Por Peter Walpole S.I.

En 2020 la Conferencia de París sobre el cambio climático (30 noviembre-12 diciembre de 2015) será recordada como un éxito o un fracaso, porque cada nación salió de ella con la responsabilidad de asumir realmente sus propios compromisos.1 Además, 110 países sucumbieron a las llamadas Nationally Determined Contributions (Contribuciones programadas y definidas a nivel nacional [NDCP2]).2 El año 2015 también estuvo marcado por el lanzamiento en Nueva York de los Sustainable Development Goals (Objetivos de desarrollo sostenible [SDGs])3.

No ha sido secundaria, respecto a estos eventos, la encíclica del Papa Francisco Laudato sí’, que se dirige a toda la humanidad4. Además, podríamos mencionar los desastres que han ocurrido a lo largo de los años, relacionados con el cambio climático5 y algunos registros climáticos alcanzados.6

A medida que crece el conocimiento científico y se refuerza un diálogo social sobre las necesidades, cambia también nuestro modo de pensar. Ahora, mientras el mundo se concentra en los problemas, un entramado creciente de valores humanos viene a cuestionar nuestro estilo de vida. Las personas y las instituciones están reflexionando sobre dónde incluir los valores fundamentales cuando nos preguntamos porqué y cómo hacemos ciencia, y sobre lo que comunicamos y enseñamos.

El reto

Algunos científicos intentan resolver problemas importantes para el ser humano, otros buscan la transparencia de las inversiones y la producción científica de las empresas, y los estudiantes se encuentran eligiendo entre un número creciente de cursos científicos integradores. Todo esto con la esperanza de una sociedad global que se preocupe por los demás, por la tierra y por los mares, aunque hasta el día de hoy no somos capaces de gestionar nuestros residuos, ni a nivel personal ni a nivel comunitario.

¿Cómo será el mundo cuando haya universidades enteras dedicadas exclusivamente a transformar los ODS en realidad, involucrando a las personas? ¿Qué puede guiar nuestros procesos de toma de decisiones hacia este fin? Aquí está el desafío. Dados los límites de nuestro planeta, necesitaremos todas nuestras energías para promover una ciencia humana capaz de cuidar a la humanidad y a nuestro contexto ambiental. Todavía no sabemos qué aspectos presentará esta ciencia de la sostenibilidad, pero el camino para establecer prioridades necesarias se está volviendo cada vez más claro en diferentes instituciones, comunidades y sociedades.

En función de los intereses locales y regionales, algunos investigadores, profesionales y jesuitas se reunieron para debatir sobre la ciencia de la sostenibilidad, la sabiduría local y la resistencia a los riesgos. La primera reunión regional se refirió a Asia Pacífica y tuvo lugar en Mindanao, Filipinas.7 In situ, el grupo de académicos pudo darse cuenta del proceso de recuperación después de los tifones Washi y Bopha. Reunió a agricultores y comunidades indígenas de las zonas montañosas para evaluar el impacto de los sistemas intensivos de monocultivo de maíz y azúcar en el uso de la tierra, en el tejido sociocultural y los desafíos a los que se enfrentan los jóvenes. Se habló con funcionarios locales sobre lo que se necesita para la gestión de los recursos territoriales e hídricos.

Una segunda reunión se preocupó de Asia meridional: un grupo se reunió en Calcuta y se centró en las necesidades hídricas, visitando las comunidades de los Sundarbans.8

Con respecto a la región África-Madagascar, un grupo, reunido en Nairobi, prestó atención al agua y a la situación de la educación urbana básica, considerando también los otros ocho límites planetarios (planetary boundaries) en la experiencia ambiental local9.

