En el blog de Damián Marrero, profesor de filosofía en secundaria, podemos leer lo siguiente:
La cosa nietzschena sigue dando para mucho. Después de haberlo visto anunciado en una red social conseguí hoy hacerme con un ejemplar de la versión manga del Así habló Zaratustra, de Nietzsche (Herder 2011). Sí, como lo leen, versión manga. Nunca he sido aficionado a este género de cómic, me resulta una estética ajena, fría y cargante. Puede que la tenga asociada a esos infaustos dibujos animados que poblaron las cadenas de TV hace poco o que esté demasiado llenos de prejuicios -que también puede ser. Pero la curiosidad me podía y ahora que ya estamos de nuevo con las clases de Nietzsche en 2º de bachillerato no me resistía a llevarles a mis alumnos este curioso ejemplar.
En este librito se plantea un supuesto Zaratustra joven antes del momento, podríamos decir, que irrumpe en escena con la buena nueva del superhombre. El guionista presenta un conflicto con un hermanastro abandonado y recogido en una iglesia por su padre pastor que personifica la moral de los siervos. La figura enigmática de una joven y voluptuosa mujer, Salomé (nombre nada inocente desde varios puntos de vista) representa el lado carnal y rabiosamente vital que arrastra al joven Zara hacia el otro lado de la existencia. Claramente no puede dejar de ser una historia sobre el conflicto entre los valores cristianos y la nueva moral que proclama Zaratustra, con el anuncio fundamental, la “Muerte de Dios”, como telón de fondo. Es también la historia de la metafórica transformación del espíritu de camello cristiano en el león que se rebela y, finalmente, en el niño que es radicalmente inocente. El joven Zaratustra parece en el cómic una versión dieciochesca del protagonista de La naranja mecánica, violento y destructivo, atrapado inicialmente en las diferentes formas del nihilismo. Supongo que este es el espíritu provocador que le hubiera gustado a Nietzsche, aunque esto sería aventurar demasiado. Hay que tener clara una cosa: al final no deja de ser un cómic con todas las licencias habidas y por haber. Lo bueno es que sabemos que a estas alturas los clásicos están para lo que están: para malearlos a gusto y hacer con ellos mangas si hace falta, con bigotes de Nietzsche de regalo (Herder lo hizo, no es broma, oiga). ¡Como Dios ha muerto viva la iconoclastia! 
Nos alegra mucho saber que además de los aficionados al manga, los estudiantes y profesores de Filosofía también se sienten atraidos por el libro y tal vez puedan usarlo en alguna de sus clases para motivar la lectura de Nietzsche y de otros autores entre sus alumnos.

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