Breve tratado de la amenaza

"Amenazas aparentes son aquellas que no pueden cumplirse porque el sujeto del que provienen no dispone de los medios para llevarla a cabo". El autor encuentra un ejemplo en el protagonista de "Memorias del subsuelo", de Dostoievski.

Vivimos en un mundo de confrontación y, por tanto, de amenazas, a las que de una forma u otra tenemos que enfrentarnos. El pensador Gustavo Bueno nos presenta desde su doctrina, el materialismo filosófico, un análisis de los tipos de amenazas que existen. Las desarrollamos aquí apoyándonos en algunos ejemplos que la historia y la literatura nos ofrecen. De esta forma podremos reconocerlas y obrar en consecuencia.

Por Miguel Antón Moreno

"España no es un mito", Gustavo Bueno (Temas de hoy)
“España no es un mito”, de Gustavo Bueno (Temas de hoy).

A lo largo de toda una vida, ¿cuántas veces puede acecharnos una amenaza? Parece ineludible enfrentarse a situaciones en las que nuestra integridad física, nuestra salud mental o la posición social que hemos alcanzado corra peligro. Desde Sócrates a personajes de Dostoievski, pasando por Antígona, Julio César o Don Quijote, la historia nos ofrece valiosos ejemplos (de carne y hueso o del mundo de la ficción) que vieron peligrar todo por lo que habían apostado, o que incluso sucumbieron ante las amenazas que los pusieron en jaque. Pero ¿de qué manera nos vienen dadas estas amenazas? Desde la doctrina del materialismo filosófico, en su obra España no es un mito, Gustavo Bueno nos responde a esta pregunta, llevando a cabo una rigurosa y sistemática clasificación de los tipos de amenazas que existen. En un sentido práctico es necesario conocer a qué nos enfrentamos si queremos protegernos de aquello que nos pone en peligro. Por ello, veamos qué clases de amenazas hay.

Amenazas formales y materiales

"Julio César", William Shakespeare (Austral)
“Julio César”, de William Shakespeare (Austral).

En primer lugar se distinguen dos tipos que tienen que ver con la intencionalidad de dar a conocer la amenaza. En este sentido podremos hablar de amenazas formales y materiales. La amenaza formal es aquella que proviene de un sujeto conductual que se encarga de manifestar verbalmente o gestualmente su intención de provocar el mal a otros. Sófocles, en su tragedia Antígona, nos brinda un valioso ejemplo de amenaza formal. Cuando Creonte, el rey de Tebas, manifiesta su intención de condenar a Antígona por haber dado sepultura a su hermano Polinices, claramente está llevando a cabo una amenaza de tipo formal. “Porque nosotros, en lo que concierne a esta joven, quedaremos así puros, pero ella será así privada de vivir con los vivos”. La amenaza material, en cambio, difiere de la formal en que no existe una intención por parte del que amenaza de hacer saber que se pretende hacer daño a alguien, ya sea por incapacidad o por conveniencia. En el año 44 a. C., un grupo de senadores, con Bruto a la cabeza, conspira para llevar a cabo el asesinato de Julio César. El dictador recibe por sorpresa más de veinte puñaladas en el Teatro de Pompeyo. “¿Tú también, Bruto?”, nos sugiere Shakespeare como sus últimas palabras.

“Es necesario conocer a qué nos enfrentamos si queremos protegernos de aquello que nos pone en peligro”

Amenazas intencionales y objetivas

"Don Quijote de la Mancha", Miguel de Cervantes Saavedra (Edición de la Real Academia Española)
“Don Quijote de la Mancha”, de Miguel de Cervantes Saavedra (edición de la Real Academia Española).

Gustavo Bueno diferencia también las amenazas intencionales de las objetivas. Las intencionales son las que tienen lugar como consecuencia de un “diseño inteligente”, es decir, por parte de una persona o grupo de personas que la diseñan con premeditación, con el objetivo de intimidar. Cuántas veces no amenaza Don Quijote abiertamente a aquellos que se atreven a cuestionar su condición de caballero andante, o a los que a su vez amenazan a indefensos o desdichados. Cuando al salir de la venta Don Quijote se encuentra con el labrador que azota a su criado, viendo la indefensión del muchacho, declara: “Descortés caballero, mal parece tomaros con quien defender no se puede; subid sobre vuestro caballo y tomad vuestra lanza […] que yo os haré conocer ser de cobardes lo que estáis haciendo”. Otros muchos ejemplos podemos encontrar a lo largo de la obra; en el célebre capítulo en el que libera a los galeotes, Don Quijote también lleva a cabo una amenaza intencional al obligar a los guardas a liberar a los presos que llevan ante la justicia: “Y cuando de grado no lo hagáis, esta lanza y esta espada, con el valor de mi brazo, harán que lo hagáis por fuerza”. En oposición a las intencionales están las objetivas, que no proceden de nadie en concreto sino de un “atractor”, es decir, una serie de acontecimientos que en conjunto producen una amenaza. Los habitantes de la antigua ciudad romana de Pompeya sufrieron una amenaza objetiva cuando en el año 79 el Vesubio entró en erupción, quedando finalmente la ciudad sepultada por montañas de ceniza, azufre y rocas volcánicas.

Amenazas reales y aparentes

"Memorias del subsuelo", Fíodor Dostoievski (Cátedra)
“Memorias del subsuelo”, de Fiódor Dostoievski (Cátedra).

