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l 7 de noviembre de 2016 falleció Leonard Cohen, cantautor, poeta y escritor canadiense. Leonard Cohen elaboró siempre una poética introspectiva con un modo de observar la realidad muy diferente a la poética de Bob Dylan. Una poesía que se encuentra con el imaginario bíblico y la cultura tradicional judía, basada en las experiencias de vida del autor. Cohen se adentra en el misterio de la vida, escruta sus límites, las creencias, las esperanzas y los dolores.

Las canciones de Leonard Cohen reflejan la complejidad de la vida y ayudan a formarse una visión amplia sobre la existencia humana. A su vez, la poesía de Leonard Cohen revela una tensión dinámica de los opuestos que forman parte de ese universo humano: el de la vida y la muerte, de la oscuridad y la luz… Como observamos en sus canciones, se hacen presentes diversos flujos de pensamiento que se encuentran, se cruzan o se chocan.

La lectura de la Biblia marcará el corazón y la música de Leonard Cohen, así como su estilo de escritura, cargado de metáforas, personas y continuas referencias a la religión judía. Temas como la misericordia y el amor han estado presentes en algunos versos de las diferentes producciones de Cohen, con una tensión entre el amor pasional e infinito y la misericordia ante el sufrimiento y el dolor de las heridas experimentadas durante la vida.

Un camino existencial que se prepara para un final, un regreso a casa, después de la «carga» del peso de la vida. Versos que enfatizan la complejidad de su propia vida de artista, con música melancólica, austera y casi minimalista.

Por Claudio Zonta S.I.

El 7 de noviembre de 2016, en Los Ángeles, falleció Leonard Cohen, cantautor, poeta y escritor canadiense. Pocas semanas antes había publicado su último trabajo discográfico, titulado You Want It Darker, aparecido el 21 de octubre de 2016, apenas unos días después de la concesión del Premio Nobel de Literatura a Bob Dylan. Refiriéndose a la distinción de Dylan durante un evento organizado en el consulado canadiense de Los Ángeles, Cohen afirmó que «es como ponerle una medalla al monte Everest por ser la montaña más alta del mundo».[1]

Aun habiendo compartido el mismo camino de la canción, de la poesía y de la escritura, hay entre ambos artistas —unidos por el origen judío— una poética y un modo de observar la realidad muy diferentes: si la escritura de Bob Dylan[2] nace del seno de la tradición de los folk singer estadounidenses, con su relato narrativamente crudo e impetuoso, Leonard Cohen elabora una poética introspectiva, que se encuentra con el imaginario bíblico y con la cultura tradicional judía, permeada y releída desde las experiencias de vida del autor.

Ira B. Nadel subraya en su libro Una vita di Leonard Cohen que el cantautor canadiense fue educado desde niño en la belleza de la palabra escrita, en la cultura y en la religión judías gracias a la asidua presencia de su abuelo, el rabino Salomon Klinitsky-Klein, llamado Sar ha Dikdook («El príncipe de los gramáticos»), que había publicado una obra sobre las interpretaciones talmúdicas titulada A Treasury of Rabbinic Interpretations y el Lexicon of Hebrew Homonyms, un diccionario de sinónimos. Además, como afirma el mismo Cohen, el abuelo tenía la costumbre de leer pasajes tomados del profeta Isaías: «Lo leía de vuelta como si fuese la primera vez y comenzaba de nuevo la explicación, de modo que, alguna vez, pasaba toda la velada detenido en uno o dos versículos».[3]

El tortuoso camino de la misericordia

La lectura de la Biblia marcará el corazón de Leonard Cohen, como también su estilo de escritura, que estará impregnado de metáforas, personajes, continuas referencias a la religión judía. Su modo de relatar las historias, los sentimientos, las pasiones, se situará dentro de un sentir religioso que hunde sus raíces justamente en su condición de judío: un judío errante que desea seguir siéndolo, porque «el camino es demasiado largo, el cielo demasiado vasto, el corazón errante, finalmente, no tiene morada».[4]

Justamente este deseo de conocimiento —de la existencia, del mundo y de Dios— lo llevará a escribir en 1984 Book of Mercy (Libro de la misericordia), inspirado por la forma y el contenido en el libro de los Salmos de la Biblia. La radicalidad del límite humano es referida a Dios a través de un grito proveniente del corazón para que la misericordia de Dios pueda, como en la tradición de los Salmos, revelarse y derramarse de nuevo sobre el ser humano. Es una misericordia que permite regresar del exilio, que pertenece al simbolismo de la lejanía, de la perdición y del pecado.

