A raíz de los últimos acontecimientos sobre el Boko Haram en torno a la liberación de 82 de las 276 niñas de Chibok secuestradas por dicha secta islamista, hemos querido recoger en nuestra revista cultural el artículo de Gabriel Ujah Ejembi S.I. publicado hace un par de meses en el número 3985 de La Civiltà Cattolica italiana, para profundizar en la historia del Boko Haram y en torno a esta desconocida ideología secesionista.

por Gabriel Ujah Ejembi S.I.

Introducción

Nigeria, el gigante de África —por lo menos en términos de población y de economía—, es un país heterogéneo al que sigue costándole todavía recoger los frutos de su diversidad. Desde el norte, en gran parte habitado por personas de lengua hausa, donde se practica la religión islámica, hasta el este, densamente poblado por los igbo y con una rica tradición cristiana, el oeste, ocupado por los yoruba con una mezcla compuesta de adherentes al islam y al cristianismo, y el sur, rico en petróleo y caracterizado por contar con numerosas tribus menores poco numerosas y por la práctica de la religión cristiana, se contrastan variadas culturas y grupos étnicos, pero también diferencias en el desarrollo de las infraestructuras.

Tales diferencias han sido siempre evidentes, porque en el momento en que Nigeria obtuvo su independencia —en 1960—, fueron las tres tribus principales las que dictaron la plataforma política y las que se enfrentaron para obtener el poder y los puestos de honor en la política: los igbo del este, los hausa del norte y los yoruba del oeste. El refrán «en la variedad está el gusto» es, tal vez, verdadero en algunos países, pero en Nigeria sucede lo contrario. Los nigerianos no han celebrado su variedad de tribus, etnias y religiones como una bendición. Consecuentemente, la política se ha convertido en un proyecto tribal y religioso más que en una práctica tendente a la unidad y a la promoción de los intereses nacionales. Esta incapacidad de promover el interés nacional crea un terreno favorable al surgimiento de ideologías secesionistas, como Boko Haram (califato islámico) y Biafra.[1]

Estas ideologías tienen raíces antiguas. La historia de Nigeria está salpicada de violencia étnico-religiosa y de descontentos políticos. Después de la Guerra de Biafra (1967-1970), las recientes actividades de Boko Haram marcan una intensificación de la violencia religiosa dirigida a amenazar la soberanía, la integridad territorial, la paz, el desarrollo y la estabilidad del país. En los continuos atentados de la organización Boko Haram se pone en evidencia una nueva crisis, muy difícil de gestionar en términos tanto económicos como éticos.

La aparición de Boko Haram

En la mayoría de los países africanos se proyectan todavía las sombras de su historia colonial. Es una opinión compartida que las personalidades débiles ofrecen un terreno fértil a los favoritismos. Cuando nuestros antepasados coloniales, los ingleses, estaban amplia y directamente implicados en la administración del Estado nigeriano, se valían de una exigua élite gubernamental compuesta por personas civilizadas según los estándares británicos occidentales. Esto comportó la simultánea y automática creación de otra categoría de personas, no civilizada.

En el norte, donde predomina el islam, la religión fue empleada como medida de valoración para indicar la división entre las personas civiles y las no civiles. Dado que las personas civiles están profundamente influenciadas por los valores y las culturas occidentales, y teniendo en cuenta el hecho de que el mundo occidental está modelado por tradiciones cristianas, los denominados «musulmanes civiles» han sido vistos como seguidores de una forma pervertida del islam, marcada por la corrupción en las prácticas políticas. Lamentablemente, la distinción entre cristianismo y valores occidentales no ha sido nunca bien percibida por esos musulmanes, que han vinculado la civilización occidental con un proyecto de cristianización.

Esta errónea interpretación y representación fue el principio que guio a Mohammed Yusuf, conocido como el fundador de Boko Haram.[2] Umar Mamodu, historiador de Boko Haram, describe a Yusuf como un discípulo del importante jeque Jaafar Adam en la mezquita Mahammadu Ndimi, en Maiduguri, del estado de Borno, que se encuentra en la parte noroccidental de Nigeria.[3] Pero, mientras que el jeque Adam sostenía una interpretación moderada de las revelaciones coránicas, Yusuf promovía por su parte una variante agresiva. Esta divergencia de interpretaciones condujo a la expulsión de Yusuf de la mezquita Ndimi.

