“Qué intrincados están en la cultura occidental los mecanismos que silencian a las mujeres, que se niegan a tomarlas en serio y que las aíslan de los centros de poder”, dice Mary Beard, activa feminista, autora del libro-manifiesto
“Qué intrincados están en la cultura occidental los mecanismos que silencian a las mujeres, que se niegan a tomarlas en serio y que las aíslan de los centros de poder”, dice Mary Beard, activa feminista, autora del libro-manifiesto "Mujeres y poder". © Ana Yael

Camino ya de la recta final del primer cuarto del siglo XXI y tanto pensamiento a favor de la igualdad por difundir, tantas viejas ideas por derribar… Mientras exista una sola niña en algún lugar del mundo a la que se le impida escolarizarse; mientras una mujer sea asesinada por su pareja; mientras el hecho de que una mujer, o muchas mujeres, ocupen puestos de dirección sea noticia; mientras las mujeres tengan que gritar “no quiero ser valiente, quiero ser libre” y poder volver a casa de noche sola sin jugarse la libertad y la vida; mientras haya una sola persona en el planeta que no entienda que un no es siempre no, y solo un sí es sí; mientras se produzcan insultos y amenazas por defender los derechos de la mujer; mientras todo esto y muchas cosas más pasen, la desigualdad es una realidad a combatir, aunque en muchos países ya se hayan producido grandes avances.

“No hace falta cambiar la historia para que haya mujeres, sino contarla bien”, dijo Jivka Marinova, directora de la fundación búlgara Investigación y Tecnología para la Educación de Género, durante las Jornadas Europeas de Desarrollo celebradas en Bruselas el pasado mes de junio, que este año estuvieron centradas en la lucha por la igualdad y el empoderamiento de mujeres y niñas. Más de la mitad de la población mundial son mujeres y sin ese 50% de habitantes del planeta no hay desarrollo posible, repitieron una y mil veces durante las jornadas. En realidad, llevamos siglos repitiéndolo y parece que cuesta entenderlo, asimilarlo y, sobre todo, ponerlo en práctica.

Mientras en algunos países desarrollados –con muchos y graves problemas de machismo y su violencia– damos pasos en todas las direcciones, reclamando educación, leyes, protección y justicia para acabar con humillaciones, menosprecios, maltratos, asesinatos, acosos, abusos, violaciones, trata de mujeres…, a la vez que discutimos sobre si el lenguaje inclusivo es imprescindible o es absurdo e innecesario, en otros países del mundo no han llegado ni siquiera al primer escalón de la igualdad. Y compartimos espacio y tiempo, planeta y siglo. En su libro Las mujeres y el desarrollo humano, publicado por Herder, la filósofa estadounidense Martha C. Nussbaum denuncia que hoy, en el primer cuarto del siglo XXI, las mujeres carecen de apoyo en funciones fundamentales de la vida humana en la mayor parte del mundo. “Están peor alimentadas que los hombres, tienen un nivel inferior de salud, son más vulnerables a la violencia física y al abuso sexual. Es mucho menos probable que estén alfabetizadas, y menos probable aún que posean educación profesional o técnica. Si intentan acceder a un puesto de trabajo, deben enfren­tarse a obstáculos mayores, incluyendo la intimidación por parte de la familia o del esposo, discriminación por su sexo en el salario y acoso sexual en su lugar de trabajo. Y todo ello sin tener recursos legales efectivos para defenderse”.

Más de la mitad de la población mundial son mujeres y sin ese 50% de habitantes del planeta no hay desarrollo posible

Las “mujeres faltantes” de Amartya Sen

"Las mujeres y el desarrollo humano", de Martha C. Nussbaum, publicado por Herder en su colección Pensamiento.
“Las mujeres y el desarrollo humano”, de Martha C. Nussbaum, publicado por Herder en su colección Pensamiento.

En necesidades básicas como la salud y la nutrición hay una clara discriminación de las mujeres en muchas naciones del mundo en desarrollo. Martha Nussbaum explica: “Los investigadores afirman, que, por lo común, donde existe igual nutrición y cuidado de la salud, las mujeres viven, de promedio, más que los hombres. De ese modo, esperaríamos una relación de sexos cercana a 102,2 mujeres por cada 100 hombres (…). Muchos países tienen una relación mucho más baja: la de la India, por ejemplo, es de 92,7 mujeres cada 100 hombres, la más baja desde que se comenzó a realizar el censo a comienzos del siglo XX”. El economista y filósofo indio Amartya Sen, premio Nobel de Economía en 1998, les puso nombre, muy gráfico: ‘mujeres faltantes’. Y hay muchos millones de mujeres faltantes en el mundo actual. “Utilizando este crudo índice –escribe Nussbaum–, el número de mujeres faltantes en el sudeste asiático es de 2,4 millones; en Latinoamérica, 4,4; en el norte de África, 2,4; en Irán, 1,4; en China, 44; en Bangla Desh, 3,7; en la India, 36,7; en Pakistán, 5,2; en el oeste de Asia, 4,3”. Y ojo, que son millones. Millones.

De facetas de igualdad situadas en escalas más altas ya ni hablamos. En cuántos países se les impide, por ejemplo, la participación activa en la vida política. Porque en muchos lugares, sencillamente, las mujeres no tienen plena igualdad ante la ley. “No tienen los mismos derechos de propiedad que los hombres, ni los mismos derechos contractuales, de asociación, de movilidad, ni la misma libertad religiosa”, escribe la filósofa Martha Nussbaum. “A menudo carecen de oportunidades para el juego y para el cultivo de sus facultades imaginativas y cognitivas. Todos estos factores tienen su coste en cuanto a bienestar emocional: las mujeres tienen menos oportunidades que los hombres de vivir libres de temores y de disfrutar de tipos más grati­ficantes de amor, especialmente cuando –como sucede a menudo– se las casa sin elección propia desde la niñez y carecen de amparo ante un mal matrimonio. De todas estas maneras, las desiguales circunstancias sociales y políticas dan a las mujeres capacidades humanas desiguales (…). En suma, las mujeres carecen de un apoyo esencial para llevar una vida plenamente humana. Esta falta de apoyo se debe a menudo al solo hecho de ser mujeres”.

En muchos lugares las mujeres no tienen plena igualdad ante la ley. “No tienen los mismos derechos de propiedad que los hombres, ni los mismos derechos contractuales, de asociación, de movilidad, ni la misma libertad religiosa”. Martha Nussbaum

Ciudadanos y no-ciudadanas

En Europa los datos son bastante diferentes, pero todavía están muy lejos de lo deseable. Si nos comparamos con el resto de países europeos, ¿España está en la media, a la cabeza o a la cola en feminismo? Pilar Pardo Rubio, autora del libro El feminismo en 100 preguntas, publicado por Nowtilus, asesora jurídica en la Consejería de Educación de la Comunidad de Madrid y experta en igualdad de género, nos responde: “El índice de igualdad de género publicado el año pasado por el Instituto Europeo para la Igualdad de Género se sitúa en un 66,2 de media, con grandes diferencias desde el 82,6 de Suecia al 50 de Grecia. España se encuentra en la frontera de esta media, es el país con el índice de igualdad de género más bajo de los que superan la media, un 68,3”.

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