Precisamente el tema de la misericordia seguirá estando presente también en la última producción de Leonard Cohen, como podemos observar en algunos versos de la canción Going Home, del álbum Old Ideas (2012): «Quiere escribir una canción de amor / un himno al perdón / un manual para vivir con la derrota / un grito que sobrepasa el sufrimiento / una recuperación del sacrificio, / pero no es eso lo que requiero que haga».[5]

En la canción, el himno al perdón está en estrecha relación con el canto de amor: una unión que, por una parte, se hace eco de la idea de los Salmos —que estaban acompañados por el sonido de la cítara y tenían como núcleo fundamental el canto de amor a Dios, con
la riqueza de su misericordia—, y, por la otra, hace referencia a toda la
producción de canciones de amor que Cohen escribió en su vida.

Amor y misericordia se comprenden en Cohen en una tensión dinámica: el canto de amor pasional, físico, erótico, de belleza y de infinito, en la línea del Cantar de los Cantares, se mira en el espejo del sentimiento de misericordia ante el sufrimiento y el dolor que surgen de las heridas experimentadas durante la vida.

Si, en una posible acepción latina, el término «misericordia» deriva de miseris cor dat, es decir, «dar el corazón a los míseros», y, por tanto, significa acercarse a aquellos que en su propio camino existencial han vivido las heridas de la muerte, del abandono, de la pobreza y de la incomprensión, en la acepción hebrea el mismo vocablo posee matices de significado diferentes. El respectivo término hebreo racham remite «al seno materno, al útero (rechem) y, por eso, en sentido figurado, quiere decir “amor”, “ternura”, “compasión”, “misericordia”».[6] Dicho vocablo está presente en un episodio fundamental del libro del Éxodo, cuando Dios, pasando delante de Moisés, se autoproclama como «Señor, Dios compasivo y misericordioso» (Éx 34,6). Racham indica el lado materno de Dios, ese sentimiento visceral que impulsa a ir al encuentro del hombre sin la resistencia del juicio moral. Este es el sentimiento que parece invadir a Cohen y que conduce a un llanto o a un grito que sobrepasa el sufrimiento —A cry above the suffering— y desemboca en el encuentro, en la relación con quien lleva sobre sí los signos del mal y de los caminos interrumpidos.

En la pieza Going Home, justamente esta compasión penetra la existencia, que se describe como el lugar en el que se han desarrollado las batallas humanas. Por asonancia, esta canción puede releerse con la pieza Generale, de Francesco De Gregori: «General, estas cinco estrellas / estas cinco lágrimas sobre mi piel / qué sentido tienen dentro del ruido de este tren / que está medio vacío y medio lleno / y va veloz hacia el retorno / dentro de dos minutos es casi día, / es casi casa, es casi amor»[7]. Ya la guerra ha terminado y nos preparamos para el regreso a casa, donde el «casi» indica justamente el momento de respiro en el que el hombre tiene el deseo de arrojar de nuevo una mirada al camino recorrido.

En Going Home se canta la tentativa de prepararse a un término, a un final que, de todos modos, se considera como un regreso a casa, como un retorno a «donde será mejor que antes».[8] En el camino existencial, canta Cohen, estamos extraviados, como demuestra la insistencia en varias estrofas del término burden, «carga»: es el peso de la vida que, con el paso de los años, pesa sobre el corazón del hombre.

En el verso «Yendo a casa sin mi carga, […] sin el disfraz que vestía»,[9] Cohen, a través del adjetivo posesivo «mi», referido a la carga, y del verbo «vestir», referido al disfraz, enfatiza la complejidad de su propia vida de artista, en un equilibrio precario entre acontecimientos alternos, rutas de navegación no siempre lineales, senderos perdidos que, con el paso del tiempo, se tornan en «cargas» pesadas. Y si primero anunciaba que quería escribir una canción de amor, o sea, de misericordia para otros, al final de la pieza parece que él mismo pide que se le cante una canción de amor para que «esté seguro de que no lleva una carga».[10]

La música que acompaña la pieza es melancólica, realizada con instrumentos áulicos, como el órgano, las cuerdas, mientras que un coro góspel acompaña vocalizando las palabras graves y profundas, pronunciadas lentamente, casi silabeadas, del cantautor canadiense. Es una música de despedida, austera pero no triste, sin oropel, casi minimalista, que subraya este deseo de despojarse de muchas cargas que con el correr del tiempo se han acumulado sobre los hombros del ser humano.