Finalmente, la última reunión regional, celebrada en Europa en la Universidad de Namur, tomó en consideración los desafíos en los aspectos filosóficos y académicos de la enseñanza de hoy y la necesidad de la transformación personal.10

Los ponentes de estas cuatro reuniones regionales ya estaban discutiendo sobre «un mundo en riesgo» y querían escuchar otras reflexiones sobre cómo ayudar a cambiar la situación. Por esta razón fueron invitados a colaborar con el Stockholm Environmental Insitute. En noviembre de 2015 hubo una reunión —«Una llamada al diálogo sobre la ciencia de la sostenibilidad y sus valores»— en la que participó un grupo de 40 científicos, educadores y profesionales, y en la cual intentaron comprender mejor la necesidad de combinar ciencia de la sostenibilidad y valores.11

Científicos, académicos, abogados, médicos, ingenieros y ambientalistas son conscientes del desafío indisciplinar de la sostenibilidad y la necesidad de una participación social más amplia, que es demasiado grande para cada disciplina o institución. En cuanto a la educación superior, ya hay medio millón de profesores en los Estados Unidos en 5000 universidades, y un número similar se encuentra en Europa. Esta educación está destinada a crecer rápidamente: la Unesco habla de «masificación»12 en África y en Asia, pero los procesos de aprendizaje deben cambiar radicalmente para satisfacer las necesidades de sostenibilidad de las personas.

¿Cómo hacer posible este proceso de satisfacer las necesidades de sostenibilidad humana con una discusión clara de valores y prioridades? Las conversaciones regionales antes mencionadas han revelado los elementos necesarios para una transformación de las instituciones y las personas con la creación de una ciencia de la sostenibilidad que sirva para el cambio de la sociedad y aborde la fuente de las preocupaciones. Se identificaron 9 puntos relativos a las instituciones y 4 relacionados con la transformación personal. Los presentamos aquí con algunas reflexiones.

(1) El diálogo a nivel social es fundamental para la participación y la diversidad de ideas, y por lo tanto el reconocimiento de la necesidad de cambiar. El establecimiento de debates de amplio alcance puede conducir a una comprensión más profunda de (2) la claridad de las prioridades, del uso del conocimiento y de lo que se debe hacer. El principio de precaución es fundamental cuando la sociedad analiza los riesgos que en áreas marginales ya son una realidad sufrida. Entonces, ¿cuál es (3) el proceso de toma de decisiones que prescribe las prioridades y políticas necesarias para la sociedad?

Las sociedades tienen necesidad de fijar públicamente normas claras para protegerse en los casos en que las empresas multinacionales ejerzan una gran influencia en la planificación económica y el desarrollo del país; de lo contrario, dejarían el campo abierto para una explotación masiva.

La sociedad civil y las reuniones públicas corren cada vez más el riesgo de ser suspendidas por temor a la violencia, pero son muy necesarias (4) como un elemento de conciencia social, adquisición de consenso, (5) apoyo y (6) desarrollo de otros puntos de leadership. ¿Cómo puede la sociedad apoyar un mayor (7) compromiso social global en un mundo globalizado por los acuerdos económicos y social media y por las comunicaciones? (8) La experiencia del medio ambiente y su impacto en las personas y los ecosistemas, y (9) la opción para los pobres debe intervenir antes de que se llegue a los acuerdos finales.

Aunque hablamos de nuestras instituciones y profesiones de forma profesional y científica, somos principalmente seres humanos, y nuestras actitudes y elecciones personales son importantes. Todos estamos llamados a cambiar —y, según muchos, radicalmente— para responder a los desafíos globales de hoy. Cuanto más queremos transformar a la sociedad y a los demás, aún más el verdadero cambio empieza en nosotros mismos. Los elementos de dicho proceso incluyen (1) un cambio en el modo de pensar, (2) una mayor profundización y comprensión de todos los aspectos de la globalización, reconociendo (3) el espíritu humano y el valor de la espiritualidad en una vida comprometida, y (4) la dedicación a un contexto que promueve la esperanza.