Yusuf, firme en sus convicciones, inicia entonces una mezquita propia con algunos grupos de personas y dirige sus enseñanzas principalmente a atraer alumnos de la escuela primaria y secundaria. Su mensaje es «Boko Haram», es decir, la educación occidental (Boko) es un pecado (Haram). Desde el punto de vista ideológico, Boko Haram se contrapone no solamente al modelo educativo de Occidente, sino también a su cultura y a su ciencia.[4] El nombre oficial de la organización, según sus declaraciones, es Jamaiatu Ahlis Sunna Lidda’awata Wal-Yihad, que puede traducirse como «Personas comprometidas para la propagación de las enseñanzas del profeta y para la yihad». Nótese la inserción de yihad, término clave en el islam, pero que Boko Haram interpreta erróneamente como propagación de la fe a través de medios violentos.

En cuanto grupo organizado, Boko Haram persigue lo imposible, a saber, la islamización completa de Nigeria a través de la imposición de la sharía, la ley islámica, y la creación de un Estado Islámico.[5] Su estrategia es el derramamiento de sangre a través de: 1) el secuestro de personajes nigerianos importantes y de ciudadanos extranjeros; 2) bombas y atentados contra sedes del Gobierno federal y de instituciones internacionales, como Naciones Unidas; 3) atentados suicidas dirigidos a víctimas inocentes entre los fieles de la Iglesia, los estudiantes de los campus y los comerciantes en los mercados. Objetivos de ese tipo, como las instituciones federales e internacionales y las personas indefensas, constituyen una estrategia pensada para llamar la atención.

Teniendo en cuenta su ideología, su filosofía y su estrategia, Boko Haram puede considerarse, con palabras de Abimbola Adesoji, como «una revuelta islamista surgida en Nigeria por el descontento político y religioso».[6] Esta organización recluta adeptos en los estados septentrionales de Nigeria, sobre todo entre los jóvenes insatisfechos y desocupados, así como entre los niños de la calle, los almajiris.[7] En cuanto grupo, explota la profunda crisis religiosa nigeriana para impulsar a los jóvenes a apoyar su acción.

Religión y política siguen siendo sustancialmente inseparables en Nigeria. En efecto, se puede decir que Boko Haram aprovechó el cambio del panorama político[8] utilizando el descontento como cabalgadura para alcanzar fines políticos y religiosos. La violencia promovida por esta organización se describe como una guerra santa contra los infieles. Eso confiere motivaciones religiosas a sus atroces acciones.

Esta consideración se hace eco de las reflexiones de Jessica Stern, autora de un libro en el que muestra las circunstancias y «las recriminaciones que hacen surgir la guerra santa».[9] Según ella, entre estos factores se cuentan la incapacidad del Gobierno de brindar los servicios básicos, la cultura de la violencia, el creciente número de jóvenes desocupados y la humillación.[10]

Cuando Nigeria abrazó la democracia en 1999 y Olusegun Obasanjo se convirtió en jefe del Estado, Mohammed Yusuf y su organización apoyaron al Gobierno electo del estado de Borno y a su gobernador, Mala Kachalla. Yusuf esperaba que Borno aplicase la ley islámica en sentido estricto. Como tal cosa no sucedió, se sintió traicionado y lanzó una campaña violenta contra el estado de Borno.

Ese mismo año su proyecto recibió un fuerte impulso porque, en octubre de 1999, el gobernador Ahmad Sani Yerima, instigado por Estados islámicos como Arabia Saudita e Irán, proclamó la institución de la sharía como la única legislación penal válida para el estado de Zamfara. Dicha ley entró en vigor el 1 de enero de 2000. La intención del gobernador era purificar la sociedad de la decadencia.[11] Otros estados miembros de la Federación nigeriana siguieron el ejemplo del estado de Zamfara. Hoy la sharía está en vigor en nueve estados, y otros tres estados federales contienen provincias en las que rige la sharía, si bien la constitución de Nigeria, en su artículo 10, afirma: «El Gobierno de la Federación o de uno de sus estados no adoptará ninguna religión como religión de Estado».[12]

Alentado por el gobernador Yerima, Yusuf intensificó su revuelta ampliándola a cinco estados del norte: Bauchi, Borno, Kano, Katsina y Yobe. En 2009 fue capturado cuando su grupo enfrentó y derrotó a la policía nigeriana. Murió mientras estaba bajo custodia de esta. Su muerte violenta ha suscitado un Boko Haram aún más brutal bajo la guía de Abubakar Shekau.