Gran efecto sonoro y emotivo tiene el coro góspel que, al final de la pieza, canta solo el estribillo de la canción: «Esto yendo a casa sin mi tristeza, / yendo a casa en algún momento mañana / yendo a casa donde será mejor que antes / yendo a casa sin mi carga /
yendo a casa detrás de la cortina / yendo a casa sin el disfraz que llevaba».[11]

Así pues, este retorno a casa se convierte en símbolo de una vida intensa, cargada de belleza y de contradicción; es un regreso con el aroma de la misericordia a través de un deseo de libertad y de amor apenas saboreados en la existencia, pero que ya permiten comprender que son el horizonte hacia el cual tiende el hombre.

La complejidad del amor

En la canción So Long Marianne (1967), el amor, en su magnífica, apasionante y apasionada descripción, se alimenta del campo semántico del Cantar de los Cantares, como podemos observar en algunas estrofas: «Nos encontramos cuando éramos casi jóvenes / inmersos en el verde parque color lila. / Te aferraste a mí como si fuese un crucifijo, / mientras íbamos de rodillas a través de la noche».[12] Los versos recuerdan algunos pasajes del Cantar, como el deseo de encuentro entre los dos jóvenes —«Me levantaré y rondaré por la ciudad, / por las calles y las plazas» (Cant 3,2)—, su ardoroso abrazo —«Lo abracé y no lo solté» (Cant 3,4)—, o la descripción floral típica de los paisajes paradisíacos —«Mi amado ha bajado a su jardín, al plantel de balsameras» (Cant 6,2).

También en algunas de las estrofas de la pieza Tonight will be fine (1969) —«Elijo con cuidado las habitaciones donde vivo, / las ventanas son pequeñas y las paredes casi desnudas, / solo hay una cama y una oración; / estoy la noche entera a la escucha de tus pasos por la escalera»[13]— la actitud de espera evoca el ambiente del Cantar de los Cantares: «Vedlo parado detrás de nuestra cerca, / mirando por la ventana, / atisbando por la celosía» (Cant 2,9).

Si en la canción de Cohen hay una espera desde el punto de vista auditivo —esperando poder escuchar los pasos de la amada que resuenan por la escalera—, en el Cantar la amada escucha al amado tras la cerca, que se vuelve ya «nuestra», porque el amor elimina las fronteras y las barreras físicas y se hace comunión en la inmediatez. Además, el sentimiento compartido provoca la espera típica del enamorado, lleno de pasión y de comunión de corazón, mientras pasa el tiempo con los sentidos en alerta: el oído, la vista, el tacto están todos dirigidos hacia la persona amada, y cada ruido se torna en indicio de su presencia.

Pero el amor no se trata solo en su dimensión pasional, gozosa, como demuestran muchas canciones de Cohen que describen la fragilidad de la relación de amor. Se canta dicha relación a menudo en primera persona, porque nace de lo que el autor mismo vive, como podemos observar en la pieza titulada I Tried to Leave You (1974): «Intenté dejarte, no lo niego / cerré el libro sobre nosotros por lo menos un centenar de veces. / Me despertaba cada mañana a tu lado».[14] La relación de amor es uno de los temas más controvertidos tratados por Cohen: el deseo del instante de amor, en el que se siente la eternidad del sentimiento, choca con la caducidad de ese mismo sentimiento dentro de la vida cotidiana. Los verbos «dejar» y «cerrar» se ven contradichos por el valor cuantitativo de las expresiones «un centenar de veces» y «cada mañana». El lazo
de amor no puede cortarse de una vez por todas, sino que permanece
también en el carácter dramático de los acontecimientos y a pesar de la separación espaciotemporal.

Este aspecto es experimentado por el mismo Cohen en su atormentada relación con Marianne Ihlen, a la que dedicó algunas canciones, como So Long Marianne, Hey, o That’s No Way to Say Goodbye. En efecto, a pesar de la separación, los dos permanecieron siempre en contacto hasta el fin de la enfermedad de Marianne, como demuestra la última correspondencia entre ellos. Cohen le escribe así: «Has de saber que estoy tan cerca detrás de ti que, si extiendes la mano, pienso que podrás alcanzar la mía. Y tú sabes que siempre te he amado por tu belleza y tu sabiduría, pero no es necesario que agregue nada más, porque ya sabes todo al respecto. Ahora solo quiero desearte un muy buen viaje. Adiós, vieja amiga, amor sin fin: nos vemos por el camino».

