Seguro que todos habéis estudiado, o bien en el colegio, o bien en el instituto, la Edad Media y su literatura. Uno de los conceptos literarios más conocidos de esa época es el amor cortés, que llega hasta Cervantes, quien lo refleja (o lo parodia) en don Quijote y su amada, Dulcinea del Toboso. Pero… ¿qué características del amor cortés podemos encontrar en el Quijote? Hoy os animamos a descubrirlas (o repasarlas 😉 ).
   El amor cortés tenía lugar entre personas de la nobleza. Tenía un carácter platónico y místico. Un noble, casi siempre un caballero, se enamoraba de una dama que siempre era superior a él en cuanto a estatus social y, más importante todavía: debía ser una mujer casada. El enamorado tenía que demostrar sus sentimientos mediante composiciones poéticas y gestas heroicas. Además, su amada podía pedirle lo que quisiera y él no podía negarse a ninguna de sus peticiones. 
   La dama era siempre una mujer muy bella y de grandes cualidades que siempre se mostraba distante, cosa que hacía sufrir a su enamorado, que se lamentaba de su crueldad y desdén. La relación entre el caballero y la dama se parecía mucho a la de un vasallo con su señor. En contadas ocasiones, el enamorado podía llegar a comunicarse con su amada, pero muy pocas veces llegaban a consumar la relación. 
   Si nos centramos en la novela de Cervantes, podemos comprobar que don Quijote encarna a la perfección el papel del caballero enamorado. Cuando decide hacerse caballero, una de las primeras cosas que hace es buscar una dama de quien enamorarse y a quien servir y encomendarse. La escogida es una labradora, llamada Aldonza Lorenzo, a quien don Quijote otorga el nombre de Dulcinea del Toboso. Esta Dulcinea es un cúmulo de perfecciones y cumple con todos los requisitos que debía tener una dama. Sin embargo, la realidad es muy distinta: Aldonza Lorenzo es una mujer que trabaja en el campo, de la cual se dice que “que tuvo la mejor mano para salar puercos que otra mujer de toda la Mancha”. 
   Don Quijote se lamenta de la indiferencia y el desdén de Dulcinea, se encomienda a ella antes de una batalla (ya sea contra arrieros o contra molinos-gigantes) y, siempre que vence, pretende que su rival se presente ante Dulcinea, reconozca su hermosura y le cuente las valientes hazañas que acomete don Quijote por ella.

   Como buen caballero andante, don Quijote ha de defender la hermosura y superioridad de su dama ante todas las demás. Por esta razón se enfurece con Sancho Panza cuando éste le insta a casarse con la princesa Micomicona, alegando que supera en gracia y hermosura a Dulcinea. 
   Otro elemento del amor cortés que podemos encontrar en el Quijote es el de la penitencia amorosa. El caballero que era desdeñado por su dama tenía dos opciones: hacer locuras para llamar su atención o hacer penitencia. Don Quijote, imitando a Amadís de Gaula, opta por la segunda opción y se adentra en lo más profundo de Sierra Morena donde llora, grita, se azota y se lamenta del olvido de Dulcinea. Mientras tanto, envía a Sancho al Toboso con una carta para ella, y para que le explique la penitencia que está haciendo. 
  Don Quijote siente por Dulcinea un amor humilde (siempre se reconoce inferior a ella) y desinteresado (nunca contempla la posibilidad de casarse con ella). Es un tipo de amor muy fiel y casto, sin ningún tipo de interés sexual, lo cual difiere del amor cortés en general, donde siempre se buscaba la relación sexual (que podía llegar, o no). 
   En conclusión, son muchos los elementos del amor cortés que podemos ver imitados (y ridiculizados) en el Quijote. Esperamos que os animéis a leer Don Quijote de la mancha, el manga, pues, ¿a quién no le gusta una buena historia de aventuras y de amor? 😉 

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