Entre las principales causas que favorecieron la llegada de Boko Haram, aparte de las motivaciones religiosas, hay que subrayar la inestabilidad social, debida a la mala gestión de gobierno y a la crisis de autoridad. Lucky Asuelime, Ojochenemi David y Hakeem Onapajo subrayan fuertemente este segundo componente sosteniendo que «condiciones como la pobreza, la explosión demográfica, la desigualdad social y la exclusión, la expropiación y el resentimiento político, como también la opresión y las violaciones de los derechos humanos deben considerarse como las variables independientes de las que depende el surgimiento de una organización terrorista».[13] De modo que estos rencores y estas condiciones subyacentes son un factor central para comprender por qué Boko Haram emergió en la parte nororiental de Nigeria, donde las condiciones sociales son pésimas.

Nigeria: la política y la economía

Nigeria es un Estado federal compuesto por 36 estados y el territorio de la capital, Abuya. Habitualmente el Estado es una organización que mantiene relaciones formales e informales con otras organizaciones dentro de una sociedad determinada. En esta sociedad concreta el Estado es considerado como la forma más alta de autoridad, porque tiene el monopolio del poder a fin de garantizar el buen funcionamiento de la vida social y así prevenir la anarquía. Para que pueda prosperar debe estar en condiciones de gestionar de manera eficaz su economía, es decir, la producción y el consumo de bienes y servicios. Por este motivo, entre el Estado y la economía debe haber una relación sana. Olaitan observó, con razón: «Cualquier sociedad sucumbe si deja de producir la riqueza material, porque la producción del bienestar material es la base de la vida y del desarrollo de toda sociedad».[14] En otras palabras, del Estado se espera que comprometa su poder político para reforzar la economía de la sociedad.

Pero en Nigeria esta relación entre Estado y economía no ha sido ni bien instituida ni bien sincronizada: la economía promueve allí sobre todo los intereses de las multinacionales y de los inversores extranjeros, mientras la mayor parte de los nigerianos permanece en condiciones precarias. Esta situación se ha creado desde que se quiso basar la economía nigeriana en el petróleo. Como consecuencia, otras actividades que habían generado beneficios antes del descubrimiento del petróleo, como la agricultura (ámbito en el que los propietarios son en su mayoría nigerianos), fueron interrumpidas.

La agricultura había sido la principal fuente de beneficios en Nigeria hasta el año 1970: más del 80 por ciento de su economía se alimentaba de las actividades agrícolas. En efecto, como escribe Walker, «aparte de ser el primer productor mundial de cacahuetes, Nigeria era el segundo productor de cacao a nivel mundial, como también el primer exportador de goma, pieles y algodón».[15] El nacimiento de la economía petrolífera puso fin a la economía agrícola.

A partir de entones Nigeria se ha visto obligada a depender de productos extranjeros para el consumo local. La consecuencia del derrumbe del sector agrícola es que el país debe importar hasta la comida necesaria para alimentar a su población. Además, las refinerías nigerianas no trabajan al máximo de su capacidad. En consecuencia, Nigeria exporta petróleo crudo, poco remunerativo, e importa productos refinados de naciones extranjeras. Así se convierte en una nación consumidora, incapaz de producir lo necesario para el bienestar de sus ciudadanos.

Hasta el día de hoy el petróleo ha sido la columna vertebral de la economía nigeriana y, puesto que la caída del precio es una gravísima amenaza para los países que dependen del crudo, se prevé que Nigeria se deslizará aún más hacia el caos, y las consecuencias podrán extenderse desde el renacimiento de grupos militantes hasta perennes conflictos sociales. La reactivación del vandalismo contra los oleoductos y la intensificación de la ideología secesionista en la parte oriental de Nigeria son una confirmación de lo dicho.