Pocos días después, Marianne falleció, y los últimos instantes de su vida le fueron relatados a Cohen de la siguiente manera: «Marianne partió de esta vida durmiéndose lentamente ayer, totalmente a gusto, rodeada de amigos íntimos. Tu carta llegó cuando todavía podía hablar y reír con plena lucidez. Cuando la leímos en voz alta, sonrió como solo Marianne puede hacerlo. Levantó la mano cuando dije que estabas justo detrás de ella, lo suficientemente cerca para alcanzarla […]. Y tu bendición para el viaje le ha dado más fuerza. En su última hora sostuve su mano y le canturreé Bird on the Wire mientras ella respiraba muy suavemente».[15] Por tanto, el amor se canta aquí en esta dinámica impregnada de pasión, de belleza, de caducidad y de incomprensión hasta la traición.

En la canción Hallelujah se entrelazan poéticamente dos relatos ejemplares tomados de la Escritura. La pieza comienza con referencias al rey David, que, aunque había sido elegido por el Señor para asumir el encargo de llevar justicia a su pueblo, cae precisamente en ese aspecto. Al ver a Betsabé, la mujer de Urías el Hitita, mientras se bañaba, la desea y desencadena una serie de acontecimientos que, finalmente, conducirán a la muerte de su marido en la guerra (cf. 2 Sam 11,1-27).

Después se describe la traición de Dalila a Sansón. Conocido el secreto de la fuerza de su cabello, ella lo entregó a los filisteos, que le cortaron la cabellera (cf. Jue 16,4). «Ella te ató a una silla de la cocina / destruyó tu trono y te cortó el cabello».[16] Vemos, pues, cómo, en la misma estrofa, sin solución de continuidad, se relatan el subterfugio del rey David para robarle a Betsabé a Urías y la acción de la misma Betsabé que, asumiendo en la canción los rasgos de Dalila, se venga en Sansón. Las consecuencias del pecado de David continúan en el tiempo a través de venganzas que hacen correr sangre sobre la tierra. Parece que para Cohen hay una fractura irreconciliable entre el hombre y la mujer, una fractura que corre el peligro de hacer proseguir la estela de venganzas, simbólicamente iniciada con David y proseguida por Dalila. Este aspecto podemos encontrarlo también en la canción There is a War (1974), que comienza justamente con los versículos «Hay una guerra entre el rico y el pobre, / una guerra entre el hombre y la mujer».[17]

Como puede observarse, no es fácil comprender cuál es la concepción del amor en Leonard Cohen, en cuanto en sus canciones se hacen presentes diversos flujos de pensamiento que se encuentran, se cruzan o se chocan, y hay que saber mantenerlos juntos y en tensión entre sí. Cada sentimiento posee su propio lado oscuro, que depende siempre de la elección. El ser humano vive entre pasión y racionalidad, entre pulsiones y voluntades de elección y de determinación, y puede abrazar la miseria y la grandeza, tal como fue en la historia bíblica de David.

Los conflictos del hombre

Toda la dimensión humana, real, cotidiana, está cargada de conflictos y de contrastes, como muestra Cohen con un lenguaje directo en la ya citada canción There is a War: «Hay una guerra entre los que dicen que hay guerra y los que dicen que no la hay».[18] «Hay una guerra entre la izquierda y la derecha, / una guerra entre negros y blancos / una guerra entre pares e impares».[19] También en la pieza titulada Anthem (1992) se insiste en el estado de guerra que impregna el corazón del hombre: «Sí, las guerras volverán a combatirse, / la santa paloma será capturada de nuevo, / comprada y vendida y comprada de nuevo. / La paloma nunca es libre».[20] También en esta canción aparece de nuevo el léxico religioso con la imagen de la paz, expresada por la paloma, comprada, instrumentalizada y vendida por criminales que habitan los lugares sagrados pronunciando plegarias en voz alta.[21]

No obstante, en este clima apocalíptico Cohen vislumbra rayos de luz, de esperanza, que él explicita en el estribillo: «Toca las campanas que aún pueden sonar / olvida tu ofrenda perfecta / en cada cosa hay una grieta / y es así como entra la luz».[22] Y mientras que la estrofa está cantada de forma tenue, profunda, el estribillo se llena de notas más altas y con un coro más abierto que permite intuir que hay una esperanza de existencia.