En el diálogo que tuvo lugar en noviembre de 2015 en el Stockholm Environtmental Institute sobre la ciencia de la sostenibilidad y los valores, el debate principal tocó muchos de estos puntos.

Diálogo y relativismo

La necesidad de diálogo abre un terreno común para que las personas participen de manera democrática, y la universidad es un pilar fundamental de ese diálogo en la sociedad. La profesora Astrid Söderberg Widding, vicerrectora de la Universidad de Estolcolmo, junto con otros colegas, discutieron la forma en que la universidad promueve el cambio como un lugar en el que analizar y dialogar sobre el papel de los valores en los procesos de toma de decisiones.

Las escuelas suecas reivindican el desarrollo sostenible como un valor fundamental para la integración en todas las materias para las generaciones presentes y futuras. El desafío es desarrollar habilidades entre los docentes, y de manera efectiva. Widding se pregunta si la universidad debería cultivar tal ambición, la de promover la sostenibilidad en todas las disciplinas. La Universidad de Estocolmo tiene una certificación ambiental y dice: «Hemos incluido este asunto entre nuestras aspiraciones, pero se necesitará mucho tiempo y esfuerzo, aunque ya hemos desarrollado las ciencias ambientales considerablemente».

La ley sueca sobre educación superior requiere que las universidades contribuyan a un desarrollo sostenible. «¿Significa esto —se pregunta Widding— que además de transmitir conocimiento científico, tenemos el deber de contribuir a crear valores? Dado que los valores se crean de acuerdo con la forma en que percibimos el mundo, el conocimiento científico es extremadamente importante». El quid del desafío para cada universidad es comprender su papel en la educación de los valores dentro de las culturas y la sociedad que representa y comunicarlos. También los valores de la naturaleza y las consecuencias de la sobreexplotación de los recursos naturales deben transmitirse a través de la ciencia. La profesora argumenta que «la paradoja del ideal universitario es formar individuos libres y un pensamiento crítico, mientras se comunican y transmiten ciertos valores y normas».

También se debe señalar la tensión ideológica con respecto al concepto de sostenibilidad. Hay algunos que «respaldan las soluciones internas del sistema, los tecno-optimistas y otros que invocan la necesidad de un cambio de paradigma y de un cambio en nuestros hábitos y estilos de vida». El valor de la naturaleza también puede ser objeto de discusión «entre aquellos que asumen una posición antropocéntrica y toman como punto de partida las necesidades y valores humanos, y aquellos que en cambio afirman los valores propios de la naturaleza».

Widding habla de tres maneras de ver la educación superior: «Se podría considerar que se basa en hechos, con la ambición de transmitir hechos como el propio objetivo final, y en este caso las cuestiones ambientales se consideran un problema de conocimiento, y deberíamos esforzarnos para conseguir una base común de conocimiento». La segunda manera es la normativa, y en este caso las cuestiones ambientales son cuestiones de actitudes y estilo de vida, y la educación superior debe contribuir activamente a la adaptación del mundo y las reglas que se pueden deducir de los hechos científicos. La tercera manera es la pluralista: «En este caso, los problemas ambientales se consideran problemas políticos, en parte basados en conflictos entre diferentes valores, opiniones e intereses. Los estudiantes deberían aprender a reflexionar críticamente sobre la base de los hechos y de los valores».

Es muy significativo que Widding se pregunte: «Cuando se permite el conflicto sobre opiniones y valores, ¿existe un riesgo de relativismo?». Ella espera que no, porque dice: «Creo que cuando los individuos pueden usar su capacidad intelectual para construir y desarrollar argumentos, la posición que eventualmente asumen queda más bien establecida y matizada». Creo que sería apropiado desarrollar más procesos de toma de decisiones para que los estudiantes comprendan realmente cómo el conocimiento científico puede constituir la base y ser incluido en «los procesos de toma de decisiones de la sociedad».