Cuando la que sostenía la economía nigeriana era la agricultura, todos los territorios de Nigeria podían entrar en juego fácilmente. En cambio, ahora la economía petrolífera está concentrada en la región del delta del Níger, por lo que no se distribuye en todo el país. Esto implica que la fácil riqueza obtenida con el petróleo no se extiende hacia el norte, dejando así las zonas septentrionales del país subdesarrolladas y en constante crisis social. Las élites políticas, aun disponiendo de los fondos provenientes de los ingresos del petróleo, no los utilizan ni los gestionan bien. No es de extrañar, pues, que los que sostienen la tesis del fracaso del Estado hayan visto con razón en la incapacidad del Estado nigeriano para afrontar las exigencias socioeconómicas y las aspiraciones políticas de su población el motivo que ha permitido el surgimiento de Boko Haram.[16] Sin ayuda externa alguna para apoyar a los agricultores, la región septentrional de Nigeria no puede tener una actividad económica productiva.

Además, a una escala más amplia, la capacidad de exportación de Nigeria ha descendido enormemente en función del eventual apoyo acordado a actividades no agrícolas. Consecuentemente, el naira nigeriano se ha desvalorizado y, hoy en día, la inflación es elevada. Con el aumento de la inflación muchos nigerianos han perdido el trabajo, y de ese modo la vida se hace cada vez más insoportable.

Con el paso de los años la economía nigeriana basada en el petróleo ha hecho que la corrupción aumente, porque los ingresos de las ventas petrolíferas han transformado a muchos actores políticos en ricos propietarios, y esas ganancias han servido solamente a sus intereses y a los de las empresas extranjeras. Últimamente el presidente de Nigeria, Mohammed Buhari, está procurando recuperar el dinero robado por los líderes políticos corruptos de Nigeria.

Sin duda, la corrupción no puede considerarse un fenómeno exclusivo de Nigeria, desde el momento en que se trata de un problema universal. No obstante, en este país está muy difundida y es casi incontenible.[17] Esta es la razón por la cual, según Michael M. Ogbeidi, «si en 1990 la corrupción era endémica, desde el retorno de la democracia, en 1999, se ha vuelto legendaria».[18] En la práctica, una Nigeria sin corrupción estructural y sistemática se ha tornado en una quimera. En este país la corrupción ha provocado resentimientos incontrolables que ahora son utilizados como justificación para sostener las despiadadas y continuas actividades terroristas de Boko Haram y de otros grupos militantes.

Boko Haram: misión y estrategia

Es un hecho que, desde la sangrienta guerra civil de 1967-1970 y, en particular, a partir de 2009, el extremismo y la violencia de Boko Haram han estallado de una manera que no tiene precedentes en Nigeria. Por otra parte, Boko Haram es solo el punto culminante de una actitud predominante en la historia del norte de Nigeria. Este territorio no ha favorecido nunca el estilo de instrucción occidental, y allí los asentamientos misioneros fueron prohibidos por temor a que seguidores del islam se convirtieran al cristianismo. A las familias musulmanas se les pide convencerse de que la instrucción coránica es la mejor para sus hijos, porque infunde en ellos la formación necesaria para enfrentar a la sociedad corrupta y pecaminosa de Nigeria.

Boko Haram es teocrático en la ideología y en la misión. Rechaza el secularismo en cualquiera de sus formas, también en el liderazgo político, y combate por un Estado islámico. Su objetivo es, en síntesis, reemplazar radicalmente el orden sociopolítico del Estado nigeriano por un sistema gobernado por la sharía,[19] y la meta no consiste solamente en sancionar la ley de la sharía, sino en garantizar que sea ejecutada de la manera más rigurosa.

Esta era, al parecer, la intención de su fundador. En efecto, cuando en 1999 más de diez estados septentrionales de Nigeria legalizaron la práctica y la aplicación de la sharía en sus territorios, Boko Haram no se dio por satisfecho. Los miembros de este grupo consideran que una aplicación de la sharía a nivel nacional los ayudará a alcanzar sus objetivos, dado que, según ellos, no solamente el norte, sino todo el país ha sido devastado por los valores occidentales. Su deseo es que la ley de la sharía tenga un papel purificador y barra de Nigeria a los malos gobernantes y la corrupción, reemplazando los valores occidentales por los de la religión islámica.