El sonido de las campanas indica la fuerza de voluntad de proseguir: en efecto, la campana marcaba antiguamente la sucesión de los tiempos, de las fiestas y de los acontecimientos fundamentales de la vida social. La voluntad de llevar adelante una existencia, aunque esté signada por la contradicción, queda subrayada también por la alusión a abandonar la ofrenda perfecta. En la tradición judía la ofrenda estaba dada por el sacrificio de algunos animales puros (cf. Dt 11,3-21; Lev 11) y perfectos (cf. Lev 22,19-20). En este contexto de devastación, Cohen afirma que ya no hay tiempo de observar la ley de la perfección, sino que hay que buscar la fisura, la grieta por la cual se cuela todavía una luz capaz de iluminar lo suficiente del corazón humano.

El de Cohen no es un entusiasmo fácil, sino que se funda en su propia vivencia experiencial, en la noche del alma que lo acompaña, como demuestra la última estrofa, que recuerda cómo en ciertos momentos la luz existe, aunque sea apenas un destello: «Cada corazón, cada corazón / llegará al amor / pero como un refugiado».[23] La imagen del refugiado abre el simbolismo de la fuga, del exilio, de quien no estará ya completo porque ha dejado su tierra y su descendencia en su país, ya lejano.

Este hiato profundo, en ciertos aspectos inconmensurable, forma parte de la «carga» antes analizada, que acompaña al ser humano durante su existencia. No obstante, las heridas de la vida y del mal recibido no serán la última palabra en los caminos humanos, porque justo de este modo la luz sigue colándose por las fisuras
That’s how the light gets in—, como se repite tres veces al final de la canción.

Si, por una parte, es evidente el lado oscuro del corazón, cuyos síntomas son una depresión que afectará al cantautor durante largos años, por la otra, esta noche oscura está acompañada por una luz, por una estrella polar, fija, estable, que indicará el horizonte hacia el cual tender, como canta Cohen en la pieza titulada Heart With No Companion (1984): «Ahora te saludo / desde el otro lado del dolor y de la desesperación / con un amor tan vasto y hecho añicos / que te alcanzará en todas partes».[24] Algo semejante sucede en In My Secret Life (2001): «Marcharé a través de la mañana, / marcharé a través de la noche»,[25] donde la preposición through especifica que la «mañana» y la «noche» son lugares existenciales que deben atravesarse, itinerarios, y no solo situaciones constantes, como continúa la canción: «Yendo más allá de los confines / de mi vida secreta».[26]

De forma semejante canta Cohen en Amen (2012): «Dime de nuevo cuándo ha sido rescatado el día / y la noche no tiene derecho a comenzar».[27] Se utiliza un término que podría referirse al rescate que hizo Dios del pueblo de Israel, liberándolo de la esclavitud de Egipto, mostrando así que la noche ya no tiene derecho de permanecer en el corazón humano, en cuanto que el rescate ya ha sido pagado (cf. Éx 15,16).

El último paso entre la oscuridad y la luz

En la visión antropológica de Cohen el ser humano no está solo ligado a este hic et nunc, que a menudo lo tiene en jaque: hay un «más allá» hacia el cual tender. Pero también este «más allá» ha de ser atravesado, encontrado. El cantautor canadiense se confrontó siempre en su vida con la fe y con la religión, o, mejor, con las religiones. Pensemos en su raíz judía, en el tiempo que vivió, en la década de 1990, en el monasterio Mount Baldy Zen Center, de California, pero también en sus numerosas referencias a la figura de Cristo en las canciones, como podemos observar en Suzanne: «Jesús fue un marinero / cuando caminó sobre el agua»;[28] o en Treaty: «Te he visto cambiar el agua en vino / te he visto también cambiarla de nuevo en agua».[29]

Y es justamente la fe, entendida como relación entre Dios y el hombre, la que Cohen indagará hasta los últimos días de su vida: una reflexión de tonos apretados y concisos, pero de sublime intensidad, que impregna toda su última obra musical, titulada You Want It Darker (2016). Es el álbum decisivo, que no solo resume la carrera y la vida de Cohen, sino que también se confronta con el sentido del límite humano: la muerte.

