1ª PARTE

En el presente año, se celebrará el 200 aniversario del nacimiento de uno de los hombres más influyentes de los últimos siglos, cuyas ideas provocarían un terremoto político y social como pocas veces ha visto la historia. Hablamos, por supuesto, de Karl Marx, fundador del socialismo científico (marxismo), cuyas teorías, basadas en el llamado materialismo histórico, y más tarde extrapoladas por el comunismo, sumirían a buena parte del mundo en una sucesión de dictaduras proletarias que afectarían profundamente al desarrollo de los acontecimientos de nuestra historia reciente.

Muchos son los que recuerdan la imagen física de Marx. Ese hombre fornido, robusto, de encrespada cabellera y profusa barba que le confería aspecto de león. Sin embargo, poco se conoce de su historia y su vida. El hermético comunismo trató siempre de transmitir una idea idealizada de Marx, ocultando cualquier aspecto oscuro de su vida y personalidad, de manera que durante décadas han pasado inadvertidos  muchos detalles del hombre cuyas ideas transformaron el mundo.

Hemos querido aquí hacer un repaso a esa existencia, la cual no puede entenderse, antes de nada, sin conocer la amistad que le unió con su  más cercano colaborador, Friedrich Engels. Sin él, literalmente, Marx no hubiera podido sobrevivir y cumplir su papel, de manera que dedicaremos el primer artículo de esta serie a analizar al primero de los dos pilares: Engels.

El joven leal y reflexivo

Friedrich Engels nació en Baumen, Alemania, en 1820. Era hijo de un pudiente empresario, propietario de un importante complejo textil en Manchester, así como de otros negocios diversos en su Alemania natal.

Foto joven Friedrich Engels
Foto joven Friedrich Engels

Ya en sus años universitarios, el joven Engels se vio atraído por los ambientes subversivos y revolucionarios, lo que motivó que su padre lo alejara de la universidad para darle empleo en Manchester -en la empresa familiar- de manera que más tarde pudiera hacerse cargo del imperio empresarial. Lamentablemente, esa medida tuvo un efecto contrario, pues haría nacer en él un odio creciente por el sistema fabril de la época, fijando en su mente la decisión de destruirlo.

El punto de inflexión para lograr ese objetivo llegó en 1844, en París, cuando Engels conoció a un prometedor filósofo alemán, Karl Marx, con el que pronto evidenció que tenía una visión teórica común (a saber, que la política y la historia deben explicarse a partir de las relaciones económicas, y no a la inversa). Nunca más se separarían.

Ambos filósofos, uno titulado (Marx) y el otro autodidacta (Engels), poseían una memoria privilegiada y tenían gran facilidad para los idiomas, pero ahí terminaban sus similitudes. Engels era templado, pragmático, amante del campo, dócil y feliz de complacer, así como un hombre que disfrutaba del ocio montando y criando caballos, asistiendo a tertulias y fiestas en tabernas, cuando no se encontraba en brazos de sus amantes. Pero sin duda alguna la mayor fascinación de su vida fue siempre su gran amigo, a quien veía como el nuevo Newton de las ciencias humanas. Toda la vida de Engels se dedicó a lograr Marx escribiera la definitiva ‘Biblia del proletariado’, y a conseguir que ésta se convirtiera en realidad.

Puede que el lector conozca o recuerde muchas historias de amigos que lo dan todo por otros, pero, realmente, en el caso de Engels casi sería necesario crear una palabra específica. Estuvo manteniéndole y prestándole dinero durante más de 40 años; le acompañó como exiliado por toda Europa; le permitió cobrar cheques por trabajos que él mismo había realizado; acepto la vergüenza y paternidad por un hijo bastardo de Marx; cometió fraudes fiscales en la empresa de su padre para destinarlo a los bolsillos de su familia; y a su muerte, pasó incontables horas traduciendo a un idioma inteligible los ingentes borradores de Marx (el cuál era dado, en sus notas, a irse por las ramas, mezclar teoría con insultos, usar multitud de abreviaturas e ignorar algunas reglas sintácticas) para editar las dos últimas partes de El Capital, amén de legar todos sus bienes a las hijas de Marx cuando le llegara la hora. En pago, aceptó gustosamente que únicamente se le calificara de ‘impulsor’ del movimiento comunista. Nadie recibió tan poco por tanto esfuerzo, pero su fe en Marx nunca disminuyó.

Cierto es que eran una pareja muy bien avenida. Uno, altivo y derrochador. El otro, prudente y transparente. Si bien alcanzaron cierta relevancia en los círculos intelectuales revolucionarios, tuvieron también innumerables críticos, incluso dentro del propio movimiento obrero. Mijaíl Bakunin, teórico e impulsor del anarquismo, no sentía aprecio ninguno por la pareja, a los que consideraba “intrigantes, fabuladores y totalitarios”, si bien sentía preferencia por Engels, al que veía más pragmático, menos mentiroso y menos dado  a la intriga política que Marx.

Tras seguir a Marx por media Europa, la muerte le llegaría a Friedrich Engels en 1895, víctima de un cáncer de laringe que le imposibilitó hablar durante sus últimos años de vida. Algo que, sin embargo, no eliminó su carácter afable, según sus biógrafos. Sólo y con su último aliento, Karl Marx muerto ya hacía muchos años, confesó a la hija de su gran amigo que su supuesto hijo ilegítimo (W. Demuth) no era suyo, sino de su propio padre. Un secreto que había guardado durante décadas, pues así se lo había pedido su compañero y camarada.

Hay quien ha querido ver en la labor incansable de Engels en favor de Marx un comportamiento que va más allá de la amistad. No en un sentido romántico-sexual, sino más relacionado con la psicología del sujeto. Engels nunca terminó sus estudios, ni se licenció ni doctoró -aunque es verdad que tampoco lo intentó-, algo que quizá se tradujera en una suerte de complejo de inferioridad que él mismo volcaría en Marx. Una admiración no sujeta a los logros reales alcanzados, sino cargada de fe: Engels deseaba con todas sus fuerzas que Marx llegara a donde él no había sido capaz de llegar, y creía firmemente que era el único que podía hacerlo.

Descubrir si acertó, o no, es lo que trataremos de resolver en la segunda parte de este artículo, en el que nos centraremos en el famosísimo padre del socialismo científico.

El Capital. el manga
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