Al comienzo Boko Haram se presentó como un grupo que combatía al Gobierno de Nigeria y sus instituciones en cuanto envenenados por la corrupción. Era una afirmación estratégica dirigida a conquistar la admiración y el apoyo públicos, para estar en condiciones de acrecentar sus filas enrolando a muchos jóvenes que compartían su ideología. Más tarde, el grupo sostuvo la idea de que todo lo que fuese cristiano debía ser tratado como occidental. En consecuencia, comenzó a poner en la mira las iglesias y a obstaculizar el culto público de los cristianos.

Una ulterior transformación lo llevó a atacar a personas indefensas, como los comerciantes en los mercados, los estudiantes en las universidades, así como otras instituciones, preferentemente las cristianas.[20] Boko Haram ha cometido atrocidades también en las aldeas, donde la seguridad es mucho más precaria, para reclutar miembros y reunir víveres y bienes.

Los actos de barbarie cometidos por Boko Haram son inhumanos y han segado miles de vidas inocentes sin contribuir en modo alguno a frenar la crisis. Por ejemplo, el 16 de abril de 2013 llegó la noticia de que 37 personas habían sido asesinadas en una sola incursión en la comunidad baga. En mayo de 2013 los terroristas atacaron cuarteles del ejército en Bama, mataron a 50 personas e hicieron evadir a 105 detenidos de la cárcel local. El 12 de julio de 2013 fueron masacrados los estudiantes de una escuela secundaria en Damaturu. Dos semanas después, en Mamudo, en el estado de Yobe, tuvo lugar otra masacre de 33 estudiantes. El 17 de septiembre del mismo año 161 personas fueron asesinadas en el curso de un ataque a civiles en la ciudad fronteriza de Benisheik, en el estado de Borno. Pocos días después, el 20 de septiembre de 2013, 42 estudiantes de la Facultad de Ciencias Agrarias en Gujba, en el estado de Yobe, fueron masacrados durante un raid nocturno. El 2 de diciembre de 2013 los militantes de Boko Haram organizaron ataques temerarios contra formaciones de la Fuerza Aérea y estaciones de policía en Maiduguri, matando a decenas de personas, destruyendo aviones de combate e incendiando varios edificios. El 20 de diciembre de 2013 los militantes del grupo organizaron un raid contra un cuartel en Bama, donde hubo decenas de muertos.[21] Los feroces asaltos de Boko Haram continúan y hacen necesaria una intervención inmediata y eficaz del Estado para frenar esta alarmante crisis nigeriana.

Las niñas desaparecidas de Chibok

Nigeria está esforzándose todavía a nivel internacional para reconstruir su imagen después del secuestro de las 276 estudiantes de la escuela secundaria estatal de Chibok, en el estado de Borno. Fueron secuestradas el 14 de abril de 2014 en sus dormitorios, poco antes de la medianoche. Esta dolorosa historia nos hace ver los efectos traumatizantes de la revuelta acaudillada por Boko Haram: los rostros de las niñas de Chibok simbolizan el horror orquestado por los insurgentes islámicos del noreste de Nigeria.

El de las estudiantes desaparecidas en Chibok es solo uno de los innumerables episodios en los que miles de otras mujeres anónimas han sido raptadas, brutalmente tratadas, violadas y compartidas como «esposas» de los revoltosos. Ha habido casos en los que personas raptadas fueron enviadas en misiones suicidas.

En un primer momento el Gobierno del presidente Goodluck Jonathan consideró el rapto de las estudiantes de Chibok como una acción consumada por adversarios políticos para desacreditar su administración. En lugar de empeñarse por reunir informaciones e informes de inteligencia, perdió tiempo y energías en condenar a sus adversarios. Y, todavía en fecha reciente, el gobernador del estado de Ekiti, Ayodele Fayose, afirmó que no ha desaparecido ninguna estudiante y que la historia de las chicas raptadas formaba parte de una estrategia política para derrocar al Gobierno del presidente Goodluck Jonathan. Ayodele Fayose lo dijo el 31 de marzo de 2016 con ocasión de la apertura de un seminario de dos días sobre «Potenciación de las capacidades de los aspirantes políticos», organizado por Women Arise for Change Initiative.[22]

A diferencia de su predecesor, el presidente Mohammed Buhari dio motivos de esperanza. Durante la campaña electoral se comprometió a hacer todo lo posible para salvar a las niñas. No obstante, a un año de su asunción del gobierno, Nigeria no es aún capaz de dar noticias precisas sobre estas. Por otra parte, hay que reconocerle a la administración del presidente Buhari el haber recuperado muchas ciudades que habían caído en manos de los insurgentes y haber salvado a muchos prisioneros.