Permaneciendo de pie frente al umbral de la vida, Cohen da su bendición: en efecto, el álbum es producido por su hijo Adam, por voluntad del padre. Por tanto, es un trabajo que se transmite de padre a hijo, elemento importante para la cultura hebraica si pensamos en la promesa que Dios le hizo a Abrahán, en la importancia del hijo y, por tanto, de la generación.

Este último trabajo es, además, un regreso a los orígenes, como muestra la presencia de los Cantor Gideon Zelermyer & The Shaar Hashomayim Synagogue Choir, de Montreal, a través de los cuales sus raíces judías vuelven a unirse a la ciudad de Montreal, donde Cohen nació el 21 de septiembre de 1934. Por último, el álbum capta la esencia: en su brevedad —9 piezas para 36 minutos de música—, no hacen falta muchas palabras, y también las notas son pocas, los arreglos, minimalistas, orientados todos a poner de manifiesto el silabear en cantinela de esta voz profunda, ronca, dulcísima, que desafía el último tiempo.

En la pieza que también da título al álbum, You Want It Darker, Cohen se dirige a un «tú» en un estilo acusador que recuerda el énfasis propio del libro de Job en el momento en que este dirige una acusación a Dios. «Si eres tú el que da las cartas, / yo estoy fuera del juego. / Si eres tú el que cura, / significa que estoy roto y paralítico. / Si tuya es la gloria, / mía tiene que ser la vergüenza. / Tú quieres más oscuridad, / nosotros apagamos la llama».[30]

Es un acto de acusación que tiene la intención de provocar una respuesta, una confrontación directa entre un «tú» —que, por el momento, no se explicita, pero que se intuye como Dios— y un «yo», personal, íntimo del cantautor, que se transforma después en un «nosotros» —We kill the flame— comunitario, en cuanto las demandas fundamentales de Cohen son las mismas que las de la humanidad.

En la segunda estrofa se descubre quién es ese tú inicial: «Magnificado y santificado» —cantado no solo por Cohen, sino por todo el coro— sea tu Santo Nombre». Este nombre es aplicado, además, a la figura de Cristo crucificado, «vilipendiado y crucificado / en su figura humana». Posteriormente, Cohen presenta también el tema de la luz, símbolo de la humanidad que aspira a la vida —«Un millón de velas encendidas»—, contrapuesta, una vez más, a través de una acusación: «Por la ayuda que nunca llegó / Tú quieres más oscuridad».[31]

En estas primeras dos estrofas Cohen pide cuentas al Dios del sentido de la existencia: si en la primera parte el «tú» se dirige al Dios trascendente y creador, en la segunda hay una referencia al Dios encarnado, Jesús crucificado. Pero tampoco con su venida parece haber llegado la esperada ayuda, aquello que hace vivir al hombre en paz. El estribillo lleva de nuevo la canción al nivel personal: «Hinení, Hinení. / Estoy dispuesto, mi Señor».[32] El hecho de que Cohen haya dejado estas palabras en hebreo indica que tienen un significado particular.

Hinení puede traducirse como «aquí estoy», y se encuentra en algunos pasajes fundamentales de la Escritura: «Después de estos sucesos, Dios puso a prueba a Abrahán. Le dijo: “¡Abrahán!”. Él respondió: “Aquí estoy” (hinení)» (Gén 22,1). Encontramos de nuevo esta expresión también en Éx 3,4, en el momento en que Dios llama a Moisés desde la zarza y este le responde: «Aquí estoy», como también en Isaías 6,8: «Entonces escuché la voz del Señor, que decía: “¿A quién enviaré? ¿Y quién irá por nosotros?”. Contesté: “Aquí estoy, mándame”».

Hinení representa una respuesta del hombre a Dios impregnada de amor y de radicalidad: Abrahán, Moisés e Isaías no piden condiciones, explicaciones, aclaraciones, sino que muestran una confianza que está ínsita en el hombre y que debe ser reafirmada también en los momentos de incertidumbre y de dificultad.

