Por Francesco Ochetta S.I.

El volumen de Federico Badaloni [1], responsable del área de arquitectura de la información y User experience designer de la división digital del grupo editorial L’Espresso, profundiza sobre el nuevo ecosistema de la información. Esto incluye Internet, pero va más allá del límite de lo que llamamos «lo digital», porque la red es, según el autor, lo que permite a las personas y a los objetos de nuestro mundo conectarse y dialogar.

La premisa implícita desde la cual se mueve Badaloni es que la información ahora ya está pensada más allá del vídeo, el audio y el papel: en la era de la permeabilidad y de la interconexión, cada superficie es ahora ya —o al menos en potencia— una pantalla sobre la cual ver y ser vistos, leer y ser leídos, escuchar y ser escuchados. Las pantallas son hoy lugares de relación, solo en parte utilizados para una fruición pasiva de contenidos.

A partir de aquí se abren algunas preguntas: ¿cómo se produce, distribuye y se encuentra la información? ¿Cuáles son las condiciones para poder fiarnos de una noticia? ¿De qué modo nace la confianza en la red? ¿Cuáles son lo comportamientos más difundidos de las personas conectadas? ¿Qué hacemos para expresar y dar significado y sentido en el ambiente digital? En suma, ¿es posible hacer mejor el mundo construyendo nuevas arquitecturas de comunicación?

Las cuatro partes del libro

En la primera parte del volumen se describe el cambio cultural que ha experimentado la información: de una arquitectura de comunicación lineal, como la de un periódico, se ha pasado a la arquitectura de forma reticular, que caracteriza un sitio web.

En la red, el tiempo y el espacio asumen un nuevo significado antropológico, la metáfora del camino lineal con su certezas deja espacio a los imprevistos de la navegación en el mar de la red.

Cuando se vive en un ambiente donde está permitido un solo recorrido entre las informaciones, como por ejemplo la estructura de un telediario o la primera página de un periódico, uno está obligado a adoptar un recorrido lineal de información. En un ambiente donde los recorridos posibles son infinitos porque vivimos en una arquitectura que llamamos «red», es necesario encontrar el equilibrio no solo con las oportunidades pensadas por los proyectistas de los ambientes, sino también con la capacidad de escoger. También está en la red el arte del discernimiento que permite distinguir el bien del mal, lo conocido de lo desconocido, lo humano de lo inhumano. Por eso es útil preguntarse: ¿cómo orientar las elecciones en la red? ¿Cómo diseñar ambientes de comunicación que nos hagan más libres?

El paso de la línea a la red redefine también nuestras comunidades sociales y políticas. En un ambiente de red, la confianza se construye a través de las conexiones. Todo esto sucede porque ha cambiado el ecosistema de la información: la linea recta de la información —precisa el autor— ha dejado paso al gráfico, que se compone de nodos y arcos. Así, la arquitectura de nuestra realidad vuelve a ser aquel gráfico que ha caracterizado el saber y las informaciones transmitidos desde los monasterios medievales, o el sentido de la fachada de la catedral de Notre-Dame de París, la composición de la Ilíada y de la Odisea. El valor de la información depende tanto de su calidad como del contexto en el cual se da; se enriquece de significado cuando se relaciona con otros.

Es la teoría del grafo, en la cual, además del nodo —una pequeña parte de información—, el arco conecta la relación entre los nodos, y el valor de la información es la suma de los nodos y de los arcos. El hecho de que Gutenberg haya producido la línea recta de la información ha sido, según el autor, un gran paréntesis. Por lo demás, ¿con qué criterio es posible determinar una noticia como más relevante que otra? Badaloni responde citando al físico Carlo Rovelli: «Pensar el mundo como un conjunto de objetos parece funcionar cada vez menos. Un objeto existe como nodo de un conjunto de interacciones, de relaciones». Conocer es «el resultado de nuestro poner en relación las cosas. Los sitios web y las aplicaciones son sustancialmente infraestructuras para conocer a través de experiencias de relación»; El medio ya no es, como afirmaba McLuhan, el mensaje, porque, según Badaloni, «en la red el mensaje está dotado de alas».