Mientras la atención de gran parte del país y del mundo entero ha disminuido mucho, la preocupación por las niñas ha sido mantenida viva por el pequeño pero tenaz Bring Back Our Girls, un movimiento con sede en Abuya y con filiales tanto en Nigeria como en el exterior.

Pero esto no basta para obtener informaciones atendibles que permitan saber dónde están las niñas de Chibok y si todavía viven.

Hace relativamente poco, el 21 de marzo de 2016, el diario nigeriano Vanguard refirió que el ex alto comisionado británico para Nigeria, Andrew Pocock, habló de episodios estremecedores de los que según él fueron víctimas las niñas de Chibok: que fueron violadas y utilizadas como esclavas sexuales.[23] Dijo también que, poco después de su secuestro, agentes británicos y estadounidenses habían identificado a más de 80 niñas en la selva Sambisa. Ellos no pudieron hacer nada para salvarlas porque el Gobierno nigeriano no había pedido ayuda y, además, las niñas eran utilizadas como escudos humanos: cualquier tentativa de liberarlas habría tenido un resultado catastrófico.

La desaparición de las 276 niñas de Chibok ha puesto en evidencia la debilidad del Gobierno de Nigeria, de su ejército y de su red informativa. Ahora el Gobierno tiene que multiplicar los esfuerzos para poner fin a esta situación. El presidente Buhari debería asegurar que la nueva comisión creada para trabajar en la liberación de las niñas haga públicas sus relaciones y sus conclusiones. El Gobierno de Nigeria tiene una absoluta necesidad de desarrollar una documentación detallada sobre todas las personas desaparecidas y de asumir su responsabilidad por ellas.

El camino justo

Para poner fin a la revuelta de Boko Haram el Gobierno de Nigeria se ha concentrado en las acciones militares. Si bien han registrado algunos éxitos, tales acciones no hacen más que acrecentar las represalias de la secta islámica Boko Haram. Al término de cada campaña militar los miembros de esta organización se quedan tranquilos durante un tiempo, pero después retoman sus acciones de manera violenta e inhumana. Esto demuestra que únicamente las iniciativas militares no bastan.

Indudablemente, Nigeria es un país muy rico. Pero su riqueza ha sido explotada solo por los hacendados o descuidada por el Gobierno. Su precaria condición socioeconómica, que actualmente sufren la mayor parte de los nigerianos a causa del grave estado de privación de sus necesidades más básicas, está de todos modos en el origen del clima de descontento y de odio que se respira con respecto al Estado nigeriano. Por tanto, esta situación constituye una fuente de legitimación para el grupo Boko Haram, cuya ideología se propone poner fin a la mala gestión económica por parte del Estado.

No es de extrañar que en la historia de los conflictos y de las insurrecciones en Nigeria la causa de las reivindicaciones populares haya sido siempre el escaso desarrollo económico. Así fue para las rebeliones en Biafra, para las crisis del delta del Níger y para la revuelta de Boko Haram. Por eso, el camino que se debe seguir hoy en Nigeria es el de concentrarse en objetivos de desarrollo claros y duraderos.

Ante todo, Nigeria debería dedicarse a una amplia investigación sobre los recursos minerales y naturales presentes en diversas partes del país. Esto permitiría al Gobierno federal discernir la naturaleza de las industrias que habría que iniciar para crear oportunidades de trabajo. Actualmente el porcentaje de los nigerianos desocupados es alarmante: es una verdadera bomba de relojería que podría estallar en cualquier momento provocando un caos nacional incontrolable. El diario Vanguard del 17 de noviembre de 2012 publicaba la noticia de que más de 60 millones de nigerianos están sin trabajo.

Hoy los datos son aún peores. Esta terrible situación se ha visto confirmada en un episodio reciente. El Dangote Group of Companies ha publicado una oferta de trabajo para chóferes. La sociedad necesitaba contratar a cien personas, pero recibió 13 000 demandas, de las cuales 6 habían sido hechas por candidatos doctorados con especialización, 704 por titulados con maestrías y 8 460 por graduados universitarios. Si nigerianos con doctorados y maestrías buscan trabajo como chóferes podemos estar seguros de que el país está hundido en una terrible crisis de desocupación. Esta condición es aún peor y se la sufre fuertemente en el norte del país, donde las continuas acciones del grupo Boko Haram han puesto en punto muerto el desarrollo económico de la región.