Pensar que Cohen eligió esta expresión después de las primeras dos estrofas, que, en cierto sentido, son acusatorias, deja entrever justamente una «fe» (en el sentido de «confianza») que no es certeza, sino camino de confianza depositada y de confrontación existencial, a menudo también consciente, como afirma el mismo cantautor comentando esa expresión: «Todos nosotros estamos motivados por profundos impulsos y por profundos deseos de servir, aun cuando podamos no ser capaces de comprender a qué esperamos servir […] Solo cuando la emergencia se hace explícita logramos localizar esta disposición nuestra a servir».[33]

El hinení es cantado por todo el coro, no solo por Cohen. Esto nos hace comprender que su voz es sostenida por otros, no está sola en
una voluntad épica, heroica y trágica. Es un escalar una montaña en cordada, aun sabiendo que la voluntad sigue siendo individual, como manifiesta el canto en primera persona: «I’m ready, my Lord». Cohen muestra que está siempre en vilo entre individualidad y universalidad: es una voz sola, pero, al mismo tiempo, interpela el corazón del oyente.

Este camino a través del tiempo se canta también en la pieza Steer Your Way (2016), cuyo texto fue publicado el 20 de junio de 2016 en el New Yorker: un camino que lleva a ver el pasado, pero a no detenerse en él, en un avanzar cotidiano, día tras día. A través de una serie de imágenes de fuerte riqueza simbólica, Cohen se adentra en el misterio de la vida, escruta sus límites, las creencias, las esperas, las esperanzas y los dolores: «Dirige tu camino más allá
de las ruinas del altar y del centro comercial; / dirige tu camino entre las fábulas de la creación y de la caída […] Dirige tu corazón más allá de las verdades en las que ayer creíste / como la bondad fundamental y la sabiduría del camino […] Dirige tu camino a través del dolor, que es mucho más real que tú […] Y, por favor, no me hagas ir allí, haya un Dios o no […] Tal como él murió para hacer santos a los hombres, déjanos morir para hacer las cosas fáciles».[34]

En el estribillo Cohen muestra que quiere comprender el transcurrir del tiempo —«Año tras año / mes tras mes / día tras día / pensamiento tras pensamiento»,[35] partiendo de una constatación amplia, «año tras año», hasta llegar a lo puntual del tiempo, que está ligado a la conciencia, «pensamiento tras pensamiento». El único tiempo posible sigue siendo el vivido, en cuanto está cargado sobre los propios hombros y colmado de vida.

Si bien el texto tiene tonalidades sombrías, el acompañamiento de los violines y el ritmo del bajo y de la batería crean una atmósfera que pasa de lo intimista inicial hasta un tono enérgico, como para apoyar y ayudar a Cohen en este, su momento de verdad.

También en su último trabajo discográfico, de tonos dramáticos y áridos, brilla una luz que sabe iluminar de nuevo la vida, sea poco o mucho lo que quede de ella. Si en las canciones precedentes se había sumergido en las profundidades oscuras de la vida, ahora, con If I Didn’t Have Your Love (2016), Cohen se eleva hacia la potencia del amor con tonos líricos y delicados, como solo puede permitírselo un poeta y cantante anciano.

La vida en cuanto tal, con la complejidad debida a las elecciones, a los sentimientos, a las asperezas, a las pasiones, a las alegrías y a los errores, ha sido el campo de una indagación introspectiva por parte de Leonard Cohen. Esta búsqueda suya a través de la canción se hizo compartida, participada, amada, y se reveló como clásica, porque fue reconocida en los fundamentos radicales del ser humano. Al mismo tiempo, el cantautor canadiense mostró cómo la propia concepción de verdad no es unívoca, sino que está comprendida dentro de lo múltiple: asume rostros diferentes, a veces también aparentemente contradictorios, que deben mantenerse dentro de un prisma que ayuda a poseer una visión amplia y compleja de la existencia. Cohen muestra cómo la tensión dinámica de los opuestos —como vida y muerte, oscuridad y luz— forma parte del universo humano, y cómo ellos se tornan después en lugares existenciales que el hombre está llamado a atravesar para ser plenamente él mismo.

[1] «Cosa pensa Leonard Cohen del Nobel a Bob Dylan», en Il Post (www.ilpost.it/2016/10/17/leonard-cohen-nobel-bob-dylan), 17 de octubre de 2016.

[2] Cf. C. Zonta, «Bob Dylan. La canzone soffia ancora nel vento», en La Civiltà Cattolica, 2017, I, pp. 427-436.

[3] I. B. Nadel, Una vita di Leonard Cohen, Florencia, Giunti, 2011, p. 18.