La segunda parte de libro describe el rol que la «buena fe» desarrolla tanto en la comprensión del significado de una información o de un producto, como en el de asignar un valor a una información o a un producto, como para reunir a las personas alrededor de una información o de un producto. El autor sostiene que «somos aquello que conectamos». Cada objeto del mundo es comprendido solo si se está conectado. Internet, el gran sistema nervioso de nuestra realidad, ayuda a «comunicar, comprender, transformar y crear». Objetos como las gafas o los coches pueden recibir y redistribuir informaciones, porque vivimos en «un mundo conversacional», en el cual Internet da voz a los objetos alrededor de nosotros para conectarlos entre sí. Se entiende el mundo a través de la percepción de las cosas de las que está hecho: «Más que un medio por sí mismo, Internet actúa como un creador de medios que nos habilita para comunicar, entender, transformar y crear nuevos ambientes en los cuales habitar».

Proyectar estos ambientes informativos —explica Badaloni en la tercera parte del volumen— significa considerarlos como «ecosistemas», es decir, como ambientes particulares en los cuales hay un continuo intercambio de energía, que está hecha de informaciones, y un equilibrio, que es fruto del dinamismo mismo del sistema. Son estas las dos características que permiten al ambiente de ser resiliente y habitable para los hombres, porque les permite construir relaciones con los objetos y con las personas que forman parte de él. Entender cómo proyectar en base a estas características es fundamental para pensar, narrar y vender un producto. Cualquier evento social ocurre ahora a través de la gestión de la comunicación en la red. Por eso el periódico The Washington Post ha contratado recientemente 40 ingenieros que colaboran con los periodistas.

Pero hay más: la noticia periodística adquiere un valor económico solo si está pensada desde una arquitectura de la información que hace del contenido una fuente de relación con ambientes, redes y comunidades de referencia. En otras palabras, «el valor económico del contenido crece en función de la capacidad de una información de pasar de persona a persona. […] El “partido” se juega efectivamente no solo en la producción del contenido, sino también en hacerlo aparecer en el lugar y en la forma mejor respecto al contexto, a las características y a las necesidades de una determinada persona».

La última parte del libro ilustra un método práctico para proyectar sitios web, aplicaciones y ambientes físico-digitales. El caso de estudio escogido es el sitio web que el autor ha creado para el centenario de la primera Guerra Mundial, basado en diarios de los soldados, conservado en el archivo nacional de Pieve Santo Stefano.

¿A quién se dirige el volumen?

El volumen tiene como interlocutores naturales los actores del campo de la comunicación: periodistas, editores de social media, oficinas de prensa, portavoces y todos aquellos que tienen necesidad de comunicar de manera profunda y multicanal. La propuesta se basa en la antropología personalista y desafía el positivismo de muchos arquitectos de la información y user experience design a enfrentarse para entender sobre qué valores en juego se basa hoy la información. La tenaz defensa, por parte de Badaloni, de valores para el mundo de la red —confianza, habilidades, participación, solidaridad— podría en primera medida acreditarlo como irenista. Por el contrario, es sobretodo el realismo de lo técnico lo que hace de él también un educador preparado para proporcionar las claves de lectura humanas para reforzar las competencias de planteamiento y la construcción de ambientes informativos complejos, como sitios web, aplicaciones, juegos, software en general, o para proyectar ambientes físico-digitales, como aeropuertos, estaciones, infraestructuras ciudadanas.

Cierto, el volumen es denso: profundiza en el modo con el que se obtienen valores desde los archivos: cómo definir las taxonomías (las palabras clave que sirven para archivar y gestionar los datos) y proyectar de la mejor manera las interacciones entre las personas y las informaciones.

También el modo de producir el volumen en sí es experimenta, ya que solo puede ser adquirido online o en el blog del autor. La elección impide una amplia distribución, pero hace que se impriman solo las copias solicitadas y se busque la obra sobre una base de confianza.

 

1. F. BADALONI, Architettura della Comunicazione. Progettare i nuovi ecosistemi dell’informazione, Roma, 2016 (libro publicado por el Autor. Texto exclusivamente en italiano).

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