Seriedad y toma de decisiones

Sverker Sörlin, profesor de historia ambiental en el KTH Royal Institute of Technology, abordó el problema del uso del conocimiento y la toma de decisiones. Acababa de asistir a la reunión de la History of Science Society of America en San Francisco, donde había encontrado una de las raras ocasiones en su vida para tener debates de este tipo. ¿Por qué fue esa una experiencia tan positiva? «Creo que el valor de esa conversación se debió al hecho de que las personas que hablaron fueron sinceras». No fue un evento puramente académico: los profesores compartieron sus experiencias y su forma de enfrentar problemas reales a través de sus habilidades. Por ejemplo, las personas que se ven perjudicadas por las prácticas de las compañías farmacéuticas necesitan asesoramiento experto cuando presentan su caso ante el tribunal, pero cuando los profesores expresan su opinión competente, hay intereses políticos que influyen en su carrera universitaria.

Sörlin dice: «Debemos ser lo más honestos y serios posible cuando hablamos de nuestro compromiso con la sostenibilidad y el cambio climático. Estoy totalmente de acuerdo en el hecho que se trata de una cuestión de valores y de relación entre conocimiento y valores. Cualquiera que sea la disciplina con la que estamos tratando, ¡nuestro conocimiento está en juego!». Sörlin habla de John Henry Newman como un punto de referencia indispensable en el campo de la educación superior, y la tarea de formar a la persona humana: «El problema, en cuanto a los expertos, es si se piensan a sí mismos como seres humanos en primero, segundo o tercer lugar: cuando uno se considera en primer lugar experto, puede cometer las más horribles crueldades. Josef Mengele fue el médico de Auschwitz, un experto, pero no un ser humano, cuando condujo experimentos allí. En el campo de la educación superior y de la ciencia, nos enfrentamos a cosas muy peligrosas, y debemos tratarlas con gran responsabilidad».

Reflexionando sobre la historia reciente de la ciencia, Sörlin sostiene que después de la Segunda Guerra Mundial la mayoría de las sociedades tenían una visión estrecha, en la que la ciencia se ponía principalmente al servicio de fines militares, y secundariamente de los industriales. «¿Recordad —dice— la década de los noventa, cuando el lema de la política de investigación era la competitividad? Ciertamente, en este marco también se incluía el desarrollo y muchos otros objetivos, pero el desarrollo sostenible se sometía a esos conceptos generales». «Parecía que todos tuvieran que estar de acuerdo en que el crecimiento económico y la competitividad eran buenas ideas. Pero estos son valores muy primitivos. Algunos miran el crecimiento gradual y esperan lo mejor. No debemos renunciar a estos valores primarios y, si pudiéramos ampliarlos para incluir la sostenibilidad, sería algo bueno. Y esto implica fidelidad a la transformación».

Sobre la libertad de elección, dice: «No niego que se deba ofrecer a los estudiantes, pero ¿cuál es el resultado?». La formación empresarial ha crecido al máximo, y no hay nada intrínsecamente incorrecto en ella. Pero no se han preocupado lo suficiente de nuestras prioridades; no se les ha prestado atención para resolver este tipo de problemas que afrontamos. ¿Qué tipo de prioridades puede establecer la sociedad desde el principio cuando asume su responsabilidad necesaria? «¿Podemos quizás aceptar que es un régimen de política de investigación que formula ciertas prioridades desde el principio y dirige las cosas que hacemos de una mejor manera?».

El lenguaje de la Unión Europea está haciendo frente a algunos de estos desafíos sociales que, junto con las medidas más estrictas para los ODS, pueden influir en las iniciativas sociales y la educación superior, dando forma a las prioridades necesarias. «Existe la misión, dice Sörlin, de enseñar valores y reflexionar sobre ellos, de enseñar los hechos y aprovechar hechos y valores, y reflexionar sobre ellos. Pero también necesitamos tiempo para investigar. Este trabajo de base, entonces, ¿no es responsable? Sí, creo que podemos hacer que este trabajo sea muy responsable».