En tercer lugar, Bueno distingue las amenazas reales de las aparentes. Mientras que la amenaza real es aquella cuyo artífice tiene una capacidad efectiva de cumplirla (Don Quijote, efectivamente, puede cumplir su amenaza contra los guardas, como de hecho hace), las amenazas aparentes son las que no pueden cumplirse porque el sujeto del que proviene no dispone de los medios necesarios para llevarla a cabo. Pensemos en el anónimo protagonista de la novela de Dostoievski Memorias del subsuelo, quien acecha al oficial y lo persigue, con la idea de perpetrar su plan de venganza. Podríamos pensar que el oficial corre un grave peligro; un hombre con trastornos mentales lo persigue con la intención de hacerle daño. Sin embargo, el mismo hombre del subsuelo llega a reconocer su incapacidad para ejecutar su plan: “Reconozco que tras reiterados intentos, ya casi empecé a desesperarme. […] No sé, si todavía no estaba lo suficientemente preparado, o si no me lo proponía debidamente. […] Él, con toda su tranquilidad, pasó por encima de mí, y yo, como una pelota, me alejé volando hacia un lado”.

Amenazas puras y terroristas

"Diálogos", Platón (Gredos)
“Diálogos”, de Platón (Gredos).

Puede haber también amenazas puras y terroristas. Las puras son esas amenazas que no van más allá del simple anuncio, como cuando en La metamorfosis el padre de Gregor Samsa levanta su puño sin llegar a golpear al insecto, para atemorizarlo y hacerlo retroceder hasta su habitación. Las terroristas, en cambio, sí que conllevan el cumplimiento de aquello que se ha anunciado, ya sea con el objetivo de hacer valer un derecho o cumplir una ley, o incluso de intimidar y dar muestras de efectividad de cara a posteriores conflictos. Este es el caso de Giordano Bruno, a quien la Inquisición acusó de herejía y quemó vivo en 1600 (después de varias proposiciones de retractación), dando así una enconada bienvenida al siglo XVII. No lo quemaron solo por afirmar un modelo cosmológico en el que la Tierra girase alrededor del Sol, siendo este una estrella más en el universo, sino también por su concepción atomista, incompatible con la doctrina católica. Otro célebre ejemplo de amenaza terrorista es aquella que en el año 399 a. C. el Estado ateniense cometió contra Sócrates, acusándolo de contravenir los principios democráticos de la polis, de negar a los dioses, introducir otros nuevos y de corromper a la juventud con la divulgación de sus ideas. Tras el juicio y su defensa en los tribunales atenienses, referido por Platón en su diálogo Apología a Sócrates, finalmente es condenado a muerte, obligado a beber el veneno de la cicuta. También Platón nos detalla la muerte de Sócrates en su diálogo El Fedón.

Conocer que tipos de amenazas existen puede permitirnos identificarlas más fácilmente y de ese modo reparar mejor los peligros que suponen

Si nos aproximamos a tiempos más cercanos, la bomba que los Estados Unidos lanzó sobre la ciudad japonesa de Hiroshima constituye uno de los ejemplos más drásticos de amenaza terrorista en la historia de la humanidad, tanto así que, como apunta Marcuse, la amenaza de guerra y destrucción total planetaria es la causa de la sostenibilidad de la paz, y acaso la principal explicación de que la Guerra Fría no pasase a mayores. Aunque quizá el ejemplo más paradigmático hoy sean los atentados del 11 de septiembre en la ciudad de Nueva York, en tanto que han tenido también sucesivas repeticiones en los últimos años y constituyen un ataque a nuestra civilización.

Otras amenazas

Según Gustavo Bueno, cabe una última distinción entre las amenazas de fuente personal humana y las amenazas de fuente impersonal. Estas últimas pueden darse aun cuando sean las personas las que las dispongan, al formar parte del proceso como mero mecanismo de un “dispositivo impersonal”. La distinción entre unas y otras, como apunta, no siempre está clara. Él mismo se encarga de ofrecer algunos casos que ponen de manifiesto esta dificultad. El aumento descontrolado de población puede constituir una amenaza para la sociedad. Sin embargo, ¿a qué tipo de amenaza, según la última clasificación, pertenece este ejemplo? Por una parte son las personas que conforman una sociedad las que deciden tener descendencia, pero por otro lado, no es el caso particular el que pone en peligro a un pueblo, sino la tendencia general que, a fin de cuentas, no depende de un sujeto operatorio. Otro ejemplo citado por Bueno es aquel que, en caso de tener sentido, explicaría la caída del Imperio romano como consecuencia de la utilización del plomo en vajillas y cañerías, lo que habría producido un envenenamiento progresivo de las clases dirigentes romanas y con ello su declive. Según su origen, esta amenaza podría considerarse de fuente humana, pero por su funcionamiento y estructura sería más bien de fuente impersonal, tal como lo es un virus. La amenaza del agujero de la capa de ozono y el efecto invernadero también es difícil de clasificar en este sentido; por su mecanismo es impersonal, pero en última instancia sería la consecuencia de la contaminación producida por la industria del hombre.

Después de conocer qué tipos de amenazas existen quizá podamos identificarlas más fácilmente, y de ese modo reparar mejor en los peligros que suponen, con el fin de evitarlos o hacerlos frente de la manera más satisfactoria posible.

DEJA TU COMENTARIO

Por favor, introduce tu comentario!
Por favor, introduce tu nombre