No obstante, como sostienen Asuelime y David, «si se quiere dar una solución duradera a la crisis de la seguridad, es necesario y urgente encarar el problema de la desocupación que está devastando la región».[24] Teniendo en cuenta la gran cantidad de tierras, el Gobierno debería relanzar, a través del ministerio de Agricultura, actividades agrícolas en esa región. Una iniciativa semejante contribuiría a diversificar la economía nigeriana y a crear más riqueza, más beneficios y más ocupación.

Entre las actividades económicas que han dado sustento durante años a la parte norte de Nigeria está la industria textil. El Gobierno federal tiene la responsabilidad de garantizar el reavivamiento de las empresas textiles, en especial de aquellas situadas en los estados de Kaduna y de Kano. En el estado de Kaduna, donde más de diez prósperas empresas textiles han sido reducidas a estructuras ruinosas e inoperantes, muchas familias han quedado en situaciones dramáticas. Una cosa es segura: el renacimiento de estas empresas aportaría un mejoramiento al problema de la desocupación juvenil en la región, ayudando así a muchos jóvenes a encaminar útilmente sus energías en operaciones productivas más que permanecer inactivos y convertirse en rehenes de políticos malintencionados.

El Gobierno de Nigeria debería revisar y mejorar los programas de desarrollo socioasistencial, sobre todo en los estados del norte, pero también en las demás partes de Nigeria. Si se realizaran intervenciones de asistencia social se contribuiría a eliminar la pobreza. En lugar de formular promesas abstractas a las víctimas y concesiones vagas a los rebeldes para que depongan las armas, habría que poner en marcha un proyecto más perspicaz y previsor de erradicación de la pobreza. El Gobierno debería apoyar iniciativas de servicio público de envergadura mayor, como hospitales para mejorar la salud de la población. Otra inversión debería tener que ver con la calidad de la instrucción en el Norte, para suscitar interés por un tipo de formación de nivel internacional.

Para superar la ideología de los fundamentalistas religiosos del norte se podría promover un plan formativo que incluyera al mismo tiempo instrucciones coránicas y educación occidental. De otro modo, en ausencia de una educación correcta, la interpretación superficial del Corán que hacen los adeptos de Boko Haram seguirá alimentando el odio contra el Gobierno y contra los aparatos estatales. Todas las escuelas primarias, secundarias y terciarias deberían prever programas periódicos de formación para contrarrestar la propaganda islámica que suscita el radicalismo y el fundamentalismo, y con vistas a un islam más moderado, que promueva la paz y el desarrollo.

Por lo demás, se debería sensibilizar a todo el pueblo para un buen gobierno y una dirigencia más transparente. En efecto, un gobierno correcto y transparente es necesario para la paz, para el desarrollo económico y para la seguridad. Quien quiera enfrentar a Boko Haram tiene que llevar a cabo reformas vitales para hacer más creíble y eficaz el Gobierno nigeriano.

A menudo el sistema judicial nigeriano no ha actuado de manera independiente en la administración de justicia frente a los imputados, y esto ha dañado la aspiración sincera a la realización de un buen gobierno.

Conclusión

Sin duda, el origen de Boko Haram está conectado con la pobreza y con el subdesarrollo de los estados septentrionales de Nigeria: una situación que se remonta al período del colonialismo. Boko Haram acusa a Occidente de tener una influencia corruptora sobre el Gobierno del norte; por tanto, los que lo apoyan alimentan una ideología contraria a los valores y a la educación occidentales.

Los miembros de este grupo son predominantemente islamistas que se valen del oscurantismo religioso para propagar sus ideologías radicales con el fin de islamizar por completo a Nigeria. Un proyecto semejante es, por supuesto, irrealizable en un país en el que los adherentes al islam y al cristianismo están numéricamente más o menos a la par. Con sus tácticas orientadas hacia un violento derramamiento de sangre y dirigidas contra instituciones gubernamentales y personas indefensas, Boko Haram constituye la verdadera crisis moderna de Nigeria.

