Como ya sabéis, En busca del tiempo perdido es una obra muy extensa y que abarca muchas temáticas… Hoy en concreto os hablaremos de la filosofía de Henri Bergson en la obra de Proust 🙂

Para empezar, hay que acercarse al pensamiento de Henri Bergson. Para este autor, el objetivo más importante de la filosofía es la captación de la realidad, enfatizando la realidad de la vida. Esta filosofía tiene interés en el conocimiento del objeto, cosa que sucede en un nivel intelectual superior, la intuición, que capta la realidad en su esencia misma. Gracias a la intuición, podemos acceder a la esencia de la vida: la duración. La noción de duración constituye el núcleo de la filosofía bergsoniana y hace referencia al tiempo auténtico, es un dato inmediato de la conciencia que se manifiesta como una fluencia en la que no hay la posibilidad de una sucesión de estados, ya que toda sucesión implicaría una ubicación en el espacio (definición extraída de Encyclopaedia Herder).

En resumen, podemos decir que el conocimiento de la realidad proviene tanto de la ciencia como de la filosofía: mientras que la primera se ocupa de los aspectos materiales del mundo, la filosofía, mediante la intuición capta el espíritu, la realidad en cuanto a conciencia y duración se refiere.

Otro aspecto importante, especialmente en la obra de Proust, es el concepto que Bergson tenía de la memoria y la relación entre cuerpo y mente. Este filósofo defendía que la memoria se encarga de recoger y guardar los aspectos de la existencia, mientras que el cuerpo, y concretamente el cerebro, es el medio que nos permite revivir esos datos mediante los recuerdos y los sueños. Esta concepción supuso toda una novedad, puesto que Bergson decía que no recordamos desde el presente el pasado, sino al contrario: vamos del pasado al presente, del recuerdo a la percepción.

Hay, según Bergson, dos tipos de memoria: la memoria breve, que es fugaz y dura apenas unos segundos o unos minutos; y la memoria duradera, que abarca periodos de tiempo más largos, a veces, toda la vida. En el primer volumen de En busca del tiempo perdido, titulado Por el camino de Swann, las constantes evocaciones del narrador a su niñez, mediante sonidos, olores, sabores y sus propios recuerdos, se enmarcarían en este apartado. El episodio de la magdalena, uno de los pasajes más conocidos de esta obra, sería un buen ejemplo de esto.

En conclusión, podemos decir que En busca del tiempo perdido es, en su mayor parte, una buena ejemplificación de la filosofía de Henri Bergson, especialmente en cuanto a la evocación de los recuerdos, puesto que es un ejercicio constante de la memoria por parte del narrador.

Esperamos que os haya gustado este pequeño acercamiento filosófico a Proust… así que ya sabéis, animaos a leer En busca del tiempo perdido, el manga 😉

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