Las tensiones sobre los valores no desaparecen, y es necesario discutirlos más ampliamente y dictar la agenda de sostenibilidad. Sörlin es optimista y subraya la necesidad de estar convencidos: «Tenemos que expresar nuestras convicciones, hay algunas cosas que no pueden basarse en la ciencia».

Educación y compromiso social global

El jesuita p. Michael J. Garanzini es Secretario de Educación Superior de la Compañía de Jesús y recientemente fue nombrado Canciller de la Loyola University de Chicago. Él habla del trabajo o misión global de los jesuitas y de cómo toda la Compañía de Jesús debería trabajar al unísono. Afirma que la educación debe ser globalizada. Hoy existe una tensión entre ser completamente local e integrado en esa cultura y una educación que no solo se preocupe de contexto local, sino también de la preparación para un mundo que puede convertirse en una experiencia amenazante.

Garanzini dice que «la naturaleza de una universidad es que “nos convertimos” en una universidad, convirtiéndonos en expertos en un campo». Hoy, una universidad está llamada a participar plenamente en esta ciencia colaborativa y «reformadora», aunque esto «vaya en contra de la tendencia natural del mundo académico». Es muy difícil poner a un miembro de la facultad frente a una clase para hablar sobre cosas fuera de su disciplina, pero debe hacerlo. ¿No tiene tal vez una opinión, un punto de vista? ¿Y no ve que hay algo más amplio respecto a la ciencia o la ética que estudia, y que debe conocer?. Cuando se habla de ciencia de la sostenibilidad y del compromiso de resolver los problemas de la sociedad, se requiere una gran responsabilidad e integridad; y se requiere una gran adaptación por parte de todos los sectores, para que puedan confiar y trabajar juntos.

Por otro lado, ¿qué debe hacer una universidad para defender a un profesor que intenta responder a una situación? No hay un sistema de recompensa adecuado para esto. Si uno se involucra en lo social, entonces se dice que se convierte en antropólogo. Pregunta p. Garanzini: «¿Cómo podemos asegurarnos de que la universidad salga de la torre de marfil? Es difícil entrar o salir». En su opinión, esto es parte del desafío de estar con los demás que fue lanzado por el papa Francisco.

La Compañía de Jesús está llamada a revisar la forma en que concibe sus apostolados, escuelas secundarias, universidades, apostolados sociales, y a verlos no como entidades separadas, sino como un todo. Juntos forman la misma misión que constituye un «trabajar» para el mundo, usar la vida intelectual para ayudar a las personas a cambiar sus corazones. Todos nosotros tenemos que pensar en nosotros mismos de manera diferente en relación con los otros apostolados. Tenemos una oportunidad que no hemos aprovechado hasta ahora: trabajar al unísono. Vivimos en un mundo globalizado, y la sostenibilidad es un desafío concreto.

La experiencia del medio ambiente

Mientras el acuerdo de París avanzaba lentamente, hubo un momento de sorpresa cuando Tony de Brum, ministro de Relaciones Exteriores de las Islas Marshall, llamó a una «coalición de gran ambición» (High Ambition Coalition). Si la temperatura aumenta a 2 grados Celsius, las islas Marshall y otras islas estarán debajo del nivel del mar. Por esta razón, pidió un reconocimiento firme del límite de 1,5 grados, un objetivo a largo plazo que presupone la definición de cómo descarbonizar el mundo y la ayuda para los países en vías de desarrollo. La coalición incluye más de 100 miembros, incluida la Unión Europea. En pocas palabras, la puntualidad de una intervención personal puede ser una oportunidad para la creatividad y la expresión de una necesidad reconocida que da esperanza.