Para que en el país se aplaque la violencia y el clima económico mejore es preciso trabajar intensamente para instaurar un liderazgo transparente y creíble. Asimismo, hay que desarrollar en todas partes la agricultura para contraponerla a la economía petrolífera, que concentra la riqueza del país en la región del delta del Níger. Eso podría reforzar la capacidad productiva de Nigeria, crear millones de puestos de trabajo y, así, contribuir de manera decisiva a restablecer la paz.

 

[1] En fechas recientes los que apoyan a Biafra han vuelto a reclamar de forma enérgica y resuelta un país independiente. En torno al movimiento se ha generado una creciente atención internacional.

[2] Este nombre ha sido utilizado públicamente por primera vez en agosto de 2009.

[3] Cf. U. Mamodu, Boko Haram.The Beginning, Lagos, 2011.

[4] No se puede dejar de notar que, aunque Boko Haram combate en su ideología todo aquello que sea occidental, en la práctica vive y sobrevive a causa de su habilidad en el uso de la cultura y de la ciencia occidentales.

[5] Esto implica insatisfacción frente a la actual conducción política de Nigeria. El grupo Boko Haram ha condenado siempre la política nigeriana como irreligiosa y corrupta.

[6] A. O. Adesoji, «Between Maitatsine and Boko Haram: Islamic fundamentalism and the response of the Nigerian state», en Africa Australia 57 (2011), pp. 99-119.

[7] Cf. A. Nicoli (ed.), «Boko Haram: Nigeria’s growing new headache», en Strategic Comments 17 (2011), pp. 1-3.

[8] O bien el resultado de la práctica de la democracia, totalmente distinta de la teocracia perseguida por Boko Haram. La democracia sostiene el Estado de derecho, y los dirigentes son elegidos para los diferentes cargos no sobre la base de sus creencias religiosas, sino de su capacidad de desempeñar ese cargo concreto.

[9] J. Stern, Terror in the Name of God: Why Religious Militants Kill, Nueva York, Harper Collins, 2003, p. 285.

[10] Cf. ibíd.

[11] Cf. M. Martin, The State of Africa: A History of Fifty Years of Independence, Londres, Free Press, 2006, p. 586.

[12] Constitution of the Federal Republic of Nigeria: cf. www.nigeria-law.org/ConstitutionOfTheFederalRepublicOfNigeria.htm#Powers_of_Federal_Republic_of_Nigeria

[13] O. David, L. E. Asuelime y H. Onapajo, Boko Haram: The Socio-Economic Drivers, Nueva York, Springer, 2015, p. 40.

[14] W. A. Oiaitan, «The State and Economy in Nigeria: A Conceptualisation», en S. A. Adejumobi y A. Momoh (eds.), The political economy of Nigeria under military rule: 1984-1993, Harare, Sapes Books, 1995.

[15] E. Walker, «Structural Change, the Oil Boom and the Cocoa Economy of Southwestern Nigeria, 1973-1980s», en The Journal of Modern African Studies 38 (2000) pp. 78s.

[16] Cf. S. H. O. Alozieuwa, «Contending theories on Nigeria’s security challenge in the era of Boko Haram insurgency», en Peace & Conflict Review 7 (2012) 1-8.

[17] Cf. W. A. Olaitan, «The State and Economy in Nigeria…», op. cit., p. 51.

[18] M. M. Ogbeidi, «Political Leadership and Corruption in Nigeria since 1960: A Socio-economic Analysis», en Journal of Nigeria Studies 1 (2012), p. 16.

[19] Cf. F. C. Onuoha, «The Audacity of the Boko Haram: Background, Analysis and Emerging Trend», en Security Journal 25 (2012), pp. 134-151.

[20] Cf. D. Cook, «Boko Haram: Reversals and Retrenchment», en CTC Sentinel 6 (2013), p. 11.

[21] Cf. A. Olaniyan y L. Asuelime, «Boko Haram Insurgency and the Widening of Cleavages in Nigeria», en African Security 7 (2014), pp. 91-109.

[22] Para más informaciones al respecto véase www.punchng.com/chibok-girls-not-missing-fayose/

[23] Más informaciones en http://www.vanguardngr.com/2016/03/us-british-govts-knew-80-chibok-girls-ex-high-commissioner-nigeria/

[24] O. David, L. E. Asuelime y H. Onapajo, Boko Haram: The Socio-Economic Drivers, op. cit. p. 108.