literalmente recogida acaba con la absolución del comisario “aduciendo no poder dar crédito a los testimonios de prostitutas”. En su comentario, Kraus señala el círculo vicioso de una situación de la que no es posible salir, ya que “como no se puede dar crédito a las prostitutas, los comisarios correccionales podrán seguir abusando de su autoridad”. También denuncia la justicia –y la llama locura desplegada a través de normas y formas– que permite castigar mínimamente a un herrero que maltrató a su aprendiz “de constitución débil y retrasado mental” clavándole un hierro candente en el vientre.

Hoy como ayer

La sátira, el sarcasmo vuelven a hacer compañía a la crítica ante noticias como la detención de un hombre vestido de mujer. El revuelo suscitado le hace exclamar y reflexionar a Kraus: “Pero ¿por qué tanto escándalo en un mundo en el que muy pocos que llevan pantalones son hombres y en el que gente con sotana se encarga de los asuntos de Estado?”.

Última: no se juzgará con el lenguaje. Un Kraus siempre sensible ante los abusos, subrayaba la doble injusticia sobre los más débiles: primero en el juzgado y luego en los periódicos

Los anuncios de los periódicos son una de las debilidades de Kraus. Repara en ellos para reconstruir el mundo, según sus palabras… Bueno, según sus palabras sería: “Me importan un rábano los artículos y me importan un comino las noticias, soy capaz de componer la cara este mundo a partir de la sección de anuncios que leo atrás”.  A los de contactos les presta bastante atención porque le permiten fustigar a la prensa. A la prensa por ejemplo que informa misteriosamente sobre las actividades que realizan “las llamadas masajistas o manicuras que bajo este título cazan a los caballeros y los atraen a sus salones (…)” mientras acepta con gusto el dinero de sus publicidades. ¿No resulta este debate de lo más actual? Kraus reproduce la noticia salpicándola con sus frases, comentarios como “¿y qué parte del pago correspondía a los periódicos?”. Más allá concluye: “No olvidemos que su moral se escandaliza porque ellas ofrecen una oportunidad que el propio Neues Wiener Journal propicia”.

La antorcha del siglo XXI

Hace ocho años que el escritor Andrés Sorel publica un blog titulado La antorcha del siglo XXI. Sirve como homenaje a Karl Kraus, pero sobre todo al propósito de aquel periódico de ser “una luz en medio de un destino sombrío”. Es otro tiempo, son otras guerras reales y virtuales, otras intenciones las que deforman y moldean el lenguaje, y otras realidades que han creado imperios nuevos y reproducido también nuevos parias… ¿Se podría decir entonces que ha cambiado todo para no cambiar nada? ¿O quizá sería esta frase objeto de una de las glosas de Karl Kraus? En cualquier caso ambos autores comparten material de discusión y denuncia: los medios, la política y los actores, la justicia, los movimientos sociales, la sociedad del espectáculo y el espectáculo de la sociedad… Y también comparten ser espacios de reflexión personalísima, estilo propio, discurso libre, en ocasiones airado, y jamás complaciente. Siempre habrá quien comparta los modos y se quede; quien curiosee y huya espantado o quien simplemente pase de largo. No pasa nada; siempre quedará también la sátira, esa en la que Kraus era un experto y que Sorel también recoge en la primera entrega de su renovada Antorcha: “Mi público y yo nos entendemos de maravilla: él no escucha lo que yo digo y yo no digo lo que él quiere oír”.

Los temas de las Glosas son los temas de su vida al fin, subrayados al material con la que escribió su obra, Los últimos días de la humanidad a la cabeza. Pero no solo permiten conocerlo mejor a él, sino pasar revista a unos años convulsos y cruciales en la historia del siglo XX. Como afirma Adan Kovacsics en el epílogo, “la crítica del mundo liberal de antes de la guerra se convierte luego en la denuncia radical de la guerra y de sus impulsores, y la mira se pone después en la inquietante consolidación de las tendencias nacionalistas antisemitas. Resulta interesante observar Kraus se mantiene siempre fiel a sus conceptos, ideas, filias y fobias de siempre, que llevará consigo hasta el final, y cómo por otro lado, enseguida capta las nuevas circunstancias”. Nuevas circunstancias para sus viejos temas y obsesiones y para estas glosas siempre actuales. Por desgracia, sabemos de qué habla Kraus. Por suerte su obra sigue dando batalla.

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