Las poblaciones rurales pertenecen a un entorno que les ayuda poco. Conocen aspectos del territorio desde la infancia y, si están marginados o empobrecidos, se ven más directamente afectados por el cambio climático. Su sensibilidad medioambiental es esencial para cualquier acción de recuperación, sostenibilidad de los servicios ecológicos y biodiversidad. Muchas comunidades pasan de sequías a inundaciones, como sucede con la sucesión de el Niño y la Niña. La participación en el gobierno local y una comprensión más profunda de los procesos de governance con respecto a la inclusión de estas comunidades y valores en las operaciones y la planificación son de extrema importancia. Estas comunidades necesitan participar significativamente en la elaboración de los procesos e incorporar las necesidades dentro de los sistemas sociales más amplios; de lo contrario, están abandonadas a la falta de oportunidades y al peso de los riesgos.

Muchas personas ya están convencidas de que los cambios son necesarios, pero día a día deben limitarse a lo que pueden lograr con su sentido de sobriedad. Las «comunidades de práctica»13 pueden compartir un área común para la horticultura, para un plan de «desperdicio cero» o para trabajar todos los días o semanalmente en los comedores de beneficencia para los pobres. Si comparten un conjunto de valores comunes y viven en lo que creen, también están mejor motivados para participar en eventos sociales más amplios y campañas para el cambio, porque comparten una esperanza más profunda y previsora.

Para cambiar el juego del comercio global y la geopolítica, debe cambiar la lógica comercial, volviéndose más relacional y comprometida con la sostenibilidad. El reconocimiento del bien común como valor fundamental debe ser fortalecido, reformulando las políticas públicas, regulando los mercados económicos y financieros y promoviendo empleos decentes.14

La ciencia y la tecnología no pueden tener ninguna influencia si falta el compromiso personal, político y económico. La atención a los valores ayuda a asumir un compromiso social más amplio, lo que hoy falta seriamente para guiar las iniciativas sociales y las decisiones políticas necesarias para permanecer dentro de los límites planetarios. La ciencia puede apoyar más activamente las transformaciones sociales. Los investigadores pueden documentar enfoques efectivos y lecciones que pueden transferirse a otros problemas y contextos.15 Y de ello deriva un terreno común concreto para una mejor comprensión de la necesidad de integrar la ciencia de la sostenibilidad y los valores. Es necesario promover un compromiso de colaboración y la comprensión entre aquellos que se dedican a las ciencias ambientales y aquellos que trabajan con las comunidades locales para apoyar iniciativas en materia de gestión de los recursos, la educación transformacional y un estilo de vida mucho más simple.

La llamada

John Kuylenstierna, director ejecutivo del Stockholm Environment Institute, habla sobre el desafío de ser capaces de «poder comunicar nociones científicas para que sean aplicables». Preocupaciones locales, que tal vez no sean las más cruciales a nivel mundial, están obviamente vinculadas al contexto más amplio de los acontecimientos. Es esta creciente conciencia de lo global en relación con lo local y lo local en comparación con lo global lo que debe animar las iniciativas relacionadas con la sostenibilidad de las personas y de su entorno.

La ciencia ya nos muestra cuáles son los límites de nuestro mundo natural y físico y cuándo se exceden los umbrales de seguridad. Experimentamos estos límites en los entornos en los que vivimos, en las ciudades o en las comunidades rurales, en las regiones árticas, templadas y tropicales.16 La ciencia, por sí sola no ofrecerá soluciones; el objetivo clave para responder a la llamada del equilibrio ambiental implica que se enfrenten juntos nuestros estilos de vida, las prioridades de la sociedad y las desigualdades del mundo.

