¿A quién no le gusta dar y recibir regalos? Esta costumbre, tan arraigada para muchos de nosotros y que cobra especial relevancia en las fechas que estamos, es sin duda uno de los grandes alicientes -especialmente para los más pequeños- durante las fiestas de Navidad. No sólo por el regalo en sí -que también-, sino por lo que implican: la demostración simbólica de nuestro aprecio por otros, por ser quienes son, por portar valores que nosotros consideramos valiosos.

Puestos a regalar, se puede hacer de muchas maneras y con múltiples opciones, pero si hay algo que no suele fallar, y además es útil y representativo de los que amamos la cultura, esos son los libros. Salvo en casos imposibles, un libro siempre es un acierto. Incluso aquellos que nos dicen que “no les gusta leer”, el problema que tienen en el fondo es que no han apuntado bien. No han sabido nunca qué leer.

Bien es cierto que se trata de un hábito que descubrimos -y amamos- mayormente de adultos, pues entre los pequeños, salvo contadas excepciones, quedan excluidas las grandes obras maestras que podrían hacerles deleitarse con tan productivo hábito. Más aún si hablamos de obras de filosofía y pensamiento, ya que, como es natural, los menores echan a correr en cuanto pueden… ¿imaginan a un niño o joven curioseando, porque sí, la metafísica de Aristóteles? Seamos realistas 😉

Ojo, no significa que ello no les fuera de gran utilidad (un servidor ha resuelto más de un problema gracias a los principios filosóficos de Epicuro, Heráclito, Séneca, Hobbes o Rand, entre muchos otros). La vida -al menos la vida bien vivida- necesita de una brújula, de un código bajo el que estructurar nuestros pasos, y las alternativas son, o escoger uno ya preestablecido (como las religiones) o armar uno por nosotros mismos. En cualquier caso será necesario conocer qué se ha dicho y quiénes lo han dicho a lo largo de la historia.

El cómic, punto de encuentro

Volviendo al tema de la lectura, existe un formato que atrae por igual a pequeños como a grandes, que une las virtudes de la lectura con el entretenimiento de la imagen y que, sobre todo, desarrolla este hábito tan bien como cualquier novela. Estamos, hablando, como no, del cómic.

El cómic, a medio camino entre el cine y los libros, es una de las formas de narrativa más poderosas que poseemos para atraer a los pequeños al hábito de la lectura. El abanico de opciones que ofrece es enorme, y las temáticas, infinitas. Incluso los estilos de dibujo gozan de una variedad difícil de superar.

Dentro del mismo, el manga, con su tremenda popularidad y su apuesta desde siempre por el multimedia (comics, animes, cine, videojuegos, OVA´s, etc.), ofrece un enfoque terriblemente atractivo.

Imaginemos por un instante que un joven, a la edad en que se está formando su personalidad (por lo general una época errática y de profunda indefensión emocional), pudiera enfrentarse a la misma armado con las enseñanzas de Confucio. O de Lao Tsé y Sun Tzu. O Descartes, Maquiavelo, Clausewitz y Marco Aurelio. Pongámonos en la tesitura de imaginar nuestra propia vida bajo esa premisa. ¿Habríamos hecho mejores elecciones? ¿Habríamos cometido los mismos errores? ¿Hubiéramos desarrollado más virtudes? ¿Seríamos, en definitiva, más felices? Nosotros nos inclinamos a pensar que las probabilidades de ello serían altas.

¿A quién conocemos, por ejemplo, que haya leído la Biblia entera? En estas fechas, tan ligadas por definición con la religión católica, la lectura del libro sagrado de los cristianos haría que conociéramos mejor qué celebramos, por qué lo hacemos y cuál es nuestra posición personal al respecto. Viviríamos la fiesta de un modo más profundo, más auténtico. Y lo mismo que ocurre con este libro nos pasaría con todos los demás: la literatura intensifica la vida al permitirnos conocerla más intensamente.

Leer: una necesidad

Esta visión un tanto utópica de jóvenes cobijados en las enseñanzas de los grandes clásicos del pensamiento y la literatura universal está al alcance de la mano de cualquiera gracias a la colección La Otra H de Herder, y no se trata de una estrategia de marketing. Las obras que forman su catálogo están ahí; los nombres y apellidos de sus autores son los que son; y la mayoría llevan siglos, sino milenios, en boca de la humanidad por una razón: son la más alta representación de la cultura humana que hemos podido desarrollar a lo largo de nuestra historia.

Gracias a esta colección de mangas, tenemos al alcance de la mano la oportunidad de brindar a nuestros pequeños la posibilidad de conocer -al menos someramente en unas pocas horas- Canción de navidad, de Dickens; La divina comedia de Dante Alighieri; Así habló Zaratustra de Nietzsche; La Biblia, Hamlet, Crimen y Castigo, El Quijote, El Tao Te Ching, La Ilíada, La Odisea… en defintiva, lo mejor que ha salido del cerebro de la humanidad.

Si queremos vivir en un mundo en el que la cultura sea la norma, en el que seamos regidos por gente culta, inteligente y de creencias bien estructuradas, no podremos conseguirlo favoreciendo la incultura. Y si pensamos que nuestros jóvenes, mágicamente, pasarán de consumir telebasura y vivir por y para el placer a gozar de una noche de viernes leyendo a Platón frente a la chimenea…lo sentimos, pero estamos equivocados. El que quiere peces tiene que mojarse.

La lectura de los clásicos mejora nuestra vida, la de los que queremos y la de la sociedad en que vivimos. Y con ella, ¿quién sabe? Puede que algún día mejore el mundo.

Apostemos por regalar cultura. Sin duda una inversión de la que no nos arrepentiremos.

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