[4] D. Cresto-Dina, «Leonard Cohen: “La mia musica contro l’odio e la paura”», entrevista del año 2007 publicada de nuevo en La Repubblica (www.repubblica.it/spettacoli/musica/2016/11/11/news/leonard_cohen_la_mia_musica_contro_l_odio_e_la_paura_-151788021/), 11 de noviembre de 2016.

[5] «He wants to write a love song / An anthem of forgiving / A manual for living with defeat / A cry above the suffering / A sacrifice recovering / But that isn’t what I need him to complete».

[6] E. Appella, «Dare il cuore al misero. Misericordia di Dio. Misericordia degli uomini», en Quaderni di Parola di Vita, enero de 2016, p. 74s.

[7] Generale queste cinque stelle / queste cinque lacrime sulla mia pelle / che senso hanno dentro al rumore di questo treno / che è mezzo vuoto e mezzo pieno / e va veloce verso il ritorno / tra due minuti è quasi giorno / è quasi casa è quasi amore.

[8] «Going home / to where it’s better / than before».

[9] «Going home, without my burden […] without the costume that I wore».

[10] «I want him to be certain that he doesn’t have a burden».

[11] « Going home without my sorrow / Going home sometime tomorrow / Going home to where it’s better than before / Going home without my burden / Going home behind the curtain / Going home without the costume that I wore».

[12] «We met when we were almost young / deep in the green lilac park. / You held on to me like I was a crucifix, / as we went kneeling through the dark».

[13] «I choose the rooms that I live in with care, / the windows are small and the walls almost bare, / there’s only one bed and there’s only one prayer; / I listen all night for your step on the stair».

[14] «I tried to leave you, I don’t deny / I closed the book on us, at least a hundred times. / I’d wake up every morning by your side».

[15] D. Remnick, «Leonard Cohen Makes It Darker», en The New Yorker (www.newyorker.com/magazine/2016/10/17/leonard-cohen-makes-it-darker), 17 de octubre de 2016.

[16] «She tied you to a kitchen chair / She broke your throne, and she cut your hair».

[17] «There is a war between the rich and poor, / A war between the man and the woman».

[18] «There is a war between the ones who say there is a war and the ones who say there isn’t».

[19] «There is a war between the left and right, / A war between the black and white, / A war between the odd and the even».

[20] «Yeah the wars they will be fought again / The holy dove she will be caught again / Bought and sold and bought again / The dove is never free».

[21] «While the killers in high places / say their prayers out loud».

[22] «Ring the bells that still can ring / Forget your perfect offering / There is a crack in everything / That’s how the light gets in».

[23] «Every heart, every heart / to love will come / but like a refugee».

[24] «Now I greet you / from the other side of sorrow and despair, / with a love so vast and so shattered, / it will reach you everywhere.

[25] «I’ll be marching through the morning, / Marching through the night».

[26] «Moving cross the borders / of my secret life».

[27] «Tell me again / when the day has been ransomed / and the night has no right to begin».

[28] «And Jesus was a sailor / when he walked upon the water».

[29] «I’ve seen you change the water into wine / I’ve seen you change it back to water too.

[30] «If you are the dealer / I’m out of the game / If you are the healer / It means I’m broken and lame / If thine is the glory / Then mine must be the shame / You want it darker / We kill the flame».

[31] «Magnified and sanctified / Be thy Holy Name / Vilified and crucified / In the human frame / A million candles burning / For the help that never came / You want it darker».

[32] «Hineni / I’m ready, my Lord».

[33] «We all are motivated by deep impulses and deep appetites to serve, even though we may not be able to locate that which we are hoping to serve. […] It’s only when the emergency becomes articulate that we can locate that willingness to serve». Cf. C. Willman, «Leonard Cohen Corrects Himself: “I Intend to Stick Around Until 120”» en Billboard (www.billboard.com/articles/news/7541930/leonard-cohennew-album-corrects-ready-to-die-reports), 14 de octubre de 2016.

[34] «Steer your way through the ruins of the altar and the mall / Steer your way through the fables of creation and the fall […] Steer your heart past the truth that you believed in yesterday / Such as Fundamental goodness and the wisdom of the way […] Steer your way through the pain that is far more real than you […] And please don’t make me go there, tho’ there be a God or not […] As he died to make men holy let us die to make things cheap».

[35] «Year by year / month by month / day by day / thought by thought».

 

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