La transformación requiere conversión. En primer lugar, la conversión es una disposición interior, que nos lleva a recalibrar nuestros valores en la era del Antropoceno: valores que no son simplemente científicos, sino que son parte integral de todos los diferentes componentes humanos. ¿Cómo quiero vivir yo realmente? En segundo lugar, la conversión es profundizar una comprensión más crítica de los procesos de globalización, a fin de responder de manera más adecuada y efectiva en los casos en que las personas son excluidas y explotadas injustamente. Esto significa que la cooperación debe prevalecer sobre la competencia. En tercer lugar, la conversión es el reconocimiento de que el espíritu humano es decisivo para entrenar la mente científica y trascender el yo con un compromiso vital. Esto es seriedad, justicia y espiritualidad: sin ellas es difícil alcanzar la ética y la responsabilidad. En cuarto lugar, para involucrar a los jóvenes, debemos ser fuentes de esperanza, no de condena o de profecías apocalípticas. El miedo al futuro nos recuerda la necesidad de los jóvenes de tener un contexto que suscite esperanza: sin esperanza es difícil empujar a la gente a una acción significativa.

¿Cómo podemos continuar apoyando el diálogo y la colaboración? La participación de las personas interesadas es esencial para diseñar los temas de investigación, ya que el conocimiento resultante está destinado a la comunicación y la realización. Esto requiere la implicación de las comunidades marginadas, para comprender cuál es el cambio significativo para ellas y cómo lo explican través de valores y prácticas culturales renovadas. Los participantes, que provienen de diferentes disciplinas, pueden examinar los desafíos ambientales, junto con la pobreza y la justicia, en el contexto de los valores. ¿Es necesario identificar qué valores se incluyen en la búsqueda de la sostenibilidad a nivel local? Al trabajar con personas interesadas en las comunidades locales, ¿qué valores son esenciales para lograr una transformación concreta? ¿Y cómo puede la ciencia comunicarse de manera efectiva, en una realidad en constante cambio, aprovechando los valores locales?

Las preguntas que surgieron durante el diálogo ilustran estas necesidades. ¿Cómo pueden los investigadores ser capaces de comprometerse éticamente trabajando con las comunidades locales? Si se trabaja con una comunidad indígena en el norte de Suecia, ¿cómo se puede escribir sin imponer percepciones o análisis externos? Si una comunidad no quiere beber el agua clorada suministrada por una empresa de forma gratuita, ¿esto significa que la empresa ha impuesto su standard en lugar de considerar el deseo de la comunidad de beber agua local limpia? ¿Cómo pueden los científicos ser capaces de expresar válidamente sus hallazgos en relación con los valores culturales y sociales en los que están comprometidos?

Y nuevamente, uno se pregunta: ¿cómo evalúa una comunidad el conocimiento de la ciencia sostenible? ¿Cómo lo hace para experimentar la sostenibilidad y lo que en ella tiene valor? ¿Cómo puede promover una mejor gestión del medio ambiente sostenible? ¿Cómo se pueden apoyar los valores tradicionales de la comunidad frente a políticas y poderes económicos y comerciales que parecen darse por sentados?

Las universidades y las instituciones sociales necesitan hacer suyas estas enseñanzas y ampliar el discurso. Luego deben participar en las tres convenciones de la ONU sobre el cambio climático, sobre la biodiversidad y sobre la lucha contra la desertificación. Se debe hacer todo lo posible para vincular y crear oportunidades que conduzcan el proceso hacia una participación más amplia e iniciativas políticas. Las respuestas a estos desafíos aún se deben encontrar en un diálogo adicional y en la colaboración.

 

