Epicteto y yo

Description: La Stoa de Attalos en el Ágora de Atenas. / 3 de Marzo de 2008 / Fuente: trabajo propio / Autor: DerHexer / CC 3.0
La Stoa de Attalos en el Ágora de Atenas (Grecia). 3 de marzo de 2008. Distribuida por Wikimedia Commons. Autor: DerHexer/CC BY-SA 3.0.

Llevo unos días leyendo –y disfrutando– Cómo ser un estoico, de Massimo Pigliucci (editorial Ariel). En breve haré una reseña del libro para filosofía&co, pero su misma lectura me ha traído numerosos recuerdos de índole más personal y he pensado que quizá quedarían mejor aquí.

Hace unos quince o dieciséis años (cómo pasa el tiempo…) yo andaba pasando una mala racha. Problemas de salud y alguna que otra vivencia incómoda habían dejado mi ánimo por los suelos y, como medida desesperada, decidí empezar a leer filosofía. Pensé que, si alguien tenía respuestas, bien podían ser las grandes mentes de la humanidad.

El estoicismo es una filosofía eminentemente práctica, que busca funcionar en la vida real

Atraído en primera instancia por su idea de la imperturbabilidad de ánimo por la que han pasado a la historia, vino a mis manos una edición de bolsillo de los Diálogos, de Séneca, que devoré rápidamente. Me gustaba lo que decía y cómo lo decía, por lo que pensé en leer más de ese movimiento: el estoicismo. De ahí pasé a Meditaciones del emperador Marco Aurelio, al Manual de vida de Epicteto (que a día de hoy es algo así como una Biblia en mi mesilla de noche) y, en suma, todo libro que hablara de esta filosofía o que se hubiera visto influido por ella. Sin darme apenas cuenta, mi ánimo mejoró gracias a sus enseñanzas. Me ayudaron a aceptar muchas cosas que, nos guste o no, no están en nuestra mano y son como deben ser; que es más importante la acción en sí que acometemos que los resultados que de esa acción buscamos; que las cosas más importantes son precisamente las que nadie nos puede arrebatar y que, cuando la vida nos desbarata los planes, es porque –tal vez– esta tenía otros preparados para nosotros.

Esas lecturas me ayudaron a centrar mis ideas, a descubrir muchas otras y me dieron un modelo en el cual fijarme cuando la adversidad se plantaba en mi camino. Aún hoy, cuando un conflicto o una ruptura surgen, cuando me frustro o me preocupo en demasía, suelen acudir a mi memoria frases, aforismo y máximas de estos sabios, ayudándome a recuperar –aunque a veces demasiado tarde– la calma.

Es, realmente, el estoicismo una filosofía maravillosa. No sólo por los principios que defiende, que pueden no ser del gusto de todos, sino por el enfoque con el que fue concebida. El estoicismo es una filosofía eminentemente práctica, que busca funcionar en la vida real. Más allá de tener su postura metafísica, epistemológica o cualquier otra de las ramas que estudia la filosofía, lo que de verdad le importa es la ética: el arte de bien vivir. Además, o quizás por ello, sus autores tienen una característica que haría mucho bien a la filosofía en general: son asequibles. Se les entiende. Séneca o Marco Aurelio hablan al lector como uno hablaría con un amigo y enfocan sus enseñanzas de la manera que un maestro (es decir, alguien que enseña y sabe hacerlo). En este sentido, Pigliucci es todo un estoico como los anteriores, pues su libro es tan bueno filosófica como literariamente.

Sin darme apenas cuenta, mi ánimo mejoró gracias a estas enseñanzas, esos libros me ayudaron a aceptar muchas cosas

Leo, como digo, este libro y me sorprendo a mí mismo sonriendo cada pocas páginas. Porque en muchos de los pasajes que relata el autor no lo veo a él, sino a mí, recordando que pensé lo mismo y que apliqué las mismas cosas a mi día a día. Y luego pienso en todas esas personas que jamás han echado un ojo a esos libros y que buscan solucionar problemas por un módico precio a través de modas new age, clases de meditación y yoga, seminarios de coaching, libros de autoayuda, etc. No porque yo esté en contra (a fin de cuentas, si ayudan, bienvenidos sean), sino por la cantidad de sinergias que he encontrado en todos ellos con la filosofía de marras y lo verdaderamente útil que –pienso– les sería a todas estas personas el acudir a una biblioteca cualquiera, acercarse a la sección de filosofía y llevarse a casa, bajo el brazo, alguna obra de Epicteto o cualquier otro estoico. Consejos que llevan a nuestra disposición más de 2.000 años y que siguen tan vigentes como el día que se escribieron, porque, en esencia, sus autores y sus conciudadanos eran humanos como nosotros, con sus preocupaciones, sus tristezas y sus pesares. Para que luego digan que la filosofía no es útil o no está “de moda”.

Haceos un favor y leedlos. Me funcionó a mí, le funcionó a Pigliucci y estoy seguro de que le funcionará a todo aquel que ponga esos libros en sus manos y sus enseñanzas en su cabeza.

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