Primero como maestro y discípulo, y luego cada uno por su lado, Carl Gustav Jung y Sigmund Freud revolucionaron el estudio de la mente. La psicología analítica de uno y el psicoanálisis del otro buscarían nuevas vías para desentrañar los secretos de nuestro subconsciente, pero en el camino terminarían destruyendo su amistad.

Dentro de la historia de las ciencias y el pensamiento, los casos de amistades destruidas por las discrepancias son bastante abundantes. Célebre es la ruptura entre Martin Heidegger y quien fuera su maestro, Edmund Husserl (fundador de la fenomenología), al que el “mago de Messkirch” marginó y humilló por su condición de judío cuando abrazó las tesis del nacionalsocialismo y tomó el cargo de rector de la Universidad de Friburgo que el régimen de Hitler le ofreció. Sin embargo, no es la única.

Una amistad fructífera
Menos rimbombante  fue la ruptura entre dos de los más importantes y célebres psiquiatras que ha dado la historia: Carl Gustav Jung y Sigmund Freud.

Hacia 1906, un joven Jung comenzó una relación epistolar con Freud, por aquel entonces un ídolo para él. Tanto era así que, poco a poco, Jung iría escalando entre los discípulos del fundador del psicoanálisis hasta convertirse en su mano derecha. Jung terminaría convirtiéndose en presidente de la Asociación Psicoanalítica Internacional y editor del Anuario de investigaciones psicoanalíticas y psicopatológicas (Jahrbuch für psychoanalystische und psychopathologische). Cuando Freud era una persona non grata en el mundo de la medicina psicológica, Jung fue uno de los que con más ahínco defendió al austríaco.

Jung terminaría convirtiéndose en presidente de la Asociación Psicoanalítica Internacional

Pero como suele ocurrir entre los no fanáticos, Jung tenía sus propias ideas y pensamientos, por lo que antes y después habían de surgir discrepancias, en el caso que nos ocupa, respecto a las teorías de Freud acerca de la libido, el incesto y la naturaleza del inconsciente.

Para Freud, la libido era una energía puramente sexual, mientras que para su aventajado discípulo era mucho más, el interés que despierta el sujeto hacia diversos objetos, la energía que explica la dinámica del funcionamiento de la psique. Además, mientras que para Freud el inconsciente tenía un cariz negativo, siendo el lugar de la mente donde se acumulan todos los escombros de nuestra consciencia -esto es, los traumas, los deseos reprimidos, las fobias, etc.-, para Jung, de nuevo, el inconsciente era mucho más y no necesariamente negativo. El inconsciente, para Jung, es también una fuente casi inagotable de saber y creatividad, un cajón de sastre con una cantidad de información casi disparatada, en la que el buen observador puede lograr extraer datos valiosísimos.

El método extremadamente racional de Freud tampoco era compartido por Jung, que consideraba que, de esa manera “cientificista”, se dejaban de lado aspectos y fenómenos que eran importantes a pesar de que no pudieran ser demostrados por la ciencia. De esta manera, Jung desarrolló la intuición como función dominante, mientras que para Freud lo era la sensación. El primero rechazaba la tendencia aceptada entre los psicoterapeutas de tipificar y rotular a los pacientes, pues opinaba que cada uno era distinto, y su enfermedad mental, única según cada caso concreto. Para Jung la terapia no empezaba y acababa en la observación de lo que estaba mal, sino que era también necesario prestar atención a lo que estaba bien y, a partir de ahí, empezar a trabajar.

La ruptura y el despertar
La ruptura no tardaría en suceder, haciéndose definitiva en 1913, cuando Freud, en una carta, le propone “que abandonemos nuestras relaciones personales enteramente”.

Jung quedó destrozado, abandonando su puesto en la Universidad de Zúrich y sufriendo un colapso nervioso que se había gestado durante meses durante el período de tensión con quien fuera se maestro y amigo.

En 1913, a raíz de sus discrepancias, Freud toma la decisión de romper, en una carta, todo contacto con Jung

Empezará entonces un periodo de oscuridad en la vida de Jung que, sin embargo, será el momento de su renacimiento como ente autónomo y original dentro del mundo de la psiquiatría. Hasta 1919 no publicaría apenas, dedicando su tiempo a su clínica privada y a autoanalizarse a sí mismo en la intimidad de la soledad. De ahí surgirían las tesis más originales que aglutinarán lo que más tarde será conocida como Psicología analítica, por la que Jung acabaría pasando a la historia no sólo como discípulo de Freud, sino también por derecho propio.

Publicó sus tesis en la que sería su gran aportación a la psicología: Tipos psicológicos, en 1920. Tras esto, emprendió largos viajes por América y África, desarrollando un enorme interés por las tradiciones, mitos y leyendas populares, suponiendo en todos ellos un influjo en el inconsciente que reforzaría su apuesta por la existencia de un inconsciente colectivo.

Algunas de estas incursiones hacia la mística, la magia y la espiritualidad restaron credibilidad a Jung, si bien no consiguieron frenar su influencia y la expansión de su escuela -de la cuál surgieron diferentes instituciones, como el Instituto Jung de Zúrich o la Sociedad Internacional de Psicología Analítica- y sus obras, de las cuáles dejó una extensísima producción.

A continuación, recopilamos algunas de sus citas más célebres, relacionados con los conceptos aquí explicados:

  • “El calzado que se ajusta a una persona le aprieta a otra; no hay una receta para la vida que se adapte a todos los casos.”
  • “Eres lo que haces, no lo que dices que vas a hacer.”
  • “Un hombre que no ha pasado por el infierno de sus pasiones nunca va a superarlas.”
  • “El conocimiento de tu propia oscuridad es el mejor método para hacerle frente a las tinieblas de otra persona.”
  • “No podemos pretender comprender el mundo sólo por el intelecto. El juicio del intelecto sólo es una parte de la verdad.”
  • “Hasta que haces consciente lo inconsciente, éste dirigirá tu vida. Y lo llamarás destino.”
  • “La creación de algo nuevo no se logra por la inteligencia, sino por el instinto actuando a partir de la necesidad interior.”
  • “El sueño surge de una parte de la mente desconocida para nosotros, pero no por ello menos importante. Y tiene que ver con los deseos para el día que se aproxima.”

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