  1. Cop21: www.unfcccc.int/meetings/paris_nov_2015/session/9057.php
  2. United Nations Framework Convention on Climate Change (Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático)
  3. Sustainable Development Goals: www.un.org/sustainabledevelopment/sustainable-development-goals
  4. Francisco, Laudato si’. Lettera enciclica sulla cura per la casa comune, 24 de mayo de 2015.
  5. S. Kreft, D. Eckstein, L. Junghans, C. Kerestan, U. Hagen, 2015 Global Climate Risk Index 2015: Who Suffers Most From Extreme Weather Events? Weather-related Loss Events in 2013 and 1994 to 2013, en www.germanwatch.org/en/download/10333.pdf/. Los países más afectados en 2013 fueron Filipinas, Camboya e India. El período de 1994 a 2013 vió a Honduras, Myanmar y Haití en los primeros puestos.
  6. National Oceanic and Atmospheric Administration (NOAA), Global Analysis: State of Climate Reports, febrero 2016. National Centers for Environmental Information, en www.ncdc.noaa.gov/sotc/global/201602
  7. www.transformativegovernance.essc.org.ph
  8. Cfr. X. Jeyaraj, «Water security discussion during the Global Earth Summit IV, Kolkata, India», en Ecojesuit, 15 de abril de 2015 (www.ecojesuit.com/water-security-discussion-during-the-global-earth-summit-iv-in-kolkata-india/7805/).
  9. Cfr. Jesuit Africa Social Centers Network, «JESAM Ecology Eater Week 2015: Access to safe drinking water for all», en Ecojesuit, 15 de setiembre de 2015 (www.ecojesuit.com/jesam-ecology-water-week-2015-access-to-safe-drinking-water-for-all/8634/).
  10. Cfr. GIAN (Gloval Ignatian Advocay Network) – Ecology, «Broadening the dialogue for transformative values: attitudes, simplicity and social inclusion», en Ecojesuit, 15 de setiembre de 2015 (www.ecojesuit.com/broadening-the-dialogue-for-transformative-values-attitudes-simplicity-and-social-inclusion/8641); «A call to dialogue on sustainability science and values» en Ecojesuit, 31 de julio de 2015 (www.ecojesuit.com/a-call-to-dialogue-on-sustainability-science-and-values-3/8412/); J.I. Garcia y P. Walpole, «Climate change and the dialogue with values», en Ecojesuit, 15 de setiembre de 2013 (www.ecojesuit.com/climate-change-and-the-dialogue-with-values/5725/).
  11. Cfr. C. Devitt, «Objectivity and urgency driving the Stockholm Dialogue», en Ecojesuit, 30 de noviembre de 2015 (www.ecojesuit.com/objectivity-and-urgncy-dirving-the-stockholm-dialogue/8940); J.I. García, «Seeking a sincere and commited Stockholm Dialogue that deepens and tranforms», in Ecojesuit, 15 de noviembre de 2015 (www.ecojesuit.com/seeking-a-sincere-and-commited-stockholm-dialogue-that-deepens-and-transforms/8899/); Gian-Ecology, «Shifting minds and hearts for a sustainable world: The Stockholm Dialogue on sustainability science and values», en Ecojesuit, 31 de octubre de 2014 (www.ecojesuit.com/shifting-minds-and-hearts-for-a-sustainable-world-the-stockholm-dialogue-on-sustainability-science-and-values/7169/).
  12. Cfr. PH. G. Altbach- L. Reisberg- L.E.Rumbley, Trends in Global Higher Education: Tracking an Academic Revolution. A Report Prepared for the UNESCO 2009 World Conference on Higher Education, p. 24 (www.uis.unesco.org/Library/Documents/trends-global-higher-education-2009-world-conference-en.pdf).
  13. El término «comunidad de práctica» aparece en los inicios de los años noventa del siglo pasado, obra de Étienne Wenger. Las «comunidades de práctica» y de aprendizaje son grupos sociales que tienen el objetivo de producir consciencia organizada y de calidad, en la cual cada miembro tiene libre acceso.
  14. Cfr. «Justice in the Global Economy», en Promotio Iustitiae, n.121, 2016/1, 29.
  15. Cfr. D.M. Hall, «Sustainability science for urban pollinator research and conservation», en Ecojesuit, 15 de enero de 2016 (www.ecojesuit.com/sustainability-science-for-urban-pollinator-research-and-conservation/9135/).
  16. Cfr. www.stockholmdialogue.ecojesuit.com/index.php/category/blogs/page/3/

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